Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Uno de los niños atendidos en el centro médico que utiliza Médicos Sin Fronteras en el pueblo colombiano de La Gabarra, Norte de Santander, de lunes a viernes, desde 2018.
Uno de los niños atendidos en el centro médico que utiliza Médicos Sin Fronteras en el pueblo colombiano de La Gabarra, Norte de Santander, de lunes a viernes, desde 2018.

Aquellos lugares adonde no llega la medicina

15 fotos

Una unidad móvil de Médicos sin Fronteras atiende a los migrantes venezolanos que entran a Colombia por El Catatumbo, una región en la que la presión migratoria, la violencia y el abandono estatal son la norma. Así es su trabajo desde hace dos años

La Gabarra (Norte de Santander)
  • A las seis de la mañana ya están todos listos. Desde hace dos años, cada lunes, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Colombia —doctores, enfermeras, auxiliares y administrativos— carga la furgoneta de remedios, formularios y útiles, y prestan servicio hasta el viernes en La Gabarra, un corregimiento de Tibú, en el Norte de Santander, marcado por la violencia desde la masacre perpetrada por paramilitares en 1999. Hoy es, además, un rincón olvidado por el Gobierno en el que la presión migratoria no cesa y los servicios van desapareciendo conforme la carretera se aleja de la ciudad.
    1A las seis de la mañana ya están todos listos. Desde hace dos años, cada lunes, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Colombia —doctores, enfermeras, auxiliares y administrativos— carga la furgoneta de remedios, formularios y útiles, y prestan servicio hasta el viernes en La Gabarra, un corregimiento de Tibú, en el Norte de Santander, marcado por la violencia desde la masacre perpetrada por paramilitares en 1999. Hoy es, además, un rincón olvidado por el Gobierno en el que la presión migratoria no cesa y los servicios van desapareciendo conforme la carretera se aleja de la ciudad.
  • A las 10.00, cuando el equipo médico llega a la Casa Malaria –sede cedida por el Instituto Departamental de Salud del Norte de Santander en la que montan la unidad móvil–, ya hay una veintena de pacientes haciendo cola mientras buscan algo de sombra. Madres con hijos gripados a cuestas, mujeres embarazadas, muchachas que quieren planificar, ancianos con la mirada cansada… Llevan al menos dos horas esperando. Para ellos, migrantes sin apenas acceso a la atención sanitaria o a las medicinas que les recetan, el equipo de chalecos blancos son como agua de mayo.
    2A las 10.00, cuando el equipo médico llega a la Casa Malaria –sede cedida por el Instituto Departamental de Salud del Norte de Santander en la que montan la unidad móvil–, ya hay una veintena de pacientes haciendo cola mientras buscan algo de sombra. Madres con hijos gripados a cuestas, mujeres embarazadas, muchachas que quieren planificar, ancianos con la mirada cansada… Llevan al menos dos horas esperando. Para ellos, migrantes sin apenas acceso a la atención sanitaria o a las medicinas que les recetan, el equipo de chalecos blancos son como agua de mayo.
  • Leonardo Cruz se enfunda detrás de una mascarilla y unas gafas de plástico, y empieza con el triaje: “Primero los niños más 'enfermitos'. ¿Quiénes tienen diabetes o hipertensión?”. Cinco personas levantan la mano. “Ustedes también van antes”, dice. A los 20 minutos, ya están todas las citas cogidas para el lunes, martes y la mañana del miércoles. Aunque en La Gabarra hay una clínica pública, esta solo presta atención a personas migrantes en tres casos: urgencias vitales, consultas a embarazadas y vacunación básica de los menores de 10 años. “Nos ubicamos en Casa Malaria porque la estructura del puesto de salud es insuficiente incluso para el personal de allá”, cuenta Sulaith Auzaque, coordinadora de Proyecto Catatumbo de Médicos Sin Fronteras. “Somos la única organización humanitaria que ofrece atención primaria y salud mental aquí”. La sensación de abandono entre los vecinos es generalizada.
