Un rebujito en la playa de Bolonia y otros placeres de la costa de Cádiz

Un mundo sensual, marino, espera por Semana Santa en el litoral gaditano, que goza de 285 kilómetros y gran amplitud de registros para amantes de los deportes náuticos, la historia, la música o la buena mesa

Wing Foil en la playa gaditana de Tarifa.
Wing Foil en la playa gaditana de Tarifa.Ben Welsh (Getty Images)

Apacentar un rebaño de cabras en el parque natural del Estrecho, ver la puesta de sol desde la terraza de un chiringuito, pasear por una ruta de antiguos búnqueres o el recuerdo imperecedero de Camarón. Todo ello con el mar de fondo.

Castillo de Castellar de la Frontera, en Cádiz.
Castillo de Castellar de la Frontera, en Cádiz.Bernal Revert (Alamy)

01 De murallas y alcornoques

Castillo de Castellar de la Frontera

Considerando el decidido empuje de verdor de los alcornocales que rodean el cercano embalse de Guadarranque, es lícito afirmar que este castillo fronterizo y de origen nazarí cumple con los mejores vaticinios. Del primer aparcamiento salimos para rodear a pie la muralla del siglo XIII. Una vez en el alcázar, reconvertido en el hotel Castillo de Castellar, se permite bajar al patio interior, subir a la torre en recodo y visitar el bar, que ocupa la dependencia mejor conservada: las caballerizas. Interesan las habitaciones 101 (en forma de proa) y 105. Parte de la panorámica que los clientes de este alojamiento perciben desde la azotea se disfruta también desde el mirador de los Amorosos. Luego conviene deambular por el blanco caserío de aire musulmán.

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02 Vigías del Estrecho

Ruta de los Búnkeres (San Roque-La Línea de la Concepción)

Fue durante la II Guerra Mundial cuando se estudió un desembarco inglés a lo largo de 50 kilómetros de costa campogibraltareña, a fin de extender el radio de defensa de Gibraltar. De aquel Día D frustrado pervive una constelación de búnkeres, casamatas, blocaos, baterías de costa…, uno de cuyos mejores ejemplos se encuentra junto al faro de Punta Carbonera. Entrando en la urbanización Alcaidesa por la avenida del Golf, giramos en la segunda rotonda a la izquierda y a 400 metros enlazamos con la pista en dirección Sal Verde. Rebasado el faro, tomamos la tercera pista que baja al mar y ya estamos sobre el nido de ametralladoras de acceso laberíntico y al que se puede acceder sin problemas, todo ello en un entorno de playa salvaje. A la altura del faro —otra bajada— descubrimos un búnker análogo, pero con las aspilleras camufladas con guijarros. La oficina de turismo de San Roque organiza visitas a los refugios del municipio gaditano. Al sur de la urbanización espera el chiringuito DBlanco, que atrae por su atún en manteca, sus espetos de fin de semana y su tarta de queso (abre todos los días).

Búnquer junto al faro de Punta Carbonera, en la localidad de San Roque.
Búnquer junto al faro de Punta Carbonera, en la localidad de San Roque.Guillermo Esaín

El siguiente punto de atracción son los cuatro búnkeres, idénticos, en el parque de la Princesa Sofía de La Línea de la Concepción, uno de ellos abierto a las visitas guiadas y gratuitas que organiza la oficina de turismo local (670 33 04 34). Después se pasa por el fuerte de Santa Bárbara, con su blocao y también sus búnkeres. La mejor fuente de información provincial es la Asociación Cultural Ruta de los Búnkeres.

03 Un cortijo cinco estrellas

Hotel SO/Sotogrande (San Roque)

Como una prolongación de la Costa del Sol y de su Costa del Golf malagueña se concibe la exclusiva urbanización que tiene en el lujoso hotel SO/Sotogrande uno de sus últimos reclamos. Sus habitaciones y suites cinco estrellas se extienden como si fueran casitas cortijeras, a las que se suma el spa de 2.800 metros cuadrados, con cabinas de crioterapia (el frío como estímulo) y de flotación, experimentando una relajante ingravidez. Añádase la piscina, un campo de golf de 27 hoyos y el poder disfrutar además de otros nueve campos en un radio de cuatro kilómetros. 

