Crisis del coronavirus

Bronca en Madrid, frialdad en Barcelona

ERC y Junts localizan su pelea en el pleno del Congreso a la vez que ignoran la crisis en el Parlament

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ayer, en su escaño durante la sesión del Congreso
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ayer, en su escaño durante la sesión del CongresoLa Vanguardia/POOL / Europa Press

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts per Catalunya, los dos socios del Gobierno catalán, vivieron este miércoles una nueva jornada de su continua bronca política. Esta vez de una manera muy peculiar. Dos Cámaras —el Congreso de los Diputados en Madrid y el Parlament en Barcelona— y dos actitudes diametralmente distintas. En las Cortes, los portavoces Gabriel Rufián (ERC) y Laura Borràs (JxCat) se lanzaron reproches en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo durante el debate de la prórroga del estado de alarma. En la capital catalana, la frialdad del aquí-no-pasa-nada marcó la sesión.

Los dos partidos independentistas parecen haber optado por convertir el Congreso en su Cámara mala, la tribuna donde concentrar la discusión tóxica de matrimonio mal avenido y en una larga precampaña. La maniobra busca dejar al Govern y el Parlament al margen de sus continuos choques. Pelear en Madrid no desgasta tanto como hacerlo en Barcelona, e históricamente cada cual ha ido a la suya en las Cortes.

Los ánimos entre ambos ya venían cargados desde el fin de semana, cuando ERC hizo público que ayer se abstendría en la última prórroga del estado de alarma. Los republicanos venían de oponerse en dos ocasiones y el cambio lo facilitó un pacto con el Gobierno para, entre otras cosas, garantizar la recuperación de la competencia en Sanidad durante la tercera fase del desconfinamiento y la “cogestión” de los fondos europeos para la pandemia. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la portavoz de Junts en el Congreso, Borràs, no dudaron un segundo en cargar contra el acuerdo, diciendo que no comprometía al Govern.

Tanto Torra como el líder de ERC y vicepresident del Ejecutivo catalán, Pere Aragonès, intentaron el martes dar una imagen de unidad en la primera foto conjunta tras el inicio de la pandemia. Ambos evitaron referirse a la tormenta política y ni siquiera se abordó el espinoso tema del adelanto electoral en Cataluña en la brevísima rueda de prensa posterior a la presentación del comité de expertos que ayudarán a la Generalitat en el escenario post covid-19. Pero el intento de tregua lo rompieron ambas partes. Líderes republicanos como el presidente del Parlament, Roger Torrent, abogaron de nuevo en público por las elecciones. Ayer, en una entrevista en Catalunya Ràdio antes del pleno del Congreso, Torra insistió: “La gente no entenderá la votación de hoy”. Después aceptó que legislatura “no tiene recorrido político” y dijo que convocará las elecciones una vez se haya “encarrilado” la salida de la crisis.

Rufián aprovechó su paso por el atril para cargar contra los ataques de Junts a su acuerdo con el PSOE. “Por ERC habla y decide ERC. Desde Bruselas hasta Martorelles, pasando por el Congreso y el Parlament”, dijo. “No somos la criada de nadie”. Y tocó la fibra que más duele en los neoconvergentes: el pujolismo. “A mí no me consta que Jordi Pujol fuera independentista. Nosotros, sí. O que fuera de izquierdas. Nosotros, sí. Tampoco que hayamos investido a Aznar. Convergència, sí”, apostilló.

Elecciones sin fecha

En su turno de réplica, Borràs, que equiparó a ERC a Ciudadanos por su apoyo en la prórroga, criticó a Rufián por su tono. “Su discurso es innecesario y ofensivo, y mira más al pasado que al presente”, dijo. Junts insiste en querer mostrar a los republicanos como los culpables de que no haya unidad en el independentismo por no compartir su idea de confrontación con el Estado. ERC tendrá que decidir en breve si apoya el suplicatorio de Borràs para que sea procesada por varios delitos de corrupción, algo que sin duda reabriría la herida.

En el Parlament el clima era otro. En la sesión de control a Torra, el presidente del grupo de ERC, Sergi Sabrià, solo aludió a la necesidad de ir a una. “Hemos de hacer que las cosas pasen. Y, en general, pasan mejor trabajando y acordando que no con reproches”, dijo. Torra ni se inmutó.

Ningún grupo sacó a colación el tema de las elecciones, que Torra sigue sin convocar a pesar de haberlo anunciado en enero. Fue el propio president quien mencionó el tema durante su alegato sobre que a Cataluña “le faltan recursos y soberanía”. “¿Por qué no quiero elecciones? Porque quiero tomar decisiones”, justificó.

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