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La crónica | El rey que no quiere volver como ciudadano

Gobierno y oposición tienen un nuevo frente: el regreso del emérito. La Moncloa apoya a Felipe VI: don Juan Carlos tiene que aceptar vivir en una residencia privada y pagar impuestos como todos

Las claves de la vuelta de Juan Carlos I
El rey Felipe VI y su padre, Juan Carlos I, en el funeral en Londres por Constantino de Grecia. Foto: Casa de S.M el Rey (Casa de S.M el Rey/EFE) | Vídeo: EPV

No estaba previsto. El Gobierno decidió desclasificar los documentos secretos del 23F, que finalmente fueron muy decepcionantes para la mayoría de los expertos, por varios motivos. Sobre todo porque Javier Cercas, una persona muy influyente en el mundo progresista y el gran cronista de ese golpe, se lo había pedido en público al presidente del Gobierno. Y también para marcar la agenda con algún asunto diferente a los habituales, con algo que saque a la política del bucle tóxico habitual. Pero en ningún momento los estrategas de La Moncloa pensaron que esa decisión, que ahora ven como un acierto completo –“hemos tenido la mejor semana política en mucho tiempo, al fin se habla de contenido”, se relajaba un ministro estos días- tendría como consecuencia un debate intenso sobre el regreso del rey Juan Carlos a España, promovido por el PP y buena parte de la derecha.

El giro inesperado de los acontecimientos ha sido completo. Y ha terminado con dos bloques: en un lado, el PP con buena parte de la derecha y la ultraderecha, apoyando a don Juan Carlos sin matices. El mensaje es claro: que vuelva ya a vivir en España sus últimos años y que su papel en el 23F borre sus “errores”, tal como definió Alberto Núñez Feijóo a los escándalos que incluyeron 100 millones de dólares ocultos al fisco en Suiza y otros 8 de pagos en especie irregulares en España.

Nosotros nos quedamos con Felipe VI y Feijóo, con Juan Carlos I. Está genial ese reparto. Suerte con eso”, bromean en en el Ejecutivo

Y en el otro bloque, el Gobierno y la Casa del Rey, unidos en esto, con un mensaje también rotundo: si quiere volver, será con dos condiciones: tiene que tener residencia fiscal en España, y por tanto declarar todos sus ingresos y aclarar el origen y la dimensión de su fortuna opaca; y tiene que vivir en un espacio privado, no en La Zarzuela, pagada con dinero público y, además, residencia del jefe del Estado. Es una cuestión de ejemplaridad: no puede vivir del dinero público un hombre que ha defraudado enormes cantidades a Hacienda, aunque finalmente no pudo ser procesado por su inviolabilidad.

El PP ha querido trasladar que es el Gobierno el que impide que el emérito vuelva a España. Pero la propia Casa del Rey se ha encargado de desmentir esa idea: es el propio Felipe VI el que pone condiciones a su padre porque él es el más perjudicado por la mala imagen que arrastra Juan Carlos I desde que se conocieron sus escándalos. De hecho, la salida del emérito de España, según diversas fuentes políticas, fue una operación coordinada entre La Zarzuela y La Moncloa para salvar la imagen de Felipe VI, que estuvo a punto de verse arrastrada por la de su padre cuando se supo que su nombre estaba como beneficiario de una fundación que ocultaba esa fortuna opaca. Por eso el rey dijo públicamente que renunciaba a cualquier derecho de herencia sobre esa fortuna de su padre.

Y este sigue siendo el problema de fondo: el dinero. El rey Juan Carlos, según todas las fuentes consultadas que conocen los mensajes que va trasladando el emérito, no quiere volver como un ciudadano más. “Quiere volver a vivir a La Zarzuela y residir fiscalmente fuera para poder mantener oculta su fortuna. Es un rey que no quiere vivir como un ciudadano más, con las mismas normas de todos. Y eso no puede ser”, señala un miembro del Gobierno.

