Sánchez y Díaz mantienen el pulso por la reforma laboral, pero buscan salidas

La coalición prepara una cita esta semana para negociar. Nadie cede en lo fundamental: quién dirige la reforma laboral. Rodríguez deja Podemos y rebaja la crisis por la querella contra Batet

La vicepresidenta Yolanda Díaz y el secretario de Estado Joaquín Pérez Rey, este sábado en el congreso de CC OO.
La vicepresidenta Yolanda Díaz y el secretario de Estado Joaquín Pérez Rey, este sábado en el congreso de CC OO.MARISCAL (EFE)

La coalición busca una salida a su peor crisis desde que Yolanda Díaz se hizo cargo en marzo de la conducción política en el Gobierno de Unidas Podemos. Esta vez el pulso no es entre Díaz y Nadia Calviño, algo habitual, sino directamente entre la ministra de Trabajo y el presidente, Pedro Sánchez. Este sábado hubo varias conversaciones cruzadas para intentar encontrar una solución y cerrar una reunión de pacificación, que se negocia para esta misma semana.

Todas las fuentes consultadas descartan una ruptura de la coalición, pero el pulso es muy fuerte y tiene un elemento central: la discusión sobre quién dirige la negociación de la reforma laboral, un asunto central para Unidas Podemos, pero también para el PSOE.

Nadie cede ahí, al menos de momento. Yolanda Díaz exige seguir como hasta ahora y como siempre en el diálogo social: Trabajo negocia y debate con los ministerios afectados. Calviño, por orden de Sánchez, exige que Economía entre en la negociación y coordine los trabajos. Desde Unidas Podemos contestan que jamás en toda la democracia Economía ha dirigido o participado directamente en el diálogo social, que es algo que siempre ha encabezado Trabajo, aunque las posiciones se consensúen. Las conversaciones de este sábado entre los socios no lograron avances claros, aunque sí empezaron a buscar soluciones, algo que es un cambio sobre el viernes, cuando parecía que el pulso podía acabar incluso en ruptura.

El fondo del asunto es hasta dónde se llega en la reforma laboral, y las posiciones entre Díaz y Calviño son muy diferentes, por eso es clave ver quién negocia. Calviño quiere mantener la prevalencia de los convenios de empresa frente a los de sector, generalmente más beneficiosos para los trabajadores, y dice contar ahí con el apoyo de Bruselas. Además no quiere recuperar la llamada ultraactividad —la norma que el PP eliminó que decía que si no hay acuerdo el convenio sigue vigente aunque decaiga, algo que también favorecía a los trabajadores—. Díaz tiene la visión contraria y es lo que lleva meses negociando con patronal y sindicatos y también con Bruselas.

En este contexto, y con Díaz muy aplaudida y despedida con gritos de “presidenta, presidenta” en el congreso de CC OO, en el que no participó Sánchez, La Moncloa mantiene que la reforma laboral es tan importante que no puede llevarla Díaz en solitario, por lo que Calviño va a entrar en esa negociación con el apoyo de Sánchez. Mientras, Adriana Lastra, número dos del PSOE, reivindicaba para su partido esta reforma que hasta ahora lideraba Unidas Podemos. “Sí, vamos a derogar la reforma laboral y lo va a hacer el PSOE”.

Calviño nunca usa esa palabra. De hecho sus posiciones están alejadas incluso de una parte del PSOE en este asunto. Ella no es militante, aunque en el último congreso insistió en que viene de “familia socialista” y se implicó más que nunca con la imagen del partido.

Las declaraciones de Lastra demuestran pues que el pulso no es solo por el contenido de la propia reforma, sino también por quién se hace con la bandera política de esa recuperación de derechos para los trabajadores. Mientras Díaz hablaba en el congreso de CC OO, Lastra contestaba a una exigencia pública que le había hecho durante el congreso del PSOE de Extremadura la líder de UGT en esta comunidad, Patro Sánchez. La vinculación del PSOE con UGT y del PCE con CC OO forma parte de la historia de la izquierda española. Las cosas han cambiado mucho, pero algunas corrientes permanecen. Ni el PSOE ni UP quieren tener enfrente a los sindicatos, aún un referente social importante pese a sus dificultades en los últimos años.

Mientras el pulso de la reforma laboral se mantiene fuerte, aunque con intentos de buscar una negociación, el que pierde fuerza es el otro incendio que tuvo la coalición el viernes, en una especie de tormenta perfecta que hizo temer por el futuro del Gobierno. La querella que anunció Podemos contra Meritxell Batet, presidenta del Congreso, por retirar el escaño a Alberto Rodríguez va perdiendo empuje por momentos. Y eso que aún no ha sido ni siquiera presentada. De momento ya se sabe que solo la puede presentar el afectado, y no el partido. Pero es que además Rodríguez anunció este sábado que deja Podemos, en un gesto que le aleja de la propia decisión de anunciar la querella, algo que no se consensuó en Unidas Podemos y fue una iniciativa solo del partido que dirige Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales.

El PSOE reclama que no se presente nunca esa querella, pero aunque finalmente se haga, parece muy evidente que no será como parecía al principio una declaración de guerra del sector minoritario de la coalición al mayoritario, sino un rifirrafe mucho más limitado. Díaz no ha dicho una palabra, pero fuentes de UP sí han hecho saber que no estaba avisada de la querella. Y Alberto Garzón, líder de IU, se desvinculó claramente. El ministro de Consumo aseguró que esa querella es una “acción jurídica a título personal” de Alberto Rodríguez. Algunos ministros socialistas creen que el hecho de que la presente el propio afectado, y más ahora que ya ni siquiera es miembro de Podemos, reduce la gravedad de la crisis.

Desde Podemos, sin embargo, insisten en que la querella tiene todo el respaldo del partido que fundó Pablo Iglesias. “Quien la presenta es Alberto Rodríguez, pero con todo nuestro apoyo”, aseguró Pablo Echenique en la Cadena SER el viernes. “En realidad hay poca diferencia política, que la presente él o nosotros, pero formalmente lo hace él, porque es la parte perjudicada, quien tiene la legitimidad activa y lo hace, lo hacemos, porque entendemos que hay indicios claros de que puede haber habido prevaricación”, explicó.

Todos los ministros y dirigentes del PSOE y de Unidas Podemos consultados coinciden en que el pulso relevante de verdad es el de la reforma laboral, mientras la tensión con Batet es algo puntual. Yolanda Díaz lo dejó muy claro en la clausura del congreso de CC OO, el sindicato del que fue histórico dirigente su padre, Suso: “Vamos a derogar la reforma laboral a pesar de todas las resistencias, que las hay y son muchas, compañeros”, clamó ante un público entregado. “Vamos a derogar la reforma laboral a pesar de todas aquellas personas que, estén donde estén, jamás han querido derogar ni alterar el modelo de relaciones de precariedad que ha impuesto unilateralmente la derecha en este país”, añadió en un mensaje dirigido con toda probabilidad a la propia Calviño.

Fuentes de La Moncloa insisten en que al final se encontrará un acuerdo y se hará la reforma laboral antes de final de año, como se ha comprometido con Bruselas. La primera prueba de fuego llega esta semana: habrá de nuevo reunión negociadora con los agentes sociales. Y será clave ver quién va a esa cita por parte del Gobierno. Hasta ahora siempre iba Joaquín Pérez Rey, la mano derecha de Díaz. Cualquier cambio ahí será muy conflictivo.

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