Memorias de una trama corrupta: “Esto se hacía por indicación del PP”

Ocho arrepentidos de Gürtel detallan el amaño de adjudicaciones y el reparto de mordidas en Boadilla del Monte, y señalan al partido como beneficiario

Esperanza Aguirre, durante un acto de campaña del PP en Boadilla del Monte en octubre de 2003.
Esperanza Aguirre, durante un acto de campaña del PP en Boadilla del Monte en octubre de 2003.José Huesca (EFE)

La ley del silencio ya no impera en el caso Gürtel. Después de que los tribunales hayan condenado a cárcel a 69 personas por su participación en distintas derivadas de la trama liderada por Francisco Correa y cuando apenas quedan unos días para que comience otro juicio sobre sus sucios negocios —centrado ahora en las adjudicaciones ilegales en Boadilla del Monte (Madrid)—, los arrepentidos brotan como setas para esta nueva vista oral. Hasta ocho acusados han confesado su implicación en las irregularidades perpetradas en esta localidad madrileña, convertida en paradigma de cómo la corrupción anidó en las entrañas de las instituciones gobernadas por el PP. El relato de todos ellos, recogido en diferentes escritos enviados a la Audiencia Nacional y a los que tuvo acceso EL PAÍS, desgranan el funcionamiento de una organización que se enriqueció a base de mordidas, que manipuló contratos públicos, que se valió de multitud de cargos del partido conservador y a la que se sumaron sin pudor numerosos empresarios.

La narración de los arrepentidos —entre los que se encuentran el propio Correa; Pablo Crespo, su número dos y exsecretario de Organización de los populares gallegos; Arturo González Panero (PP), exalcalde de Boadilla; el exdiputado Alfonso Bosch; o constructores como Alfonso García Pozuelo y José Luis Martínez Parra— se erige como el perfecto manual de instrucciones para entender el alcance de la trama. Comenzando, por el modus operandi que diseñaron para adentrarse en las administraciones. El líder de Gürtel y sus secuaces se valieron de su influencia y contactos dentro de las filas populares para tejer toda una red de relaciones personales que resultaba fundamental para sus intereses. El propio Correa resume así su aterrizaje en Boadilla: “Mi relación con el Ayuntamiento de Boadilla se inicia porque Guillermo Ortega, alcalde de Majadahonda [y también condenado por Gürtel], estudió el bachillerato en el mismo colegio que González Panero, alcalde de Boadilla, por lo que mantenían cierta amistad, motivo por el cual Guillermo me presentó a Arturo durante un almuerzo”.

Correa no era un cualquiera. Frecuentaba los círculos populares de poder, donde se movía como pez en el agua. Asistió a la concurrida boda de la hija de José María Aznar en El Escorial y sus tentáculos se extendían por todo el país. “Era muy conocido en el PP al ser responsable de las campañas electorales”, explica el exdiputado Bosch en su confesión: “Y, aprovechándose de la relación de amistad que mantenía con varios miembros del PP, se introdujo en Boadilla, donde mantenía ya una estrecha relación con importantes cargos del partido en la localidad”. El exalcalde González Panero, alias El Albondiguilla, lo admite: “En un primer momento, yo desconocía la verdadera relevancia de Correa dentro del PP, pero pronto tuve la oportunidad de comprobar que tenía acceso, tanto a la sede del PP en Génova sin tan siquiera necesidad de entrar con acreditación, como también facilidad de contacto con el palacio de la Moncloa”.

La Gürtel hacía ver a sus interlocutores todo lo que podía ofrecerles. “Se me hizo saber en un viaje [sufragado en gran parte por la red corrupta], de una manera implícita, las posibilidades que generaba el hecho de que yo fuera alcalde”, expone el exregidor de Boadilla en su escrito de confesión, donde describe con profuso detalle las “dádivas” y “regalos” en “especias [sic]” que le procuró la trama: camisas, zapatos, estancias en hoteles... Bosch, al que también pagaron viajes, añade: “Con invitaciones en palcos o entradas vip a eventos deportivos y públicos, consiguió hacerse con la amistad de González Panero”.

El arranque de la confesión manuscrita enviada por Correa a la Fiscalía Anticorrupción e incorporada al sumario de la Audiencia Nacional.
El arranque de la confesión manuscrita enviada por Correa a la Fiscalía Anticorrupción e incorporada al sumario de la Audiencia Nacional.

