Mazón se desmiente a sí mismo: relato de las contradicciones del presidente valenciano desde el día de la dana
La investigación judicial por la gestión de la tragedia fuerza al dirigente popular a revelar datos que no había facilitado hasta ahora
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El presidente valenciano, Carlos Mazón, ha ido cambiando su relato exculpatorio desde la catástrofe de la dana, que se cobró 224 vidas y dejó tres desaparecidos en la Comunidad. 120 días después de la catástrofe, el dirigente popular ha dado, por fin, una hora de llegada al Cecopi (Centro de Coordinación Operativa Integrado), desde donde se gestionaba la respuesta a la emergencia: las 20.28, es decir, 17 minutos después de la activación del sistema ES Alert, un mensaje masivo a los móviles de la población afectada que, como relataron varios alcaldes de los municipios arrasados, llegó cuando ya tenían “el agua al cuello”. Esta es la cronología de hechos y de diferentes versiones ofrecidas por Mazón desde el pasado 29 de octubre hasta ahora, cuando una jueza de Catarroja investiga penalmente la gestión de la riada.
Comida en El Ventorro y llegada al Cecopi
La agenda oficial del presidente valenciano el día de la dana incluía: a las 9.00, el pleno del Consell; a las 10.45, la asistencia al acto de recepción del certificado Aenor a la comunidad; a las 12.30, la presentación de la estrategia de Salud Digital y a las 13.45; una reunión con la patronal y los sindicatos para abordar los próximos presupuestos. El portal de transparencia de la Generalitat sigue sin incluir lo que ocupó buena parte de su tarde el día de la catástrofe: una comida en un restaurante. La primera vez que Mazón se refirió a ella fue el 7 de noviembre y aseguró que se trataba de un almuerzo “de trabajo”. Previamente, su equipo había trasladado que era una reunión “de carácter privado”. El silencio de esos días, justificó, obedecía a que “nadie” le había preguntado. Cuando los medios, no Mazón, revelaron que ese encuentro había tenido lugar en el restaurante El Ventorro con una periodista, el presidente aseguró que había acudido en calidad de dirigente del PP, no como máximo responsable del Gobierno valenciano. Según el relato del entorno de la periodista con la que comió, Mazón le ofreció la dirección de la cadena autonómica À Punt, que ella rechazó, y “en ningún momento transmitió la sensación de que estaba pasando algo”. En ese tiempo, ya se habían producido espectaculares rescates de los bomberos a vehículos arrastrados por la riada y el 112 recibía numerosas llamadas de vecinos pidiendo auxilio.
En su comparecencia en las Cortes valencianas el pasado 15 de noviembre, Mazón se limitó a decir que si no había llegado antes al Cecopi, reunido desde las 17.00 el día de la dana, fue porque el trayecto “no fue fácil, ya que había mucho tráfico”. El pasado 7 de febrero aseguró que “a media tarde” ya estaba en el centro desde el que se coordinaba la emergencia. Este miércoles ha asegurado que lo pisó por primera vez “a las 20.28″, es decir, después de las 20.11, cuando se envió -ya tarde- la alerta masiva a móviles pidiendo a los ciudadanos que evitaran desplazamientos.
Las llamadas
Una vez destapado que en el día de la peor catástrofe natural en la Comunidad Valenciana su presidente había comido durante unas tres horas con una periodista en calidad de líder regional de un partido político, y no como representante de todos los valencianos, Mazón y su equipo centraron su estrategia de defensa en asegurar que había estado “permanentemente comunicado” y al tanto de lo que ocurría en su comunidad. Sin embargo, la entonces ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, aseguró que ese día le costó “cuatro llamadas”, entre las 19.30 y las 20.00, contactar con él . El 8 de noviembre, Mazón tuiteó: “Basta de manipulaciones. Este SMS, a las 20.20, después de enviar la alerta y sin cobertura en el Cecopi. Esto es lo que ocurrió”. Pero él mismo ha dicho este miércoles que no llegó a centro hasta las 20.28. El 9 de noviembre, preguntado por esos intentos de la ministra de hablar con él, aseguró que no habían sido antes de las ocho de la tarde, pero añadió que en el centro de coordinación de la emergencia “no había cobertura” y que podía tener “alguna llamada perdida”.
🔴 Mazón retrau a Ribera que es va posar en contacte amb ell passades les 20:00 h de dimarts
— À Punt NTC (@apuntnoticies) November 9, 2024
En una declaració en exclusiva per a À Punt, el cap del Consell ha confirmat que es trobava en un dinar “per a parlar del futur de la televisió” autonòmica
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Basta de manipulaciones.
— Carlos Mazón (@carlos_mazon_) November 8, 2024
Este SMS, a las 20:20h después de enviar la alerta y sin cobertura en el CECOPI.
