Congreso de los Diputados

El choque entre Sánchez y Casado agrava el bloqueo institucional

El presidente esgrime unidad y apoyos presupuestarios frente al arco de la derecha

El presidente Pedro Sánchez, durante su intervención este miércoles en el Congreso de los Diputados. En vídeo, parte de sus declaraciones.(Foto: Andrea Comas | Vídeo: EPV)

Ni los evidentes repuntes de la segunda ola de la pandemia ni las previsiones de una tercera tras las Navidades, con las consecuentes crisis económicas y sociales ya para 2021; nada logra acercar las posiciones tan distanciadas entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. En el último pleno del año, tras siete horas de debate sobre el balance de la situación, Pedro Sánchez se contentó con esgrimir su amplia mayoría progresista para aprobar sus primeros Presupuestos y consideró “lunáticas” y “marcianas” las posturas de Pablo Casado y Santiago Abascal, que lo atacaron con suma dureza.

El pleno escoba de 2020 fue este miércoles en el Congreso un fiel reflejo del encrespado y, en ocasiones, endogámico clima político del país, en apariencia tan lejano muchas veces de los problemas ciudadanos. El presidente había pedido comparecer para explicar sus gestiones ante tres Consejos Europeos clave de estos últimos meses —donde se han discutido soluciones comunitarias a la covid-19 y millonarios fondos para sufragarlas— y para hacer balance de los dos primeros meses del actual estado de alarma, aprobado el 25 de octubre y vigente hasta el próximo 9 de mayo. No hubo paz tampoco en circunstancias tan excepcionales.

Un guion que refleja sin cesar en el Parlamento las pésimas relaciones y la enorme distancia entre los principales dirigentes políticos. La fijación de otros portavoces separatistas, nacionalistas o regionalistas por su agenda más particular y local también ofreció un pleno que el portavoz del PNV definió como “porrusalda”, y que acabó sin novedades en cuanto a anuncios o avances en las crisis existentes.

El jefe del Ejecutivo lo fía todo a que las vacunas anticovid le den un respiro antes del verano y a poder aplicar los nuevos Presupuestos para 2021, con los 25.000 millones de fondos europeos. La oposición, desde el centro a la extrema derecha, no confía ni en la capacidad de Sánchez ni en que vaya a ser neutral políticamente.

El presidente no oculta que cada vez se entiende peor con el líder de la oposición, Pablo Casado; nada, con el presidente de Vox, Santiago Abascal; y ha perdido toda la sintonía con la dirigente de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Más, si cabe, desde que renunció al apoyo de sus 10 diputados y Sánchez optó por impulsar sus primeros Presupuestos por la vía de ampliar la mayoría de la investidura con Unidas Podemos, ERC y EH Bildu.

Casado, Abascal y Arrimadas reprocharon así a Sánchez que les trate a ellos con tanta “altanería” frente a los mimos que dedica a Gabriel Rufián (ERC) o Mertxe Aizpurua (EH Bildu).

El líder del PP Pablo Casado interviene en el Congreso. En vídeo, parte de sus declaraciones en el Congreso.(Vídeo: Atlas)

El martes, tras la conversación telefónica de 45 minutos que Sánchez y Casado mantuvieron para intentar desencallar el bloqueado Consejo General del Poder Judicial, se transmitió que la charla había sido “cordial”, pero se reconoció que no había servido de nada. Este miércoles, en el Congreso y tras observar el tono con que el presidente replicó los ataques de Casado, fuentes de la dirección del PP reconocieron que la llamada fue en realidad solo “correcta”, acusaron al presidente de estar obsesionado por hablar solo del Poder Judicial y le reprocharon su actitud “narcisista”. Casado reafirmó que no tolerará “una justicia Frankenstein”, en referencia a la pretensión de Podemos de figurar en un nuevo Poder Judicial más plural.

La discusión sobre la covid-19 reprodujo los argumentos enfrentados de ambos bandos desde hace ya meses, cuando se acabó la práctica unanimidad en las votaciones de los anteriores estados de alarma. Sánchez enumeró a su favor la cantidad de reuniones, medidas, citas, planes, encuentros y cumbres celebradas, en España e internacionales. Y acabó reclamando a la sociedad y todas las instituciones “un último esfuerzo” para “no bajar la guardia” ni “tirar por la borda” lo conseguido. En un momento de optimismo “esperanzador”, el presidente situó a España entre los mejores países de Europa ahora y al final de un túnel que —cree— apunta a una “incipiente recuperación”.

Esas frases llevaron a Casado y Arrimadas a achacarle falta de “humildad” y de “empatía”. El líder popular cuestionó ahí al presidente por varios motivos: no felicitar cristianamente las Navidades, no llorar en público como la canciller alemana Angela Merkel por las víctimas, por tomarse unas semanas de vacaciones en verano y hasta por tardar 55 días en devolverle una llamada. Y remachó las andanadas: “No se cansa de mentir”. Casado, Abascal y Arrimadas le reprocharon con insistencia que para continuar en La Moncloa hubiese olvidado sus promesas electorales de no gobernar nunca con Podemos y Bildu, y de haberse entregado a radicales y separatistas.

El jefe del Ejecutivo arremetió en su réplica con sorna contra Casado por introducir en el debate de la covid-19 asuntos como el terrorismo de ETA, “el Gobierno socialcomunista, judeomasónico y bolivariano”, Venezuela o los ataques a la libertad y la Constitución de los socios ahora del PSOE. Y de Abascal constató que había estigmatizado al virus con enemigos como el magnate George Soros, China, la izquierda, las mujeres y los inmigrantes.

Casado tachó a Sánchez de “frívolo”, auguró que le está “pisando los talones en las encuestas” y hasta mencionó que ha “enchufado” a sus amigos del colegio en cargos publicados en el Boletín Oficial del Estado. Abascal exigió a Sánchez que diera los datos “de los compatriotas muertos” en la pandemia, denigró la legitimidad del actual Gobierno como “socialdelincuente” y al presidente lo situó como “el jefe de esa banda de salteadores de caminos”.

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