    3Leonardo Cruz se enfunda detrás de una mascarilla y unas gafas de plástico, y empieza con el triaje: “Primero los niños más 'enfermitos'. ¿Quiénes tienen diabetes o hipertensión?”. Cinco personas levantan la mano. “Ustedes también van antes”, dice. A los 20 minutos, ya están todas las citas cogidas para el lunes, martes y la mañana del miércoles. Aunque en La Gabarra hay una clínica pública, esta solo presta atención a personas migrantes en tres casos: urgencias vitales, consultas a embarazadas y vacunación básica de los menores de 10 años. “Nos ubicamos en Casa Malaria porque la estructura del puesto de salud es insuficiente incluso para el personal de allá”, cuenta Sulaith Auzaque, coordinadora de Proyecto Catatumbo de Médicos Sin Fronteras. “Somos la única organización humanitaria que ofrece atención primaria y salud mental aquí”. La sensación de abandono entre los vecinos es generalizada.
  • La Gabarra ha sido desde finales de los setenta una zona en disputa por las guerrillas por los yacimientos de petróleo y gas, la fertilidad de sus tierras para la palma, los cultivos de coca, y su estratégica posición fronteriza con Venezuela. La mayoría de los migrantes que llegan viven del raspado de coca. “Es lo que hay”, repiten resignados decenas de ellos. El sueldo semanal a jornada completa oscila entre los 200.000 y los 700.000 pesos colombianos. De 40 a 150 euros. “Las consecuencias más claras de esta actividad son las alergias en la piel”, explica el doctor Mayron Vergel.
    4La Gabarra ha sido desde finales de los setenta una zona en disputa por las guerrillas por los yacimientos de petróleo y gas, la fertilidad de sus tierras para la palma, los cultivos de coca, y su estratégica posición fronteriza con Venezuela. La mayoría de los migrantes que llegan viven del raspado de coca. “Es lo que hay”, repiten resignados decenas de ellos. El sueldo semanal a jornada completa oscila entre los 200.000 y los 700.000 pesos colombianos. De 40 a 150 euros. “Las consecuencias más claras de esta actividad son las alergias en la piel”, explica el doctor Mayron Vergel.
  • En los casi dos años que MSF lleva en La Gabarra –donde han atendido más de 11.000 consultas– y Puerto Santander (en este último ya no prestan servicios desde que otra ONG se asentó allí), se repiten las historias de desesperación y abandono. Estar enfermo en Colombia para muchos es una condena inasumible.
    5En los casi dos años que MSF lleva en La Gabarra –donde han atendido más de 11.000 consultas– y Puerto Santander (en este último ya no prestan servicios desde que otra ONG se asentó allí), se repiten las historias de desesperación y abandono. Estar enfermo en Colombia para muchos es una condena inasumible.
  • Las madres van llegando puntuales a las citas. Y otras nunca se fueron a casa. En la consulta del doctor Vergel entran pacientes sin cesar. Las patologías de los más pequeños suelen ser las mismas: diarreas, malaria, gripes y problemas respiratorios o dermatológicos. “La gente que atendemos vive en asentamientos irregulares. Muchos no tienen acceso a agua potable y viven cerca de los caños de aguas negras de toda la comunidad. Por eso las patologías son similares”, lamenta. Las progenitoras respiran algo más aliviadas al salir con un frasco de jarabe o pastillas en la mano. “En Venezuela los medicamentos son imposibles de conseguir y acá no nos los dan en el hospital”, se queja una de las pacientes.
    6Las madres van llegando puntuales a las citas. Y otras nunca se fueron a casa. En la consulta del doctor Vergel entran pacientes sin cesar. Las patologías de los más pequeños suelen ser las mismas: diarreas, malaria, gripes y problemas respiratorios o dermatológicos. “La gente que atendemos vive en asentamientos irregulares. Muchos no tienen acceso a agua potable y viven cerca de los caños de aguas negras de toda la comunidad. Por eso las patologías son similares”, lamenta. Las progenitoras respiran algo más aliviadas al salir con un frasco de jarabe o pastillas en la mano. “En Venezuela los medicamentos son imposibles de conseguir y acá no nos los dan en el hospital”, se queja una de las pacientes.
