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El alineamiento incondicional con Trump y Netanyahu provoca tensiones crecientes en Vox

El partido ultra consuma la expulsión de Ortega Smith y dos concejales críticos y se queda con solo dos ediles en el Ayuntamiento de Madrid

El líder de Vox, Santiago Abascal, y el presidente de EE UU, Donald Trump, en febrero de 2024 en Washington..

La alianza incondicional con el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, está generando tensiones crecientes en el seno de Vox. Si el pasado lunes el secretario general de la formación, Ignacio Garriga, evitó salir en defensa del papa León XIV frente a la críticas de Trump —“de las declaraciones que pueda hacer un presidente sobre el Santo Padre o el secretario general de la ONU no voy a hacer ninguna valoración”, dijo—, la portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, no ha podido eludir este miércoles los ataques contra la italiana Giorgia Meloni. De “incomprensibles” ha tachado las palabras del mandatario estadounidense, quien descalificó a la primera ministra italiana por no prestarle suficiente apoyo en su guerra contra Irán. “Pensaba que tenía valor, pero me equivoqué”, dijo el martes el inquilino de la Casa Blanca de quien era una de sus mejores aliadas en Europa. “Meloni, que es nuestra aliada y amiga, es una de las políticas más valientes que hay en todo el mundo y lo ha demostrado”, ha respondido Millán. “Las naciones”, ha añadido, “tienen derecho a defender su soberanía, es el deber de todos los presidentes de cualquier gobierno occidental que se precie”. Aunque no ha sido igual de contundente en la defensa del Papa, ha añadido que su misión y la de la Iglesia “no es la de someterse a ningún político y los políticos tampoco tienen por qué controlarlos”.

De momento, el líder de Vox, Santiago Abascal, guarda silencio, pero en fuentes de Vox no ocultan su incomodidad, ya que, aunque abandonó en 2024 el grupo de los conservadores y reformistas europeos (ECR) que lidera Meloni, ha intentado salvaguardar su amistad con la primera ministra italiana, de la que presume. El pasado 3 de enero, el líder de Vox recibió en su domicilio familiar a Meloni, que acudió a Madrid en visita privada.

El enfrentamiento entre Trump y Meloni se produce además en el peor momento para Vox, que acaba de ver cómo su principal aliado internacional, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, perdía el poder en las elecciones del pasado domingo tras 16 años en el cargo. Con Orbán, Abascal ha perdido también un importante mentor que le ha facilitado apoyo financiero para afrontar las últimas citas electorales.

La negativa de Meloni a apoyar la campaña de Estados Unidos e Israel contra Irán, de forma similar a como ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez al negarle el uso de las bases de Rota y Morón, ha puesto además en evidencia el alineamiento de Vox con el eje Washington-Tel Aviv en una guerra que la opinión pública española rechaza abrumadoramente. El apoyo incondicional a Netanyahu está generando malestar en las bases de Vox y ha sido denunciado por algunos de sus exdirigentes, como la exdiputada y concejala madrileña Carla Toscano o el exvicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo, que han sugerido que puede haber intereses económicos tras esta postura. El silencio ante las amenazas de Netanyahu a España o los ataques del Ejército israelí a los casos azules españoles en el sur del Líbano, incluida la detención ilegal de uno de los militares, han llevado al límite las contradicciones de un partido que se autodefine como patriota, exalta a las Fuerzas Armadas y ha llenado sus listas de generales retirados.

Para Vox es fundamental mantener una buena relación con Meloni y no solo porque es la política de ultraderecha con más poder en Europa. También por la necesidad de neutralizar cualquier intento de crear en España un nuevo partido que ocupe el espacio que representa Hermanos de Italia en su país: entre Forza Italia (socio del PP) y la Liga (socio de Vox).

El grupo ECR, que lidera Meloni, ha acogido en su seno a los dos eurodiputados de Se Acabó la Fiesta (SALF) que rompieron con Alvise Pérez, pero no tiene socio en España de cara a las elecciones europeas de 2029. La purga interna en Vox ha dejado huérfanos políticamente a un puñado de exdirigentes del partido ―de Iván Espinosa de los Monteros a Javier Ortega Smith, entre otros muchos― que podrían buscar amparo bajo el paraguas de Meloni y representar en España una oferta política ultraconservadora en lo moral y ultraliberal en lo económico, pero atlantista y europeísta, dos principios que a su juicio ha dejado de lado Vox.

Este jueves se ha conocido precisamente que el Comité Ejecutivo Nacional de Vox (CEN) ha rechazado los recursos de alzada presentados por el propio Ortega Smith y por sus compañeros en el Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano e Ignacio Ansaldo ―que tiene el carné número 1 de afiliado de la formación ultra, a la que inscribió en 2013 en el registro del Ministerio del Interior― contra su expulsión del partido.

Una vez consumado el proceso disciplinario, la única vía que queda a los díscolos es recurrir a los tribunales, algo que Ortega Smith ya ha anunciado que piensa hacer. Mientras tanto, según las fuentes consultadas, los tres concejales pasarán a ser no adscritos y Vox se quedará con solo dos ediles en el Ayuntamiento de la capital. Ortega, que también es diputado en el Congreso, podría pasar al Grupo Mixto si Vox decidiera expulsarle del grupo. Lo que ha dejado claro es que no piensa renunciar ni al acta de concejal ni al escaño.

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