efectos del coronavirus

“El arte es clave para gestionar las dudas que genera la pandemia”

Marko Daniel, director de la Fundación Joan Miró, cree que es una oportunidad para que Barcelona redescubra la importante donación que hizo el pintor a la ciudad en 1975 y la actualidad de su obra

Marko Daniel, director de la Fundación Joan Miró de Barcelona, en la terraza del centro.
Marko Daniel, director de la Fundación Joan Miró de Barcelona, en la terraza del centro.

El director de la Fundación Joan Miró de Barcelona, Marko Daniel (Aquisgrán,1964), es experto en pandemias. Entre 2000 y 2003 vivió en Taiwán en un momento en el que la isla y China sufrieron los efectos del SARS, un virus tan terrible como el de la covid-19. “Todo esto ya lo he vivido antes. El mundo tuvo una gran suerte de que el SARS no se extendiera. En enero, por el contacto con colegas de Taiwán, China, Corea y Japón, supimos que nos esperaban cambios y cuando comenzaron a producirse cancelaciones de visitantes chinos y coreanos para primavera y verano, pensamos que era un tema serio y creamos un comité de crisis para estar preparados”, explica Daniel al teléfono el pasado viernes. Y por eso, prosigue, “nos esforzamos en entrar de lleno en el mundo online al ver lo necesario que sería”. No se equivocó. Ante el avance del coronavirus en España las autoridades sanitarias decretaron el 14 de marzo el estado de alarma y todos los museos cerraron. Desde entonces las personas que visitan la web del centro emplean un 20% de tiempo para navegar por los nuevos contenidos.

MUSEOS ANTE EL CORONAVIRUS

Ahora, sin prisas, prepara la reapertura de la Miró. “Es muy importante que los principales museos de Barcelona nos hayamos puesto de acuerdo en abrir conjuntamente”. Y lo harán a mitad de junio. “Las autoridades tienen que definir el marco legal a partir de la cual podremos abrir y eso está en proceso de cambio permanente, es demasiado dinámico para concretar una fecha. Necesitamos más tiempo para prepararlos con toda la seguridad para trabajadores y visitantes. Mis colegas de Hong Kong y Singapur abrieron y tuvieron que cerrar poco después porque había rebrotes y eso ha sido una experiencia muy dura para ellos. Tenemos que estar absolutamente seguros de que eso no va a pasar aquí”, explica.

Daniel está convencido de la necesidad de los museos en estos momentos: “Son espacios donde la gente no solo va a mirar y entrar en contacto con obras de arte, sino a reflexionar y comprobar las posibilidades que la cultura da de abrirnos a otros mundos. Mirar una obra de arte nos ayuda a entender mejor la complejidad, la incertidumbre y la duda; temas que en estos momentos nos preocupan a todos”, explica con entusiasmo. “Por eso, la OMS recomienda incluir el arte y la cultura en el sistema sanitario al reconocer que visitar un museo tiene un impacto positivo en la salud y el bienestar y el estado de ánimo. El arte proporciona las herramientas para gestionar la incerteza y la duda después de que esta pandemia nos ha demostrado que somos seres frágiles y así poder afrontar el futuro”.

Y pese al éxito de lo virtual es estos días, asegura que "lo digital no puede sustituir el hecho de ver una obra de arte en directo. En momentos críticos tenemos que utilizar todos los instrumentos a nuestro alcance para compartir y comunicar. Hemos aprendido muchas cosas esos días, pero todos estamos hartos de relacionarnos con pantallas y buscamos el contacto con personas y experiencias y eso es lo esencial de una visita a un museo”.

Como ocurre en la Fundación Miró, el magnífico edificio creado, mano a mano, entre el artista y su amigo, el arquitecto Josep Lluís Sert, en 1975. “Al entrar hay factores que afectan a todos los sentidos, una experiencia fenomenológica, que se pierde en una pantalla”.

La escultura 'Mujer sentada y niño' creada por Miró en 1967, envuelta de hierba en estos días en los que la Fundación está cerrada. / M. D.
La escultura 'Mujer sentada y niño' creada por Miró en 1967, envuelta de hierba en estos días en los que la Fundación está cerrada. / M. D.

