Presupuestos Generales del Estado

El PNV defiende su interlocución privilegiada con el Gobierno ante la irrupción de Bildu en los Presupuestos

Andoni Ortuzar será confirmado los días 12 y 13 de diciembre para un tercer mandato al frente del partido, que ahonda en la senda de la estabilidad tras la era Ibarretxe

El presidente del Euzkadi Buru Batzar, Andoni Ortuzar, posa ante la estatua de Sabino Arana y la sede del PNV, la Sabin Etxea, en Bilbao el 2 de julio.
El presidente del Euzkadi Buru Batzar, Andoni Ortuzar, posa ante la estatua de Sabino Arana y la sede del PNV, la Sabin Etxea, en Bilbao el 2 de julio.Fernando Domingo-Aldama

Las maniobras de acercamiento del Gobierno —especialmente del sector de Podemos— a EH Bildu para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado han despertado en el PNV el temor a perder la condición de interlocutor privilegiado con Madrid, que la centenaria formación presidida por Andoni Ortuzar ha explotado con gran provecho desde que se reinstauró la democracia. El PNV observa con recelo la ceremonia de cortejo entre el Ejecutivo de coalición y la izquierda abertzale, que se inició con la abstención de los diputados de EH Bildu para facilitar la investidura de Pedro Sánchez, y que se ha acelerado en los últimos meses con la tramitación de los Presupuestos. El acuerdo presupuestario anunciado el viernes con el PSOE supone un golpe en la mesa y un aviso a Arnaldo Otegi de que no van a ceder su posición.

La desconfianza del PNV con la izquierda abertzale es histórica. La tensión que se reavivó cuando el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, anunció que estaba dispuesto a apoyar las cuentas del Estado se transformó en enfado con la decisión de los herederos de HB de sumarse a la enmienda conjunta con Podemos y ERC para prohibir los desahucios hasta 2023. Ortuzar ve a EH Bildu como un peón del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, para cerrar el paso a Ciudadanos; pero desconfía de que su entrada en escena como un actor central en el Congreso pueda consolidarse y modificar su estatus del partido conseguidor de mejoras para los vascos que ha ejercido con todos los presidentes, desde Felipe González hasta Pedro Sánchez pasando por José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

En esa batalla el PNV cuenta de momento con una baza. Braulio Gómez, politólogo de la Universidad de Deusto, considera relevante que en el último sondeo postelectoral del CIS, la mayoría de sus votantes destacaran, más allá de su posición política, su capacidad de gestión al frente de las instituciones. “El PNV ha podido pactar con Rajoy, con Sánchez, con EH Bildu, con el PP vasco... Da igual, sus votantes no miran ahí. En las autonómicas, los desencantados del PNV se fueron a la abstención, no a otras formaciones, al considerar que el resto de las opciones no estaban a la altura en gestión y capacidad. Es decir, las ideas han pasado a un segundo plano”, interpreta.

La negociación presupuestaria ha pillado al PNV en plena renovación de su ejecutiva, un proceso en el que nadie espera sorpresas. La Asamblea Nacional del partido otorgará a Ortuzar, los próximos días 12 y 13 de diciembre, un tercer mandato de cuatro años como presidente. La formación consolidará con ello la senda de estabilidad y pragmatismo que, junto al lehendakari, Íñigo Urkullu en el plano institucional, le han permitido recuperar el poder y la influencia que perdieron entre 1999 y 2009 con Juan José Ibarretxe y su proyecto soberanista.

Con Ortuzar y Urkullu el PNV va a seguir explotando la imagen de un partido de orden capaz de pactar con todos sin perder su esencia. De hecho esta misma semana ha comenzado el deshielo con el presidente del PP vasco y líder de la coalición PP+Cs, Carlos Iturgaiz, consciente de que la aproximación entre EH Bildu y Podemos en Madrid también puede tener efectos en Euskadi. La coordinadora de Elkarrekin Podemos, Pilar Garrido, aseguró tras un reciente encuentro con Arnaldo Otegi que su entendimiento “puede acabar provocando cambios estructurales en Euskadi”, en relación a una alianza de izquierdas con el PSE-EE.

No son los únicos problemas del PNV. Una de sus carencias es que no es mayoritario entre el electorado menor de 35 años, y tampoco es la formación a la que los electores les consideran los mejores para resolver los problemas relacionados con el ecologismo o el feminismo. Aunque el Gobierno tenga consejeras y el grupo parlamentario diputadas, o la presidenta de la Cámara sea una mujer, de momento el PNV no ha colocado a ninguna para ocupar los puestos de mando más relevantes como lehendakari, diputado general, o alcalde de ninguna de las capitales vascas.

La irrupción de EH Bildu en el escenario nacional para quedarse es un ataque a la línea de flotación del nacionalismo vasco del que está copiando, poco a poco formas y contenidos. Algunas de las enmiendas presentadas por EH Bildu son muy similares a las suyas consciente de que para crecer, la izquierda abertzale tiene que mejorar su imagen como partido de gestión. Los jeltzales —acrónimo de “Dios y leyes viejas” en euskera con el que se denomina a los “peneuvistas”—, saben por el contrario, que cada vez que han hecho experimentos rupturistas como el Pacto de Lizarra y el Plan Ibarretxe, el partido ha pagado un precio muy elevado, tanto en el plano interno como en el electoral.

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