Instalaciones del 'spa' del hotel SO/Sotogrande.
Instalaciones del 'spa' del hotel SO/Sotogrande.Guillermo Esaín

04 Adrenalina en wing foil

Ozu Tarifa

Una quilla de nombre hydrofoil, que al ganar velocidad eleva al navegante eliminando el rozamiento con el agua, es tendencia entre los deportes náuticos. Con el wing foil se alcanzan grandes velocidades, incluso con poco viento y escasa ola: cualquiera diría que escondiera un motor. Todo exige mucha pericia, por lo que constituye una suerte de máster para deportistas. En este dispositivo, la vela es similar a la del kitesurf, pero se gobierna con las manos, sin necesidad de barra y arnés. Por supuesto, en las aguas de Tarifa también se practica surf foil, kite foil y windsurf foil. Ozu Tarifa dispone de tienda-taller y una importante escuela. Para quienes no se animen a practicarlo, también es buena idea observar a los más hábiles con esta tabla: el Campeonato de España de Wing Foil (SWL) se celebrará del 9 al 11 de abril en Chiclana de la Frontera, y la World Cup Tarifa (GWA), del 13 al 16 de octubre.

05 Pastoreo mirando al mar

Quesería El Cabrero de Bolonia (Tarifa)

Uno no puede menos que sorprenderse de encontrar tan al sur de la provincia de Cádiz, ¡y tan próxima a la playa de Bolonia!, esta pequeña quesería ecológica de leche de cabra payoya, varie dad que produce poca leche, aunque de gran calidad. La amable pareja formada por Lorena San Juan y Mario Matías organiza visitas de unas dos horas de duración (25 euros por persona) en las que se aprende a ordeñar, se participa en alguna fase de preparación del queso —todos artesanos, por lo que no existen dos piezas iguales—, finalizando con la degustación. Tienen 10 variedades, del queso tradicional al aromatizado, pasando por el azul — inusual dentro de la elaboración payoya—. Cabe también la opción de apuntarse a un día de pastoreo en el parque natural del Estrecho. Información: 650 42 17 74. 06

06 Salazones a la romana

Villa marítima de Trafalgar (Barbate)

Estas excavaciones, comenzadas en 2021, están desvelando la villa de un aristócrata romano, integrada por una mansión y unas termas (excavadas y vueltas a enterrar) y, aparte, una factoría de salazones y de acuicultura. Para ver estas dos últimas, hay que dejar el coche en la entrada de la carretera al faro de Trafalgar y caminar en marea baja toda la playa de Marisucia hasta dar con la cuesta de arena, que habrá que negociar. Así observaremos las pilas de mortero hidrófugo que servían para elaborar salazones, hoy colmatadas con arena para evitar accidentes (no pisar). Junto a la orilla practicaban la acuicultura con peces de roca, muestra de lujo y ostentación en el siglo II. El mejor plan es quedarse hasta el atardecer para comentarlo después en el bar Las Dunas.

07 De patio en patio

Vejer de la Frontera

Este pueblo blanco y de calles enrevesadas merece recorrerse como el novelista Juan Goytisolo hacía con Tánger: a la manera de un agrimensor. Partimos del hotel Plaza 18, inaugurado en 2019, que consta de seis habitaciones suntuosas en una casa mercante del siglo XIX, con interiorismo a cargo de la diseñadora británica Nicky Dobree, obras de arte y sábanas de satén de 400 hilos. De aquí buscamos el patio de El Calero (calle de la Cilla Vieja, 4), con visos de museo etnográfico, para atravesar después la puerta de Sancho IV y conocer el patio de la casa del Mayorazgo (dejar un donativo) y, por supuesto, subir a las almenas. De la plaza del Capitán Quintanilla pasamos al patio del número 7 de la calle de la Judería. Impresiona el mirador de la Cobijada, como impresionan, en el barrio de La Hoya, las calles que se distinguen por el color de sus macetas, donde descubrimos la tienda de velas L de Luz. Sobre una base de soja ecológica, aquí se recrea un mundo de olores: del aroma de azahar o higos a la más compleja evocación de un cine antiguo. Una experiencia imborrable.