La Fundación Joan Miro fue el primer equipamiento cultural en presentar un ERTE. A los 10 días de cerrar y afectó a los 57 trabajadores de la plantilla, director incluido. “Estamos desafectando parcialmente a las personas a medida que son necesarios para poder reabrir y se irán reincorporando de forma paulatina. Es una situación muy difícil porque es un problema económico a todos los niveles, personal de cada trabajador, a escala de la fundación que ha visto reducir los ingresos de forma radical y a nivel global; no se puede pasar una frontera y ya estás libre de los efectos del virus”.

La Miró es una fundación privada que se autofinancia en un 80% (7,5 millones de presupuesto en 2020) a partir de las entradas del público; el resto son aportaciones del Ayuntamiento, Generalitat y Ministerio. Y eso, a pesar de que el artista cedió en 1975 a Barcelona su colección de obras que convierten a este centro en único en el mundo. En 2019 el centro, para hacer frente a los números rojos, despidió a siete de sus trabajadores.

“La autofinanciación ha sido una virtud, pero ahora requiere medidas radicales con una visión a escala más alta. Estamos trabajando con todos los organismos que nos puedan ayudar. Es un reto muy grande en este momento en el que la sociedad tiene que reflexionar sobre el valor que tiene el patrimonio cultural y cómo quiere garantizarlo. Hasta ahora se ha hecho gracias a los visitantes, pero ahora tendremos que seguir conservándolo. Hay que aprovechar esta crisis para mejorar; porque sería difícil continuar con la situación tan precaria en la que se ha vivido. Necesitamos un mayor nivel de apoyo público para garantizar nuestro patrimonio y darle visibilidad. Me entristece tener que justificar la importancia de un acto de generosidad como el que tuvo Joan Miró con su ciudad”, sentencia.

Quizá el momento es una oportunidad para que la ciudad redescubra un centro como la Fundación Miró. “Desde mi llegada en 2018 los visitantes locales han pasado del 20 al 25%. Esta situación nos permitirá explicar mejor porque estamos donde estamos, quién es Miró y porque tiene interés hoy. Tenemos que trabajar estos cambios y ofrecer experiencias diferentes con una visión nueva de la colección y la obra de Miró. Es una oportunidad para poder acabar estando en el imaginario de los barceloneses”, reconoce.

Antes de cerrar tenían a punto la muestra dedicada a la artista india Nalini Malani, último Premio Joan Miró. “Está todo a punto. Se prorrogará, como la de Antoni Llena y la del Espai 13 y se ampliará el calendario previsto. No se aplaza nada”.

Tríptico 'La esperanza del condenado a muerte', una serie de tres pinturas realizadas por Miró el 1974.
Tríptico 'La esperanza del condenado a muerte', una serie de tres pinturas realizadas por Miró el 1974.EFE

Daniel ha recorrido estos días su centro, y ha comprobado cómo ha cambiado. “La naturaleza ha crecido mucho y es algo mágico ver como envuelve obras, como la silla de metal pintada de colores que está en uno de los patios o cómo se cuela en las salas el canto de los pájaros. La banda sonora ha cambiado, la relación con el entorno es diferente, pero tiene mucho que ver con la relación que Miró tenía con la naturaleza y la llevaba a sus obras”.

El director cree que “en la medida que todos hemos cambiado por el confinamiento nuestra manera de ver sus obras también han cambiado”. Daniel no quiere especular en cómo habría vivido Miró esta pandemia: “El vivió todas las grandes crisis del siglo XX, las guerras mundiales, la gripe de 1918, la guerra civil, la transición y muchas de sus obras, de una forma muy personal, reflejan estos momentos; el era capaz de procesar esos imputs en creatividad pura”.

Y concluye: “Comenzamos 2020 bien; continuando con el crecimiento de un 3% de 2019 y con perspectivas de patrocinio y proyectos muy interesantes, incluso de largo recorrido, con miras a 2025, cuando se cumplen los 50 años del centro. Pero la situación se ha convertido en un nuevo reto”, que ilustra con el mito de Sísifo, condenado a empujar una piedra, una y otra vez. “Sísifo no decidió abandonar la tarea y mirar Netflix; sino continuar con lo que tenía que hacer. Cuando Miró en 1974 realizó el tríptico La esperanza del condenado a muerte, vivía una situación muy complicada; tenía más de 80 años, y posiblemente también se refería a él, que se sentía condenado a morir; pero lejos de ser un momento de depresión y tristeza, mantuvo su compromiso. Y esta es la situación en la que nos encontramos ahora mismo”.

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