Eso es lo que ocurrió. https://t.co/UYJ16JlPOa pic.twitter.com/VtX36bENTU
Cuando los socialistas valencianos registraron una pregunta por el registro de llamadas de Mazón ese día, el secretario autonómico de Transparencia, Santiago Lumbreras, respondió que no era posible porque “la compañía prestataria de los servicios y suministros asociados al servicio de voz y de comunicaciones móviles a la administración de la Generalitat no emite facturas individuales por cada uno de los teléfonos fijos y móviles”. La empresa ha hecho ese procedimiento en otras ocasiones, pero en todo caso, Mazón disponía en su propio teléfono de ese registro de llamadas hechas, recibidas y perdidas. Después de negarse a facilitar esa información, el presidente valenciano, en un desayuno informativo en Madrid el pasado lunes, enumeró “16 llamadas” hechas o recibidas desde que comenzó el Cecopi, a las cinco de la tarde, “y hasta las 20 horas”.
”A las 17.37″, relató, leyendo un papel que llevaba escrito, “hablé con la consellera de emergencias, con la que volví a hablar a las 18.16, a las 18.25, a las 18.30 y a las 19.43; A las 18.48, con el director general de comunicación de la Generalitat; A las 18.57, dos veces, con el síndic del PP que estaba haciendo ronda de preparación e información sobre pueblos; a las 19.34 con el secretario autonómico de infraestructuras; a las 19.43, con la directora general de la secretaría del gabinete; a las 19.44, con la directora general de organización y coordinación de Presidencia; con el presidente de la Diputación de Valencia, presente en el Cecopi desde las cinco, varias llamadas de whatsapp a las 17.46, a las 18.25 y a las 18.27; con el alcalde de Cullera a las 18.28 y le pregunté cómo estaban las lluvias en su municipio”.
El presidente de la Diputación de Valencia, Vicente Mompó, del PP, urgió a mandar la alerta masiva a móviles el día de la dana: “¡Mandadla de una puta vez!”. Uno de los autos de la jueza que instruye la causa por la gestión de la catástrofe dice: “Constituye una constante en las declaraciones de los familiares y testigos la constatación del aviso notablemente tardío, el consejo de evitar desplazamientos en la [...] alerta fue a las 20.11, y errado en su contenido, muchas de las víctimas fallecieron sin poder salir de la planta baja de su domicilio, al bajar al garaje, o simplemente por encontrarse en la vía pública. En definitiva, los daños materiales no se podían evitar, las muertes sí””. En ese registro leído por Mazón no aparece en ningún momento el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que tampoco acudió a escuchar al presidente valenciano en el acto de este lunes.
El envío de recursos por parte del Gobierno central
“La coordinación con el presidente del Gobierno y con el ministro [del Interior, Fernando Grande] Marlaska es muy buena. Yo no hago más que pedir más efectivos conforme a la radiografía de las necesidades va creciendo”, declaró Mazón el 1 de noviembre. “Cada petición de militares y otros refuerzos ha ido fundamentada por el mando operativo de la emergencia. (…) Los voy a seguir exigiendo. Espero que el Gobierno de España esté a la altura, como hasta ahora ha estado”, añadió al día siguiente. El nivel de emergencia 2, como admitió el propio presidente valenciano este lunes, no afectaba a la disposición de recursos, sino a quien dirigía el operativo, es decir, la Generalitat, que era la institución que solicitaba, como él mismo explicaba en noviembre, lo que necesitaba. Sin embargo, en el desayuno informativo este lunes aseguró que el Gobierno central “retrasó las ayudas” y “escatimó el envío de militares” porque los recursos “se asignaban en relación a cuánto creían que iban a ayudar o perjudicar a la Generalitat” y para “debilitar al rival político”.
La delegada del Gobierno en la Comunidad llamó tres veces el día de la dana (a las 12.23, las 12.48 y las 14.00) a la consejera de Justicia e Interior de la Generalitat, Salomé Pradas, responsable de Emergencias, para ofrecerle medios ante el agravamiento de la situación. Pradas los rechazó. La Generalitat también renunció, en un principio, a la ayuda que le brindaban administraciones del mismo color político, como el equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (Ericam), que se ofreció entonces a acercarse por si finalmente los necesitaban, como así fue. Minutos después de las dos de la tarde, Pradas sí aceptó la ayuda del Ejército, pero solo para Utiel. Tras la catástrofe, la consejera negó tales ofrecimientos por parte de la delegada del Gobierno, pero unas imágenes captadas por TVE de una reunión con su equipo la desmienten porque hablaba, precisamente, de ese ofrecimiento: “La UME se ha puesto a disposición de poder desplazarse aquí”. A las 7.47 de la mañana, el teniente general Javier Marcos, al mando de la UME, ya había ordenado suspender todas las actividades programadas por el Batallón de Intervención en Emergencias III, con base en Bétera (Valencia) y preparar material por si fuera necesaria su salida urgente. A las 15.29, el centro de coordinación de Emergencias hizo la solicitud formal de presencia de la UME en Utiel-Requena, pero lo hizo mal: pidió “desmovilización” en lugar de “movilización”. Advertidos del error, enviaron un nuevo formulario a las 15.41. A esa hora, en aplicación del despliegue adelantado, el general Marcos ordenó el envío de una patrulla de reconocimiento hacia la zona. La situación se había agravado tanto debido a las lluvias torrenciales que solo 56 de los militares lograron llegar al destino de la misión asignada. Los 40 restantes se quedan rescatando a gente.
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