FELIPE VI

El Rey da negativo en la prueba del coronavirus

Felipe VI, que el domingo estuvo en contacto con un contagiado, seguirá en cuarentena hasta el miércoles

Un momento de la intervención telemática de Felipe VI en el Foro de la Unión por el Mediterráneo (UpM), celebrado en Barcelona.
Un momento de la intervención telemática de Felipe VI en el Foro de la Unión por el Mediterráneo (UpM), celebrado en Barcelona.Quique Garcia / EFE

Felipe VI ha dado negativo en la prueba del coronavirus, según ha informado la Casa del Rey. La Zarzuela no ha especificado a qué prueba diagnóstica se ha sometido el jefe del Estado (PCR u otra similar) pero sí que, “siguiendo las normas sanitarias”, continuará la cuarentena que inició el pasado lunes hasta completar los 10 días prescritos, el miércoles de la semana que viene. El Rey mantuvo contacto el pasado domingo con una persona contagiada de la covid-19 cuya identidad no se ha hecho pública.

Esta es la segunda vez que trasciende que Felipe VI se ha sometido a un test de coronavirus. En marzo pasado, después de que se supiera que la ministra de Igualdad, Irene Montero, había dado positivo, los Reyes se hicieron una PCR, con resultado negativo. No obstante, doña Letizia, que había compartido un acto con la ministra, siguió en cuarentena.

La noticia se ha conocido horas después de que Felipe VI inaugurase telemáticamente el Vº Foro de la Unión por el Mediterráneo (UpM), celebrado en Barcelona. Al Rey se le ha visto sentado, con chaqueta azul, camisa blanca a rayas y corbata celeste, en una dependencia del palacio de La Zarzuela ante un cuadro abstracto, con buen aspecto físico y voz clara.

El Monarca ha explicado que su propósito inicial era acudir personalmente al palacio de Pedralbes de Barcelona, donde se celebra el foro, pero su plan, “lamentablemente, se vio frustrado por tener que ser confinado de manera preventiva, debido a la pandemia”.

En su intervención telemática, en la que ha combinado el inglés y el español, el Rey ha alertado del riesgo de que el Mediterráneo se convierta en una “línea de fractura” entre dos mundos, el norte y el sur, “cada vez más ensimismados y alejados entre sí”; y ha reconocido que la situación es hoy “más compleja y difícil de gestionar” que hace 25 años, cuando se puso en marcha el Proceso de Barcelona, antecedente de la UpM.

Los objetivos que se marcaron entonces ―hacer del Mediterráneo “un espacio de paz y estabilidad, de prosperidad compartida”― están lejos de alcanzarse, ha lamentado; y, en este cuarto de siglo, la situación regional ha cambiado mucho, “no siempre en la mejor dirección”.

Una muestra de ello son los “diversos conflictos y tensiones que se superponen y alimentan recíprocamente”, los “crecientes desequilibrios económicos y sociales” y las “preocupantes fracturas culturales que amenazan poner en riesgo la esencia misma del proyecto euromediterráneo”, a los que se suma ahora una “excepcional emergencia sanitaria”.

Pese a ello, Felipe VI ha llamado a los 42 países miembros de la UpM (32 europeos y 10 del Magreb y Oriente Próximo) a superar el “desánimo” y el “desinterés”; y ha apelado a la “corresponsabilidad” y a tener “objetivos claros” para que el Mediterráneo no se convierta en un escenario “cada vez más inestable e impredecible”.

La pandemia no solo ha impedido al Rey acudir personalmente a Barcelona, sino que ha limitado la presencia física en el foro al secretario general de la UpM, el egipcio Nasser Kamel; el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell; la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya; y su homólogo jordano, Ayman Safadi. El resto de los participantes, incluido el comisario de Vecindad y Ampliación de la UE, Olivér Várhelyi, lo han hecho por videoconferencia. El Rey ha deseado a todos “buena salud y éxito en su responsabilidad de velar por la paz, la estabilidad, el progreso y el bienestar de todos los pueblos del Mediterráneo”.

En la clausura del foro, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha abordado el fenómeno de la inmigración, “que debería ser segura, humana y legal”, y ha subrayado que se trata de “un reto compartido” para los países del norte y el sur, que debe ser abordado con “una voluntad genuina de afrontar su complejidad de manera global, conjunta, decidida” y “con vocación de encontrar soluciones a sus múltiples dimensiones”.

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