  • Las sesiones de enfermería se agendan cada 15 minutos y las de medicina cada 20. Antes de pasar, los pacientes se lavan las manos en un grifo portátil que instaló MSF en la puerta y esperan en una sala con las ventanas abiertas y las sillas colocadas a una distancia prudente. “Este es uno de los pocos sitios en los que se tiene en cuenta la pandemia”, explica una de las líderes comunitarias del asentamiento de Villa Camila. “La covid tiene miedo a La Gabarra”.
    7Las sesiones de enfermería se agendan cada 15 minutos y las de medicina cada 20. Antes de pasar, los pacientes se lavan las manos en un grifo portátil que instaló MSF en la puerta y esperan en una sala con las ventanas abiertas y las sillas colocadas a una distancia prudente. “Este es uno de los pocos sitios en los que se tiene en cuenta la pandemia”, explica una de las líderes comunitarias del asentamiento de Villa Camila. “La covid tiene miedo a La Gabarra”.
  • En el pasillo que separa las tres consultas (enfermería, medicina y psicología) cuelga una pesa para niños, a la que se suben como si de un columpio se tratara. Las madres miran preocupadas a los ojos de los sanitarios deseando no escuchar más malas noticias. Aunque la nutrición de los más pequeños es prioritaria para todas las familias, está muy lejos de ser la ideal. “No siempre nos alcanza para comprar carne o huevo”, cuenta la mamá de Ángel, de tres años.
    8En el pasillo que separa las tres consultas (enfermería, medicina y psicología) cuelga una pesa para niños, a la que se suben como si de un columpio se tratara. Las madres miran preocupadas a los ojos de los sanitarios deseando no escuchar más malas noticias. Aunque la nutrición de los más pequeños es prioritaria para todas las familias, está muy lejos de ser la ideal. “No siempre nos alcanza para comprar carne o huevo”, cuenta la mamá de Ángel, de tres años.
  • Víctor Bautista Olarte, secretario de Fronteras, Asuntos Migratorios y Cooperación de Norte de Santander lamenta la “criticidad” de la vida de la población migrante en el territorio colombiano. “Soy consciente de la gravedad de la situación pero necesitamos ayuda del Gobierno. Para nosotros es inabarcable”, dice por teléfono. “Las condiciones de vida en los asentamientos son insalubres, pero no damos abasto”.
    9Víctor Bautista Olarte, secretario de Fronteras, Asuntos Migratorios y Cooperación de Norte de Santander lamenta la “criticidad” de la vida de la población migrante en el territorio colombiano. “Soy consciente de la gravedad de la situación pero necesitamos ayuda del Gobierno. Para nosotros es inabarcable”, dice por teléfono. “Las condiciones de vida en los asentamientos son insalubres, pero no damos abasto”.
  • Los implantes anticonceptivos son uno de los servicios más solicitados en la consulta de la enfermera Zaida Jaimes, que explica con esmero a cada paciente los desequilibrios que provoca y resuelve las dudas más frecuentes. Entre ellas, la primera: “¿Duele?”. El injerto se coloca debajo de la piel en la parte superior del brazo, con anestesia local. Este va liberando una dosis baja y regular de una hormona progestacional para engrosar la mucosa del cuello del útero, afinar el endometrio e inhibir la ovulación. “Suele dar cansancio, dolores frecuentes de cabeza, depresión… ¿Quieres seguir adelante con el proceso?”, confirma Jaimes, antes de entregarle los documentos con el consentimiento. Este método se ofrece gratuitamente aunque tiene un coste de 700.000 pesos. Unos 155 euros. Hasta la fecha, 262 mujeres han solicitado abortos seguros en el municipio de La Gabarra, de los cuales 19 han sido referidos por MSF a otras organizaciones por ser embarazos de más de 12 semanas.
    10Los implantes anticonceptivos son uno de los servicios más solicitados en la consulta de la enfermera Zaida Jaimes, que explica con esmero a cada paciente los desequilibrios que provoca y resuelve las dudas más frecuentes. Entre ellas, la primera: “¿Duele?”. El injerto se coloca debajo de la piel en la parte superior del brazo, con anestesia local. Este va liberando una dosis baja y regular de una hormona progestacional para engrosar la mucosa del cuello del útero, afinar el endometrio e inhibir la ovulación. “Suele dar cansancio, dolores frecuentes de cabeza, depresión… ¿Quieres seguir adelante con el proceso?”, confirma Jaimes, antes de entregarle los documentos con el consentimiento. Este método se ofrece gratuitamente aunque tiene un coste de 700.000 pesos. Unos 155 euros. Hasta la fecha, 262 mujeres han solicitado abortos seguros en el municipio de La Gabarra, de los cuales 19 han sido referidos por MSF a otras organizaciones por ser embarazos de más de 12 semanas.