Una vez en la playa de El Palmar, a unos 13 kilómetros del centro de Vejer de la Frontera, habrá que reservar con mucha antelación en el gastrobar La Azotea, gestionado por un juvenil equipo liderado por los cocineros mellizos Alberto y Christian Ponce. Son memorables su ensaladilla con atún y camarones, así como las croquetas de gambón con presa ibérica.

Fotografías expuestas en el Centro de Interpretación Camarón de la Isla, en San Fernando.
Fotografías expuestas en el Centro de Interpretación Camarón de la Isla, en San Fernando.Paco Puentes

08 La leyenda de Camarón

Centro de Interpretación Camarón de la Isla (San Fernando)

Faltaba un espacio propio donde imbuirse de la vida y obra del cantaor José Monje, Camarón de la Isla (1950-1992), de quien se cumplirán el próximo 2 de julio tres décadas de su fallecimiento. El centro, que no museo, abrió en 2021 y, en contraste con la tecnología audiovisual, lo que más impacta son los objetos que acompañaron a este mito del flamenco. El Mercedes 300 que saluda a la entrada, su capote (quiso ser torero), sus instrumentos de cuerda pulsada, su ropa y, curioso, sus libretas. De la fragua paterna a la renovación del cante jondo, sin hacer ascos a la música electrónica; luces y sombras. Uno de los mejores recuerdos es, sin duda, poder fotografiarse junto al rostro de Camarón. Para acceder, hay que reservar la entrada (gratuita) en su web.

Pared con pared está abierta desde 1937 la Venta de Vargas, santuario laico del cante jondo, en cuyo reservado —el Cuarto de Cabales— Camarón cantó en infinidad de ocasiones y donde dejó un autógrafo en el que expresaba su “almiración” por este restaurante que presume de sus papas aliñás.

Terrazas en la céntrica calle Ancha, en Sanlúcar de Barrameda.
Terrazas en la céntrica calle Ancha, en Sanlúcar de Barrameda.Alamy

09 Manzanilla y tapeo

Sanlúcar de Barrameda

Como celebración de Sanlúcar Capital Gastronómica 2022, nada como aprovechar una estancia en Cádiz para realizar una ruta por las esencias sanluqueñas sin que la calidad riña con el precio. Podemos apuntarnos a las visitas con degustación guiadas por Santiago González, propietario de Bodegas Elías González  y así conocer los entresijos de la manzanilla. El itinerario tiene al bar Los Aparceros (Pozo Amarguillo, 19) como destino para probar el ajo campero (de tapa) en torno a un vaso de manzanilla tamaño castora o gorrión (más pequeño). La Peña Bética Carlos (callejón de Guía, 24) es reputada por sus frituras, sean chocos o boquerones. ¿El secreto? La renovación constante del aceite. También resultan insoslayables los guisos marineros de La Campana (avenida del Puerto Barrameda, 69), junto al faro de Bonanza, antigua taberna de pescadores donde las propinas se celebran aún con toques campaniles. La raya, el rape al pan frito o los garbanzos con langostinos se mantienen fi eles a la tradición. El postre —torrijas y alpisteras de Semana Santa— lo buscamos en el Horno Santa María (Barrameda, 30), y los helados, en Toni (plaza del Cabildo, 2), memorables, empezando por el de lemon pie. En Espacio Décimo Arte, Jesús Márquez enseña a comprar tanto en el mercado como en la lonja, para luego elaborar propuestas culinarias.

10 Imaginería gibraltareña

Semana Santa gaditana

Si tuviéramos que calificar la Semana Santa de la provincia de Cádiz, diríamos que es íntima, sin aglomeraciones. El Viernes Santo se congregan en San Roque todas las hermandades en la Procesión Magna del Santo Entierro. Seis de las tallas, portadas en andas al uso malagueño, eran veneradas en Gibraltar antes de la invasión inglesa de 1704. Tanto en Cádiz capital como en Jerez de la Frontera, los costaleros —llamados cargadores en la ciudad de Cádiz— ocupan la parte baja del paso, al modo sevillano. En la capital procesiona la Hermandad de la Buena Muerte con el Cristo atribuido al mismísimo Gian Lorenzo Bernini; curioso ver pasar algún conjunto escultórico junto al mar por el Campo del Sur. Y no se pueden pasar por alto hits musicales como Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, compuesta por Joseph Haydn para ser interpretada el Viernes Santo en la Santa Cueva de Cádiz.

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