La cuestión se habría convertido en una batalla más entre el Gobierno y el PP, si no fuera porque esta vez está en el medio la monarquía y el propio Felipe VI, que sabe que tiene en la crisis desatada por su padre el asunto más delicado de su reinado. En el Ejecutivo están desconcertados con Feijóo, que creen que ha metido en un problema al rey, obligado a dar explicaciones de por qué no ha regresado aún su padre. En algunos círculos conservadores, y sobre todo ultraderechistas, estos días había muchas críticas contra Felipe VI por no facilitar el regreso de don Juan Carlos. Y en La Moncloa culpan a Feijóo de esta deriva. “¡Pero cómo se puede ser tan torpe! ¡Feijóo pisa todos los charcos! La Casa Real ha sido muy clara. Don Juan Carlos tiene que pagar impuestos en España, como todo hijo de vecino, y tener su residencia en un lugar no oficial. Este es un país serio y la Agencia Tributaria hay que respetarla”, sentencian al máximo nivel del Gobierno.

Mientras, desde el PP insisten en que ellos no se meten en las condiciones que le pone la Casa del Rey a don Juan Carlos para volver. Y están convencidos de que han acertado al abrir el debate. “Nosotros no entramos en particularidades. Pero sí pensamos que como país podemos permitirnos el regreso del rey Juan Carlos para que pase en España los últimos años de su vida. Creemos que hemos representado el sentir del 100% de nuestro electorado y de buena parte del electorado de Vox e incluso de una parte del PSOE”, señalan desde la cúpula de Alberto Núñez Feijóo.

Estas dos visiones dejan clara una nueva grieta en la política española. Y una especie de batalla entre reyes, en los que unos se acercan más al emérito y otros más a su hijo. Obviamente el PP nunca va a chocar directamente con Felipe VI, al que siempre defiende públicamente, pero lo cierto es que la propia apertura del debate coloca en una posición difícil al monarca, obligado a explicar qué condiciones está poniendo a su padre si quiere regresar.

Un ministro cree que es un grave error de Feijóo colocarse en este debate del lado del rey que tuvo que abdicar y después salir de España ante el reguero de escándalos que dejaron sus últimos años, y no de su hijo, que se vio obligado a cortarle la asignación, sacarlo de La Zarzuela y dejarlo fuera de todos los actos oficiales, incluido el 50º aniversario de su coronación, para tratar de salvar a la institución. “Si el PP quiere quedarse con Juan Carlos I, adelante, nosotros nos quedamos en esto con Felipe VI. Suerte con eso, Feijóo, es un reparto genial para nosotros. La figura del rey emérito no puede estar más hundida con todo lo que hizo, y la que está muy bien es la de su hijo, entre otras cosas porque cortó con el padre. Que tuviera un buen papel en el 23F no borra en absoluto todo lo que hizo después. No se fue de España por el 23F sino por su fortuna en Suiza”, resume este ministro. Las tensiones entre La Zarzuela y La Moncloa, que han sido varias en los últimos meses por otros asuntos como el viaje a Paiporta, quedan así atrás y en este tema parece haber sintonía total

El PP, por el contrario, cree que la opinión pública está cambiando, y que cada vez hay más gente que cree que don Juan Carlos debería volver y que hay que dejar atrás los escándalos que protagonizó. Puede parecer un debate sin gran trascendencia, porque en realidad las decisiones importantes ya se tomaron: la abdicación y la ruptura clara de Felipe VI con su padre, con las dos cuestiones más simbólicas: lo echó de La Zarzuela ―o al menos le invitó a irse― y le quitó la asignación. Pero también saca a relucir algo de fondo que ya se ha visto otras veces: las tensiones de un sector de la derecha extrema con el propio Felipe VI, al que en alguna ocasión han apodado “Felpudo VI” porque, dicen, es demasiado complaciente con Sánchez. El PP está convencido en cualquier caso de haber acertado. Y el Gobierno parece muy cómodo en estos debates, lejos de la toxicidad habitual. La cruda realidad de la política española no tardará en volver. De hecho, esta semana el Ejecutivo ha vuelto a perder dos votaciones importantes y crece la tensión con Junts, cada vez más instalada en el bloque de PP y Vox que tumba todas las iniciativas progresistas. Y en el horizonte inmediato están nuevas elecciones, nuevas posibles derrotas, y la necesidad de tomar una decisión con la presentación o no de los Presupuestos. Pero de momento, el Ejecutivo disfruta del efímero pero agradable aire político que dan los debates nuevos.

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