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Vox sepulta la precampaña del PP

El PP traslada nervios y busca cambiar la agenda, pero tiene buenos sondeos. Feijóo les dijo a los suyos que el criterio es que los ultras entren cuando se necesite su sí

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en un acto de campaña el sábado, en la provincia de Lleida. Foto: MARC TRILLA (EUROPA PRESS)
Carlos E. Cué

El PP ya no sabe cómo salir del bucle. En la cúpula de este partido llevaban una semana diciendo que el tema de los pactos PP-Vox, gran protagonista de la precampaña, se estaba agotando. Que no aguantaría mucho más. Pero cada día Vox encuentra algo para reactivarlo, una dosis de recuerdo. Y el viernes llegó la más fuerte, con una exhibición de poder de Santiago Abascal que dobló la mano al PP, el partido del que salió por la puerta de atrás para fundar Vox, y lo obligó a meter a los suyos en el Gobierno de Extremadura.

Ese mismo día fatídico, Alberto Núñez Feijóo habló con mucha gente. Y a todos les trasladó algo parecido. El líder del PP es consciente de que dentro de su partido y en algunos sectores influyentes hay críticas por la forma en la que ha gestionado esta crisis. Le reprochan que no haya fijado un criterio claro desde el principio y haya permitido sinsentidos, como que en la Comunidad Valenciana Vox entrara inmediatamente al Ejecutivo y en Extremadura su líder, María Guardiola, en una situación más débil —necesitaba a Vox tanto como el valenciano Carlos Mazón, pero encima ella no ganó las elecciones—, dijera que dimitiría antes de dejar entrar en el Gobierno “a quienes niegan la violencia machista o deshumanizan a los inmigrantes”. Feijóo dijo que ambas posiciones eran “correctas”, y recibió muchas críticas por ello.

El viernes, según fuentes de este partido, el líder del PP explicó a los suyos que él había fijado tres criterios para los pactos poselectorales: primero, libertad para negociar a los barones. Él reivindica que no es como Pablo Casado, que trataba de imponer el criterio de Génova, sino que es un dirigente que respeta la autonomía de los barones. Segundo, y tal vez el más importante, que donde el voto afirmativo de Vox fuera imprescindible, y no solo su abstención, se podría negociar la entrada en el Gobierno. Y tercero, que había que tener mucho cuidado en los textos que se firmaran para que no se violaran los principios básicos del PP.

Guardiola, por tanto, habría incumplido el segundo criterio, al no querer negociar con Vox. Así que Feijóo, que antes la había avalado, la obligó a rectificar. Pero lo hizo tan tarde y de forma tan contradictoria con las palabras de ambos, que el desgaste ha sido muy importante, según admiten varios dirigentes, aunque insisten en que, pese a que es evidente que la precampaña no está siendo buena para el PP, las encuestas que ellos manejan señalan que siguen muy fuertes porque el antisanchismo pesa más que cualquier polémica con Vox.

Por eso, los dirigentes consultados tienen sensaciones contradictorias. Por un lado, son conscientes de que el ambiente político y mediático es muy diferente al de la campaña de las municipales, con un PP a la defensiva enredado en los pactos con Vox. Pero, por otro, los sondeos que manejan no detectan que eso esté frenando a Feijóo.

Lo que sí es seguro es que su precampaña ha quedado totalmente sepultada por los acuerdos con los ultras. “Es muy difícil ir a Valencia a hablar de sanidad pública, como hicimos el martes, porque sabes que solo va a salir que Feijóo respalda a Mazón y la coalición con Vox”, resume un dirigente.

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Si Guardiola se saltó el criterio de Feijóo de negociar con Vox su entrada en el Gobierno cuando sea imprescindible su sí —algo que el líder del PP plantea a los suyos en privado, pero nunca ha dicho en público, porque le comprometería abiertamente para su propia investidura—, Mazón se saltó el otro criterio, el de mirar con lupa los textos para no ir contra los principios del Partido Popular. En el acuerdo firmado con Vox no se hablaba de violencia machista y sí de violencia intrafamiliar. Desde entonces, Feijóo y los suyos revisan mejor los textos, como hicieron en Baleares, aunque Vox va colando su agenda en cuanto puede.

El problema para Feijóo, además del efecto que puedan tener en la izquierda estos pactos con Vox —los socialistas ven un claro cambio de ambiente y sobre todo, creen que se está frenando la fuga del PSOE al PP—, es la sensación de descontrol del partido, de que no manda, algo especialmente grave en el mundo conservador. Y a ello contribuyen en ocasiones sus propios movimientos, como el del viernes, cuando habló de lo importante que era la palabra en política 20 minutos después de que Guardiola rompiera la suya para pactar con los de Abascal.

“Si Sánchez llega a decir que lo importante en política es la palabra 20 minutos después de que un barón socialista diga que su palabra es menos importante que el futuro de los extremeños, nos tenemos que ir del país, nos echan a gorrazos, pero con ellos nunca pasa nada”, bromea un dirigente socialista.

El pacto en Extremadura tiene otra consecuencia política importante, que se verá en cuanto Feijóo acuda a entrevistas y sobre todo en el debate con Sánchez, fijado para el día 10. El líder del PP trata a toda costa de mantener la idea de que puede gobernar en solitario para concentrar en él todo el voto de derecha —estos días habrá una llamada al voto útil sobre todo en provincias donde Vox tiene difícil entrar—, pero también de centro. Después de Extremadura, es casi imposible pensar que Vox no entrará en el Gobierno si el PP necesita su voto afirmativo, algo casi seguro en un Parlamento tan fraccionado como el español, con casi 40 escaños nacionalistas e independentistas, salvo que el PP roce la mayoría absoluta, algo que parece improbable.

Mientras el PP intenta salir del bucle de Vox —esta semana podría haber nueva dosis de recuerdo con la investidura en Extremadura—, el PSOE, que va por detrás en las encuestas y necesitaría una remontada espectacular para tener opciones de seguir en La Moncloa, redobla la apuesta por la aparición de Pedro Sánchez en los programas donde más se lo ha criticado estos años. El martes irá al programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco, y seguirá la ronda hasta las elecciones, que incluye públicos diferentes como el podcast La pija y la quinqui, donde busca acercarse al votante joven.

En La Moncloa creen que estas entrevistas de Sánchez están “pinchando la burbuja del antisanchismo” y debilitando este factor clave de la política española. También apuestan mucho por el debate cara a cara del día 10 como un momento clave, y creen que los cruces a cuatro en EL PAÍS y la Cadena SER, el 14, y en TVE, el 19, pueden ser importantes. Feijóo rechaza acudir a estos dos últimos, pero Abascal sí quiere ir. Así que podría ser negativo para el PP en ambos casos, tanto si acude como si no, por el desgaste de no atreverse a ir. Sería ya la última baza de la izquierda a dos días del cierre de una campaña que empezó con un ánimo claro de derrota entre los progresistas y poco a poco va girando hacia una contienda algo más disputada.

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