Lullamate, el ‘tinder’ murciano para conectar a personas que quieren tener hijos

Los usuarios de la aplicación tienen como objetivo principal convertirse en padres, incluso sin que medie una relación de pareja

Una joven consulta la aplicación Lullamate para conocer gente con la que tener hijos.
Una joven consulta la aplicación Lullamate para conocer gente con la que tener hijos.DAVID EXPÓSITO

El 80% de los solteros en España utilizó el año pasado alguna aplicación de citas o para encontrar pareja, según datos del INE. Pero, ¿qué ocurre cuando el objetivo principal del usuario es tener hijos? Una empresa murciana ha puesto en marcha un proyecto para conectar a personas que quieren ser padres y madres, ya sea en el marco de una relación de pareja o sin tener un vínculo sentimental de por medio.

La app, que comenzó a funcionar el pasado mes de octubre, se llama Lullamate y nació de una “necesidad personal” de su fundadora, Esther Peñalver, una ingeniera de 40 años que dirige una incubadora de empresas tecnológicas en Murcia. Hace tres años comenzó a moverse por las webs de búsqueda de pareja, pero enseguida se dio cuenta de que “no podía ir con la premisa de que quería ser madre, no podía contarlo en la segunda cerveza”. Sintió una “gran frustración” hasta que, investigando, encontró varios proyectos consolidados en el mercado anglosajón de aplicaciones para poner en contacto a “gente con valores coincidentes y que, de manera pragmática, tienen un hijo y comparten su crianza”, explica a EL PAÍS. Es lo que llaman “copaternidad”.

Su socia, Fuensanta Megía, reconoce que en un primer momento la idea le pareció chocante, incluso “loca”. Después, analizó su entorno. “Muchas de mis amigas están divorciadas y comparten la custodia de sus hijos. La diversidad familiar ha calado cada vez más en la sociedad, las relaciones de pareja han cambiado y evolucionado”, explica. Según datos del INE, en 2021 hubo casi 90.600 divorcios en España, más de la mitad de ellos, el 57%, de parejas con hijos. En el 43% de los casos se estableció el régimen de custodia compartida.

”Cualquiera puede mirar a su alrededor y ver que el modelo de familia que consideramos normal, de un matrimonio con hijos, no es en realidad tan habitual y no funciona para todos. Ya hay muchas formas de copaternidad y Lullamate solo facilita el contacto entre personas interesadas en ella”, resume Peñalver. En su primer mes de vida, la app ha sumado unos 600 usuarios.

Una de ellas es Carmen, de 39 años, que prefiere no dar su apellido y que llega a Lullamate tras pasar por otras apps de citas en las que no encontraba perfiles que se adecuasen a sus intereses: “Tener una relación seria con la que desarrollar un plan de futuro”. Conoce experiencias de éxito, asegura, surgidas de portales como Tinder, pero insiste en que la mayoría de los usuarios con los que se ha topado solo buscaban “pasar el rato” o mantener relaciones sexuales. En este caso, al ser una aplicación de personas interesadas en tener hijos, los perfiles ya parten de un cribado inicial, por lo que considera que tendrá más posibilidades de “encontrar a alguien para formar una familia juntos”.

Pero no todos los que entran en Lullamte buscan pareja. La app ofrece tres opciones: personas interesadas en tener hijos dentro de una relación amorosa, quienes prefieren solo ser padres sin trabar ese vínculo o una vía intermedia para personas abiertas a ambas opciones.

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Es el caso de Álvaro, de 42 años, que se divorció tras más de 15 años de relación porque su pareja no compartía su deseo de tener hijos. “Me vi con una sensación de vacío, de fracaso, de objetivo no cumplido, y con una edad límite para ser padre”, señala. No quiere seguir retrasando ese momento y cree que las aplicaciones de citas ya consolidadas, como Tinder, de la que también es usuario, no son una opción para su objetivo. “Los usuarios tienen perfiles muy diversos y el punto de partida siempre es el sexo. Se sigue una dinámica que para mí ha sido emocional y energéticamente muy desgastante, con la ansiedad de quedar con alguien que, en un tiempo corto, pueda encajar en mi planteamiento de vida”, apunta.

‘Coparentar’

Hace tres semanas que Álvaro se hizo un perfil en Lullamate, tiempo en el que ha chateado con dos mujeres con las que ha hablado “de educación, de valores, de religión”. Y también de cómo sería el proceso legal a seguir en el caso de tener un hijo juntos pero no una relación sentimental. Aunque la app no ahonda en este tipo de disposiciones legales, Megías subraya que el consejo de recurrir a asesoramiento legal está presente en toda la web: “Coparentar es compartir la crianza de un hijo en todos sus aspectos: económico, de tiempo, de dedicación, de cariño. Y todo debe regularse de forma oficial en un convenio”. Lo mismo, insiste, que se hace con cualquier custodia compartida tras una separación.

La app abre también un importante abanico de posibilidades a hombres homosexuales, como Enric (nombre figurado), de 35 años y con pareja desde hace siete, que tiene muy claro su deseo de ser padre. “Una mujer lesbiana puede recurrir a una inseminación para ser madre, pero un hombre homosexual solo tiene la vía de la adopción, que es muy larga y complicada, porque muchos países vetan la adopción a las personas gays”, explica. Enric tiene varios amigos y conocidos homosexuales que ya han optado por la copaternidad teniendo hijos con mujeres con las que comparten la crianza sin tener una relación amorosa, así que decidió explorar esa vía hace un par de años y se creó una cuenta en Tinder en la que especificaba su orientación sexual y su intención de ser padre.

“Me contactaron más de 20 chicas, pero ninguna con el propósito que yo había descrito”, apunta Enric. De Lullamate le gusta, asegura, que el propio algoritmo permite al usuario compartir sus preferencias sobre valores, educación, religión, nivel salarial y otras variables esenciales en la educación de un hijo. Llegado el punto, si encuentra una mujer compatible, tiene claro que firmará con ella un contrato con todas las cláusulas que garanticen el bienestar del menor y las condiciones de la custodia compartida.

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