Ir al contenido
_
_
_
_

El Congreso desclasifica ahora 20 documentos del 23-F ya conocidos

Entre el material figura el acta del pleno secreto, gráficos de los daños de las 37 balas disparadas y el listado de todo lo que los asaltantes consumieron en el bar

El teniente coronel Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados durante la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.MANUEL P. BARRIOPEDRO ((EPA) EFE)

El Congreso de los Diputados ha puesto a disposición pública la veintena de documentos relacionados con el golpe del 23 de febrero de 1981 que guardaba en sus archivos y que estaban catalogados aún como secretos a pesar de que su contenido ya había sido difundido por la prensa hace años. El Parlamento se ha sumado así a la disposición publicada el 24 de febrero de este año en el BOE tras el acuerdo del Consejo de Ministros de desclasificar todos los papeles reservados en poder de cuatro ministerios sobre la intentona golpista. Entre el material disponible, al que ha tenido acceso EL PAÍS, figura el acta del pleno secreto que se convocó en el Congreso 24 días después del intento golpista, los informes de los secretarios de aquella Mesa de la Cámara, las notas internas que reflejan la tensión entre mandos y agentes de la Policía y de la Guardia Civil, y los balances de la Intendencia con todos los gastos de la comida, bebida y tabaco que se consumieron aquellas largas horas en las que la democracia estuvo seriamente en peligro.

El 17 de marzo de 1981, 24 días después del golpe del 23-F, el Congreso de los Diputados celebró un pleno secreto, algo inédito y extraordinario. Empezó a las 16.50 horas, tras una sesión normal en la que el entonces ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, informó sobre una reforma judicial. La prensa montó en cólera ante el cerrojazo, porque los diputados se encerraron en el hemiciclo en solitario, sin periodistas, ni cámaras. La Junta de Portavoces, aún con la resaca de la conmoción de lo ocurrido tras la entrada pistola en mano del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero unas semanas antes, había acordado por mayoría, pese a la oposición de socialistas y comunistas, la celebración de ese plenario tan especial y reservado para que el ministro de Defensa, Alberto Oliart, informase de todo lo que supiese.

El pleno secreto del 23-F duró algo más de una hora y al día siguiente EL PAÍS publicó íntegro el discurso del ministro, por lo que recibió llamadas, presiones y quejas de Defensa y de la Secretaría de Información. Aquella intervención de Oliart, con un relato ordenado y cronológico de los principales hitos que llevaron al golpe, desde los preparativos y hasta el pormenor de todo lo registrado ya en el Congreso entre el 23 y el 24-F, figura en el acta taquigráfica ahora desclasificada, y a la que ha tenido acceso este diario tras solicitarla oficialmente a los servicios de archivo de la Cámara.

El acta del pleno secreto del 23-F contiene las 64 páginas con el relato pormenorizado de Oliart, en el que se confirma que el teniente general Jaime Milans del Bosch, utilizando el nombre del rey Juan Carlos, ultimó los preparativos de la asonada en la mañana del domingo 22 de febrero, la situación en las distintas divisiones militares implicadas y la participación en los tejemanejes de la conspiración del general Alfonso Armada. En el acta están también las 26 páginas con las intervenciones breves de los portavoces de algunos grupos exigiendo algunas aclaraciones, como hizo el entonces líder del PSOE y de la oposición, Felipe González.

En el catálogo de documentos secretos del Congreso que ya se pueden consultar, figura el interrogatorio judicial al presidente de las Cortes en aquel momento, Landelino Lavilla, con el objetivo de ratificar qué frases le escuchó o no a Tejero y si le encañonó (dice que no); las actas que dan fe de cómo vivieron el suceso los cuatro secretarios de la Mesa de la Cámara, entre ellos el socialista José Bono, que luego llegó a ser presidente del Congreso; la relación de los diputados presentes; o las notas manuscritas y tachadas de los que se sintieron indispuestos y requirieron tratamiento médico.

El golpe duró muchas horas, hasta la madrugada, y los secretarios reflejan desde la preocupación por los posibles cortes de luz; el temor a que Tejero ordenara disparar y, en ese caso, la posibilidad de que se incendiaran los materiales de madera; el momento en el que un Manuel Fraga desbocado se abrió la chaqueta y retó a que le ametrallasen o el libro de poesía del arquitecto modernista Rafael Maso que le prohibieron seguir leyendo al diputado Lluís Maria de Puig.

Entre el material desclasificado ahora, tras muchas reclamaciones de historiadores y partidos como el PNV, se encuentra el recuento detallado del secretario del servicio de intendencia del Congreso, realizado cinco días después del golpe, con todo lo que los militares y guardias civiles que tomaron las instalaciones consumieron en las cafeterías y bares de la Cámara. En bebidas ingirieron 106.672 pesetas (641 euros) y en cocina, 93.343 (561 euros), según los cálculos de la empresa La Boucade, que gestionaba esos servicios. Dejaron en propinas entre 4.000 y 5.000 pesetas (entre 24 y 30 euros) y se fumaron 58.400 pesetas (351 euros) en tabaco. El desglose refleja las preferencias de los asaltantes por la naranja, la leche, 22 botellas de distintas marcas de whiskys, 35 de los refrescos Bitter Kas y Cinzano, 15 de champagne y cuatro de la marca Moët & Chandon, pero también su querencia por el bonito en escabeche y los espárragos.

El intendente y el arquitecto conservador se encargaron de elaborar para el secretario general de la Cámara, 10 meses más tarde, los albaranes con el coste de los daños y desperfectos provocados por las 37 balas disparadas, 14 de ellas bien identificadas en el techo del hemiciclo y que siguen siendo el foco de interés para las numerosas visitas que registra actualmente la Cámara. Se tuvieron que presupuestar 1.057.280 pesetas de aquellos años (6.354 euros) para las obras de reparación.

Una parte menos conocida del golpe tiene que ver con cómo fue la entrada de los guardias y su relación con los cuerpos de seguridad que custodiaban aquella tarde las instalaciones de las Cortes. Entre los documentos ahora desclasificados hay notas informativas del comisario jefe y del teniente del Cuerpo Nacional de Policía, Pedro Contreras Martín, a cuyo cargo estaban los policías uniformados que custodiaban el exterior. Su contenido detalla, en primer lugar, que había pocos efectivos en el recinto, para luego reflejar momentos de tensión, algunos tiros intimidatorios, y que los agentes fueron desarmados y amenazados, pero también que no pudieron oponer gran resistencia. El comisario jefe concluye: “Debido al gran número de efectivos con que contaban los asaltantes, en muy breves instantes se apoderaron de toda la planta noble del Palacio, y en todo momento mantuvieron sus armas en posición de disparo”.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_