Ir al contenido
_
_
_
_
Blogs / Cultura
La Ruta Norteamericana
Por Fernando Navarro
MÚSICA
Columna

Cameron Winter & Geese: una esperanza para el rock’n’roll

De esa escuela inacabable que dejó The Velvet Underground en Nueva York, se siente a una voz muy reconocible, un tipo de espíritu irredento, cuyo universo, como su forma de cantarlo, oscila entre la crudeza, la súplica y la paranoia tanto en solitario como con su banda

Cameron Winter actúa durante un concierto en 2025 en el Newport Folk Festival, en Newport, Rhode Island. Douglas Mason (Getty Images)

Al rock’n’roll lo han matado tantas veces como a la novela. Y nunca termina de morir. Aun así, nadie duda de que esta música de guitarras que revolucionó el siglo XX ha sido relegada de la transcendencia que tuvo antaño, tanto por inspiración, impacto social y negocio. Con todo, siempre es bueno encontrar propuestas poderosas que, por lo general, se mueven más que nunca en los márgenes. De ahí, del canal subterráneo, salió Geese, banda que protagonizó 2025 por publicar uno de los discos del año (Getting Killed) y que la confirmó, después de tres álbumes, como una formación de primer nivel en la escena internacional. Personalidad y distinción son conceptos que se guardan a partes iguales en este grupo liderado por Cameron Winter, un veinteañero que parece guardar un genio dentro.

Decir Cameron Winter y Geese es referirse a los nuevos nombres cool de la música indie norteamericana. Esos nombres que, en cuestión de unos meses, pasan de no ser conocidos a convertirse en hype. Y, si algo ha demostrado la música popular desde tiempos inmemoriales, es que ser la banda de moda, representar un cúmulo de alabanzas desmesuradas llenas de adjetivos, puede acabar por ser una verdadera losa para los agraciados. Del hype se suele pasar a la difuminación hasta quedar en tierra de nadie, perdido el interés mediático.

Que Geese no sea un hype se verá con más tiempo, pero lo cierto es que, tan necesitada como está actualmente la escena del rock de nuevos referentes, conviene destacar a esta banda de Nueva York formada en 2016 por sonar como una agonía trepidante e hipnótica. Nunca desesperante, y siempre atractiva en su forma de retorcer las melodías e iluminar en sus llantos. Parte de esta gran culpa reside en Cameron Winter, su compositor, un chaval de 23 años que, entre disco y disco de Geese, se dio el gustazo de sacar un álbum en solitario tan extraño y encantador como los de la banda. Quizá Heavy Metal sea más oscuro, menos encrespado y punzante que Getting Killed y 3D Country, las últimas obras de Geese. De cualquier forma, en todos ellos, se siente a una voz muy reconocible, un tipo de espíritu irredento, cuyo universo, como su forma de cantarlo, oscila entre la crudeza, la súplica y la paranoia.

Cameron Winter y Geese o Geese y Cameron Winter, lo mismo da. Se trata de una de las mejores noticias para el rock’n’roll en este siglo XXI. Este chaval con cara de pasota desprende calidad y talento para componer canciones propensas a fabulosos estallidos eléctricos, entre digresiones errantes y balidos salvajes. Un auténtico rock’n’roll sin ley con esa voz arrastrada y triste. Hay algo hipnótico en su manera de cantar como con una despreocupación propia de alguien que, como canta en sus mejores composiciones, se mueve siempre entre la pereza y el hedonismo, pero con una certera visión de lo que pasa, como si viese prenderse el mundo ante sus ojos y se le ocurriese bailar melancólico, ardiente y borracho hasta quemarse con las llamas, sin tratar de apagarlas.

De esa escuela inacabable que dejó The Velvet Underground, Winter & Geese siguen ese sendero y son la última vuelta de tuerca de un sonido neoyorquino, muy difícil de medir, pero real como sus luces de neón y sus garitos ruidistas, iconoclastas y noctámbulos. Así, Winter & Geese muta en muchas cosas y, si se escucha toda su obra formada por tres discos de Geese y uno de Cameron Winter, se dan cita los gallos más gallos de Nueva York: Lou Reed, Television, Richard Hell, Suicide, Yeah Yeah Yeahs o The Strokes. El perfil brilla con desesperación y esmero en muchas aristas hasta el punto de que también puede venir a la memoria Nick Cave, David Bowie o Radiohead en algunas composiciones, o incluso unos coetáneos fabulosos como Foxygen o Ben Kweller.

Cuando digan que el rock’n’roll ha muerto, uno puede contrarrestar con gente como Cameron Winter y sus Geese. No son los únicos, por suerte. En las canales subterráneos y alternativos, siempre hay propuestas interesantes que intentan ensanchar este género. De entre todas estas propuestas, pocas se antojan tan especiales y deliciosamente retorcidas como este tipo que aporta esperanza al rock’n’roll desde su nihilismo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_