Correa remacha: “Isabel Jordán [una de sus empleadas y también acusada], tenía facultades dadas por mí para decidir las dádivas en especie de los distintos trabajos que nos encomendaban”. Pero no solo repartían regalos, sino también mordidas pagadas por los empresarios que resultaban beneficiados en las adjudicaciones. Así lo reconoce José Luis Martínez Parra, quien fuera vicepresidente de la constructora Teconsa: “En pago por la adjudicación de contratos, [se] abonó a la organización de Correa en 2007 la cantidad de 1,8 millones de euros. Estos pagos se hicieron: 1,38 millones en efectivo; y 420.000 euros en facturas emitidas a Teconsa por Creva, sociedad de Pablo Crespo, que reflejaban servicios inexistentes”. “Yo personalmente retiré en efectivo en la sede de Teconsa un millón de euros”, confirma también Crespo.

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Encargos de empresas

La Gürtel hacía de intermediaria. Por un lado, se adentraba en las administraciones populares y, por otro, buscaba a los empresarios dispuestos a pagar por sus servicios —un dinero que después ocultaban en “entramados societarios”—. Los empresarios sabían muy bien que cuando hablaban con Correa lo hacían con alguien muy próximo al PP: “Teconsa encargó al grupo de Correa la gestión para la adjudicación de obras públicas a su favor. Todo ello con conocimiento de las magníficas relaciones que tenían con distintas administraciones gobernadas por el PP. Y sabedor del coste que conllevaba la citada gestión”, afirma José Luis Martínez Parra.

De hecho, la red corrupta encontró en Boadilla una predisposición desmesurada, que se regó además con miles de euros en regalos y comisiones. Un dinero que, según el exalcalde, se “distribuía” después entre los implicados y “el PP”, pues parte se destinaba al pago de gastos de publicidad y campañas electorales del partido conservador: “Esto se hacía según las indicaciones e instrucciones recibidas por parte de la dirección regional y nacional del PP”, asevera El Albondiguilla.

La infiltración en esta administración local fue tan profunda que, según cuenta el exdiputado Bosch, Isabel Jordán “conocía y participaba en las gestiones de las diferentes áreas municipales, informando detalladamente y proponiendo nuevos negocios a Correa”. El exparlamentario regional del PP, al que la trama colocó al frente de la Empresa Municipal de Suelo y Vivienda (EMSV) del municipio para que allanara el camino, cuenta también que “Correa se encargaba de negociar y captar a posibles empresas interesadas (clientes), ofreciéndoles la adjudicación del concurso a cambio de una comisión, que después se repartía de acuerdo con su criterio”. Por su parte, apostilla Bosch, “González Panero detallaba a Correa una operación y este valoraba la posibilidad de participar en función del posible rédito resultante, poniendo entonces en marcha la operativa”.

En esta misma línea, Crespo cuenta que Correa y Tomás Martín Morales, que encabezó la EMSV antes que Bosch, también “se reunían (y hablaban telefónicamente) con gran asiduidad” para tratar las adjudicaciones de obra y concesiones del Ayuntamiento de Boadilla. Es más, precisa el número dos de la trama, su antiguo jefe usaba como punto de encuentro lugares como “los salones de la cafetería del Hotel Fénix y el restaurante Sorolla”, ambos en la madrileña calle Hermosilla. “Utilizaban ambos espacios como centro de operaciones fuera de sus oficinas”, confirma Bosch. “En la EMSV dejé hacer libremente a los gerentes, según las indicaciones recibidas”, continúa El Albondiguilla: “Me limitaba a presidir las reuniones del consejo de administración y a recibir el dinero que me correspondía, ya que lo exigí a cambio de dejar hacer”.

La trama no hacía ascos a nada, según confiesan los implicados, y amañaba desde “contratos menores” a grandes proyectos. Según reconoce Martínez Parra, el Ayuntamiento le adjudicó de forma irregular las obras de una piscina municipal, un colegio, decenas de viviendas, trasteros y garajes... La red Gürtel manipulaba, incluso, los concursos para construir rotondas —a las que se referían en clave como “donuts”, según especifica Pablo Crespo—.

Pero hubo un momento en que la relación entre El Albondiguilla y Correa, apodado Don Vito, comenzó a deteriorarse. Ambos coinciden. González Panero lo resume así: “La colaboración delictiva se fue incrementando hasta 2005, fecha en la que rompí mi relación personal y directa con Correa —sin que ello signifique que dejase de someterme a los intereses de la organización— porque sus pretensiones eran desmedidas y ambiciosas, de manera que sus propuestas eran ya desproporcionadas e implicaban un mayor riesgo de exposición (desarrollo del PGOU, campus sanitario, área comercial del Banco Santander, proyecto sobre residencias de ancianos...)”.

