Argelia suspende el tratado de amistad y congela el comercio con España tras el giro del Gobierno sobre el Sáhara

La decisión, que se aplica de manera “inmediata”, llega tras ratificar Sánchez en el Congreso la nueva postura en el contencioso. Albares asegura no temer represalias en el suministro de gas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, este miércoles en el Congreso.Foto: FERNANDO ALVARADO (EFE) | Vídeo: EFE

Argelia ha suspendido este miércoles “de manera inmediata” el acuerdo de amistad, buena vecindad y cooperación suscrito con España el 8 de octubre de 2002, como consecuencia del “giro injustificable” efectuado por el Gobierno de Pedro Sánchez con respecto al Sáhara Occidental, alineado con las tesis de Marruecos, según señala un comunicado de la presidencia argelina difundido por la agencia oficial APS. La ruptura del tratado se produce horas después de que Sánchez ratificase en el Parlamento su cambio de postura respecto a este contencioso, y calificase la postura de Rabat como “la más seria, creíble y realista”. El escrito de la presidencia argelina señala que el Ejecutivo español ha dado su “pleno apoyo” a la fórmula “ilegal e ilegítima” de autonomía preconizada por la “potencia ocupante”, en referencia a Marruecos.

Tras el comunicado de la presidencia argelina, la Asociación de Bancos y Establecimientos Financieros (Abef) anunció la congelación a partir de este jueves de las domiciliaciones bancarias en operaciones provenientes y destinadas a España, según publicó el medio digital TSA. Esta decisión ha sido adoptada después de que lleven más de dos meses bloqueados en las fronteras productos españoles dependientes de la autorización del ministerio de Agricultura argelino, según informó a este diario una fuente conocedora de la situación. Se trata sobre todo de animales, carne de vacuno, fertilizantes, plantas y frutos. “Todo es verbal”, indica la citada fuente. “Apenas hay órdenes escritas. Pero a algunos socios argelinos de empresarios españoles les han dicho que se vayan buscando otros proveedores porque de España no va a entrar nada. Y en dos meses solo dejaron pasar un cargamento de pollitos que apenas tenían un mes de vida. No sé si lo hicieron porque les daba pena de que se murieran”.

El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, ha “lamentado” este miércoles la decisión argelina, ha reiterado la adhesión del Gobierno español a los principios que inspiran el tratado del que ha renegado Argelia y ha expresado su voluntad de mantener buenas relaciones con Argelia, “igual que con todos nuestros vecinos, basadas en el respeto mutuo y la coperación mutuamente beneficiosa”. Albares ha asegurado no temer represalias en el suministro de gas y ha subrayado que este país es un “socio fiable” que ha dado “garantías al máximo nivel” de que cumplirá sus compromisos.

El comunicado argelino hace referencia a “los anuncios del 18 de marzo de 2022″, día en el que el palacio real de Marruecos publicó parte de la carta en la que Sánchez apoyaba la propuesta marroquí de autonomía para el territorio en disputa como la “la base más seria, realista y creíble” para la resolución del conflicto. La declaración argelina subraya: “Las autoridades españolas han emprendido una campaña para justificar la posición que han adoptado sobre el Sáhara Occidental, una violación de sus obligaciones legales, morales y políticas como poder administrador del territorio que pesan sobre el Reino de España”.

El Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, suscrito en 2002, “regía el desarrollo de las relaciones entre los dos países”, como ha recordado la presidencia argelina, que de esta forma da un paso más en unas críticas que ya le llevaron en marzo a llamar a consultas al embajador en Madrid.

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“Esta actitud del Gobierno español”, sostiene el comunicado, “viola la legalidad internacional que le impone su estatuto de potencia administradora”. Y añade que la actitud de las autoridades españolas “contribuye directamente a la degradación de la situación en el Sáhara Occidental y en la región”. Pese a todo, el Gobierno de España considera a Argelia un país “vecino y amigo” y reitera su plena disponibilidad para seguir manteniendo y desarrollando las especiales relaciones de cooperación entre los dos países, en beneficio de ambos pueblos, según han remarcado las fuentes diplomáticas españolas antes citadas.

El directivo de una empresa española que mantiene contratos firmados con Argelia, y que prefiere mantenerse en el anonimato, indicó a EL PAÍS: “La ruptura por parte de Argelia del acuerdo de amistad es un grado más en una escalada motivada por una decisión [del Gobierno español] que no acabamos de entender nadie”. La misma fuente indicó que esta ruptura es una “prueba fehaciente” de que Argelia “deja muy claro que la situación con España es tensa. Y que no va a poner nada de su parte para cambiar la situación”. Respecto al plano económico, la citada fuente indicó: “Dudo que Argelia vaya a romper los contratos a largo plazo que tiene suscrito con empresas españolas de energía. Porque eso lanzaría un mensaje muy peligroso de país nada confiable. Pero lo que sí puede hacer es dificultar las importaciones a las empresas españolas”.

En los más de dos meses transcurridos desde que se abrió la crisis con Argel, el Gobierno español se ha afanado en subrayar que Argelia es un “socio sólido y fiable” y en poner de relieve que siempre ha cumplido sus contratos internacionales en materia energética, cuestionando así que la crisis diplomática pueda tener un impacto en el suministro de gas a España.

En una respuesta parlamentaria fechada el 1 de junio y a la que ha tenido acceso Europa Press, el Gobierno sostenía que “con la situación a día de hoy y con las reservas de slots [ventanas temporales de descarga de buques de gas natural licuado] y capacidad ya realizada por los comercializadores, no hay indicios objetivos de una situación de falta de suministro gasista en los próximos meses”.

Este mismo miércoles, Pedro Sánchez ha explicado en el Congreso el cambio histórico en la posición española sobre el Sáhara, casi dos meses después de que el Ejecutivo lo hiciera público. Ese giro implicó que España tomase abiertamente partido por Rabat al considerar su propuesta de autonomía como “la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso” en la excolonia española, una frase que el presidente ha repetido de manera exacta en la Cámara. Sánchez ha subrayado que la nueva relación con Marruecos deja “fuera de toda duda” la soberanía española de Ceuta y Melilla, ciudades donde espera que en breve se abra una “frontera aduanera normal, con comercio regular y regulado, como la mejor manera de que no regrese el comercio atípico”.

Lea el tratado que ha roto hoy Argelia

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El tratado de amistad se firmó con Argelia nueve años después del suscrito con Marruecos en julio de 1991, y fue publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) dos años después. Básicamente, coinciden en buena parte de sus contenidos. El primer punto de los “principios generales” de los acuerdos firmados tanto con Argelia como con Marruecos se titula “respeto a la legalidad internacional”. Argelia acusa ahora al Gobierno español en su comunicado de violar la legalidad internacional “que le impone su estatus de potencia administrativa” del Sáhara Occidental. El acuerdo con Argelia fue suscrito el 8 de octubre de 2002, tres meses después del incidente del islote de Perejil, un peñón en aguas marroquíes cercanas a Ceuta y de soberanía española.

El cuarto punto de los principios generales del acuerdo con Argel se refiere a la “abstención de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza”. Y el quinto, al “arreglo pacífico de controversias”. En el capítulo reservado a las relaciones bilaterales, los dos países institucionalizaron las reuniones de alto nivel (RAN), y también las consultas regulares entre secretarios de Estado. Y en el apartado reservado a la economía, ambos países se comprometían a prestar especial atención a los proyectos de infraestructura.

Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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