Los ejes comerciales de los barrios de Barcelona resisten a la pandemia

La media de establecimientos cerrados es del 5,5% frente al 25% del centro histórico de la ciudad

Personas de paseo y de compras en el eje comercial de Sant Andreu.
Personas de paseo y de compras en el eje comercial de Sant Andreu.MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)

Los ejes comerciales de los barrios de Barcelona están resistiendo y sobreviviendo mejor que el centro el envite que ha supuesto la pandemia. Si uno de cada cuatro comercios en el casco histórico de Barcelona han bajado la persiana de forma definitiva, en los barrios el promedio es de un 5,5%. Valores como la proximidad, una sensación de mayor de seguridad y evitar desplazamientos y también de defensa del tejido vecinal y del territorio explican esa mejor salud comercial de la periferia frente a un centro que depende, en buena parte, del turismo y de una población que ahora teletrabaja en muchos casos.

Algunos de los ejes que tienen mejor salud y que están resistiendo mejor la crisis son los de Sant Andreu, Creu Coberta, Maragall y Nou Eixample, con un porcentaje de cierres por debajo del 5%. Por contra, ejes como el de Marina, Sagrada Familia, Gran de Gràcia o Sants superan el 10%, según datos de la Fundación Barcelona Comerç que agrupa a 25 ejes de la ciudad.

El panorama comercial de los barrios no tiene nada que ver con la desertización que asola al corazón de Ciutat Vella y la parte más central del Eixample. Es la diferencia de las zonas residenciales frente a las que lo dejaron de ser al girar casi por completo a la actividad turística. Un paseo por la calle Gran de Sant Andreu o por la calle Ferran no tiene nada que ver. En el primero, resulta difícil ver una persiana cerrada. En Ferran ocurre todo lo contrario. “Se ha resistido mejor en los barrios porque, además, hay mucha gente que todavía está teletrabajando por lo que hace vida donde vive. Eso sí, se trata de un consumo mucho más comedido. La gente no sale a pasear o a dar una vuelta como se hacía antes de la pandemia. Se va a comprar más lo que se necesita y no algo que ves y entras y compras. Entre otras cosas, porque hay que respetar el aforo de los comercios y porque el miedo sigue presente”, apunta Alfons Barti, director de la Fundación.

Sin cifras concluyentes sobre la caída del consumo, desde la Fundación apuntan que la media puede situarse en el 20%. “Lo que va a ser determinante es la campaña de Navidad. Si va bien, se seguirá trabajando y aguantando pero si va mal, el cierre de negocios se podría disparar al 20%”, añade Barti. Lo argumenta por el límite de “resistencia” a la crisis y porque muchos comerciantes y restauradores pidieron créditos ICO —algunos ya van por el segundo— y tiraron de ahorros: “Cuando esto empezó se pensó que sería cuestión de tres meses pero está claro que va para más largo”. No todos los alquileres se han negociado a la baja o con aplazamientos, lo que también influye a la hora de aguantar más o menos tiempo. Como también está resultando determinante la expectativa de los negocios y si sus propietarios están o no cercanos a la jubilación.

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Por sectores, los que salen peor parados son los de la restauración y la moda, especialmente en los ejes de Nou Eixample y Cor Eixample. “Parte de la restauración depende, además del turismo, de los que iban a las oficinas a trabajar que comían a mediodía y hacían alguna compra en los comercios en la pausa. Muchos de esos clientes han desaparecido por el teletrabajo o por miedo, como pasa con la gente mayor”, comenta Sergio Moral, presidente del eje Nou Eixample.

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En algunos ejes, como en Sant Andreu, se han cerrado 16 establecimientos y se han abierto siete nuevos, tan dispares como una zapatería, un local de comida para llevar o una tienda para recién nacidos. “Ahora hay más población haciendo vida de barrio por el teletrabajo. Es una zona con bastante estabilidad laboral y muchos pisos ya pagados y eso también se nota”, subraya Pròsper Puig, presidente del eje comercial de Sant Andreu en el que son bastantes los negocios que ocupan un local de propiedad. “Eso también ha ayudado a capear la crisis ya que, por lo menos, no había que pagar alquiler”, añade.

Puig cree, además, que los residentes de los barrios han apreciado en esta crisis de forma especial el comercio de proximidad en un continuo urbano, con diversidad de oferta y al aire libre. “Está claro que ahora se ha puesto en valor y que se ha subrayado el sentimiento de pertenencia a una comunidad”, añade. Un modelo que, históricamente, es el que ha promovido el Ayuntamiento de Barcelona en oposición a los grandes centros comerciales fuera de las ciudades. El consistorio ha realizado una campaña de promoción del comercio de proximidad en los últimos meses para impulsar el consumo local y se había propuesto realizar más actividades del comercio en la calle como una medida a desarrollar entre julio y diciembre. Sin embargo, las jornadas de los comercios en la calle, que se solían realizar con periodicidad mensual en algunos ejes, prácticamente han desaparecido por la complicación que conlleva gestionar el flujo de personas.

El sábado pasado se hizo una en Sarrià con las paradas con dos metros de distancia entre sí y un recorrido de entrada y salida diferente. “Nosotros lo valoramos pero no creo que estemos todavía en un momento de la pandemia para poder hacerlo en Sant Andreu”, afirma Puig. Además de algunas líneas de ayuda económica al pequeño comercio, el Ayuntamiento está trabajando con el sector el desarrollo de un marketplace para fomentar la venta digital de los comercios y promocionar los productos locales y de establecimientos propios de Barcelona. La venta online y otras herramientas digitales tuvo un impulso al inicio de la pandemia, en los meses del estado de alarma, y el propósito es que se afiance y vaya a más.

Luces de Navidad y problemas de movilidad

Una campaña de Navidad sin luces en la calle no es posible. En eso coinciden todos los comerciantes que ya están trabajando en preparar promociones y acciones para atraer al consumidor. “Este año el Ayuntamiento aumenta la subvención a los ejes comerciales al 75% frente al 50% habitual”, explica la concejal de comercio, Montserrat Ballarín. En 2020, además, el consistorio centraliza todo el dispositivo con un proyecto global, desde la elección de la iluminación hasta su colocación. Una iluminación navideña que tendrá “un impacto mayor en toda la zona centro de la ciudad, que es la que está siendo más castigada comercialmente por la falta de turistas”, concreta. Desde la Fundación Barcelona Comerç agradecen al consistorio que aumente la subvención a las luces ya que gran parte del presupuesto de los ejes se destina a la iluminación navideña y sus ingresos también han mermado en la pandemia.

Desde algunos ejes comerciales, como Nou Eixample y Cor Eixample, se critica al consistorio por el impacto que están teniendo algunas de las medidas de pacificación de tráfico y de la movilidad en la zona central. “Hay clientes de algunas actividades comerciales que nos dicen que cada vez es más difícil poder acceder en coche y se ha disparado la demanda de estacionamientos porque se han perdido plazas en la calle. Y si hay más de 40 talleres de coches y motos está claro que los clientes tienen que llegar”, explica Sergio Moral de Nou Eixample.

No hay consenso en ese punto entre los ejes comerciales porque para otros el modelo de pacificación de las calles y el aumento de espacio para el peatón les comporta más ventajas que inconvenientes.

 







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Sobre la firma

Blanca Cia

Redactora de la edición de EL PAÍS de Cataluña, en la que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en diferentes secciones, entre ellas información judicial, local, cultural y política. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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