El líder de la trama atribuye, en cambio, al exregidor una “ambición desmedida, desproporcionada, con una falta y carencia de moralidad inexplicable”. “La relación con él era muy complicada, no mantenía su palabra ni código ninguno. Prometía y garantizaba contratos a diestro y siniestro. Cambiaba adjudicaciones aún habiéndolas prometido a un empresario, si posteriormente otro empresario mejoraba la dádiva. Dicho lo cual, se podría resumir como amoral”, dice Correa.

Los ocho confesos de la trama de Boadilla

Arturo González Panero, el alcalde que se dejó corromper. El exalcalde narra que, tras mantener una estrecha relación, Correa creyó que había empezado a operar “al margen” de la organización. La trama confeccionó entonces un “documento”, al que “se referían como ‘reglas de conducta’, manuscrito por Crespo”, con frases como: “No te queremos joder la vida”.

Francisco Correa, el gran cabecilla de la trama. Correa asegura que “los contratos del Ayuntamiento de Boadilla los negociaba Arturo [González Panero] personalmente, aunque últimamente incorporó a una persona que provenía de la Junta de Castilla y León, al objeto de interponerle entre él y los empresarios para no dar la cara, y protegerse”.

Pablo Crespo, el ejecutor del pillaje institucional. Crespo dice que, a través de una empresa de la trama, “Jordán ordenó pagar gastos del PP de Boadilla en los que incurrió en la campaña de las municipales de 2007”. El Albondiguilla cuenta que también se destinó dinero a las municipales y autonómicas de 2003, y a las generales de 2004. 

Alfonso García-Pozuelo, el empresario que confesó pagos. Con un escueto escrito, este constructor inauguró la riada de confesiones y verificó la tesis de la Fiscalía. Según detalla Crespo, García-Pozuelo pagó “una comisión de entre el 3% y el 4% del precio de adjudicación” del Parque del Deporte y la Salud licitado por el Ayuntamiento de Boadilla.

Alfonso Bosch, alias El Neveras o El Bujías. El exdiputado cuenta que proliferaron los motes dentro de la red. Correa era Don Vito; a Crespo se le llamaba Grecian; el alias de Santo se usaba para Tomás Martín Morales; El Viejo era José Galeote... A Bosch le decían Bujías o Neveras: “Derivado de mi primer apellido Bosch, que coincide con la marca”.

José Luis Martínez Parra, un constructor corruptor. El exvicepresidente de Teconsa admite que encargaron a Correa que les consiguiera obras, a sabiendas de su relación con el PP y del “coste” que conllevaba la gestión que hacía la trama. Martínez Parra reconoce que le otorgaron obras de forma irregular, por lo que tenían que “pagar favores”.

Jacobo Gordon, el exsocio del yerno de Aznar. En su confesión, quien fuera socio de Alejandro Agag (yerno de Aznar), subraya que usó una de sus compañías para ayudar a Correa a ocultar parte del dinero que obtenía de su actividad irregular. La empresa de Gordon facturó a un cliente de la trama, José Luis Ulibarri, y el exsocio de Agag devolvió después el importe al cabecilla de la red corrupta: "Correa me pidió que abriera una cuenta bancaria nueva donde transferir el saldo. La abrí y, según indicó Correa, le di las claves de dicha cuenta a Crespo para que pudiera disponer del dinero, cosa que hizo”.

José Luis Ulibarri, en busca de una parcela. El instructor José de la Mata abrió juicio oral en 2016 contra Ulibarri tras concluir que existen indicios de que pagó un millón de euros a la trama para que el Ayuntamiento de Boadilla le concediera una parcela a una de sus empresas, UFC. “Nos mostramos conformes con la redacción de la conclusión del ministerio fiscal en todo aquello relacionado con la adjudicación a UFC de la parcela”, recoge la confesión de este constructor.

Sobre la firma

J. J. Gálvez

Redactor de Tribunales de la sección de Nacional de EL PAÍS, donde trabaja desde 2014 y donde también ha cubierto información sobre Inmigración y Política. Antes ha escrito en medios como Diario de Sevilla, Europa Sur, Diario de Cádiz o ADN.es.

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