  • En la sala de enfrente, Lina Quintero, psicóloga de MSF, acaba de terminar la consulta con Mercedes Castro, una madre migrante de un joven con esquizofrenia que lleva varios años viviendo en La Gabarra. “La estigmatización de la salud mental es siempre la misma. Acá las frases que más se repiten son: ‘Eso se quita con trabajo’ o ‘eso es cosa de locos”, narra la experta.”En el caso de este chico, Jorge, tiene un entorno familiar que no favorece su funcionalidad y toda la carga de cuidados recae sobre su madre. Y está agotada”. “Para mí”, dice doña Mercedes, “que me escuchen es una bendición”.
    11En la sala de enfrente, Lina Quintero, psicóloga de MSF, acaba de terminar la consulta con Mercedes Castro, una madre migrante de un joven con esquizofrenia que lleva varios años viviendo en La Gabarra. “La estigmatización de la salud mental es siempre la misma. Acá las frases que más se repiten son: ‘Eso se quita con trabajo’ o ‘eso es cosa de locos”, narra la experta.”En el caso de este chico, Jorge, tiene un entorno familiar que no favorece su funcionalidad y toda la carga de cuidados recae sobre su madre. Y está agotada”. “Para mí”, dice doña Mercedes, “que me escuchen es una bendición”.
  • Los llantos de los bebés y el mecido de las mamás preocupadas son el hilo musical de la sala de espera. Una de ellas revisa a cada rato la temperatura de la frente del niño que carga en brazos, otra persigue con la mirada a la pequeña Jimena que todo lo toca y otra se acaricia la barriga del octavo mes de embarazo. La mayoría de pacientes son niños y sus madres.
    12Los llantos de los bebés y el mecido de las mamás preocupadas son el hilo musical de la sala de espera. Una de ellas revisa a cada rato la temperatura de la frente del niño que carga en brazos, otra persigue con la mirada a la pequeña Jimena que todo lo toca y otra se acaricia la barriga del octavo mes de embarazo. La mayoría de pacientes son niños y sus madres.
  • A la consulta de la enfermera Jaimes entra uno de los pocos pacientes varones de este lunes. “Quería hacerme la prueba del sida”, pide mientras apoya su sombrero vueltiao, típico de la zona, en la rodilla. “¿Qué es lo que conoce usted de la enfermedad? ¿Ha tenido relaciones sexuales de riesgo?”, pregunta. El hombre, de unos 35 años, asiente con vergüenza y escucha con atención la explicación que reproduce mecánica Jaimes. “Las enfermedades de transmisión sexual acá son muy frecuentes”, cuenta horas después. “Sobre todo en chicas jóvenes e incluso en niñas. Las violaciones y los abusos son muy comunes. Y también asistimos a muchas venezolanas que practican sexo a cambio de dinero, por la propia necesidad”, lamenta.
    13A la consulta de la enfermera Jaimes entra uno de los pocos pacientes varones de este lunes. “Quería hacerme la prueba del sida”, pide mientras apoya su sombrero vueltiao, típico de la zona, en la rodilla. “¿Qué es lo que conoce usted de la enfermedad? ¿Ha tenido relaciones sexuales de riesgo?”, pregunta. El hombre, de unos 35 años, asiente con vergüenza y escucha con atención la explicación que reproduce mecánica Jaimes. “Las enfermedades de transmisión sexual acá son muy frecuentes”, cuenta horas después. “Sobre todo en chicas jóvenes e incluso en niñas. Las violaciones y los abusos son muy comunes. Y también asistimos a muchas venezolanas que practican sexo a cambio de dinero, por la propia necesidad”, lamenta.
  • En la primera sala, que hace de recepción, se toman también las muestras para las pruebas de malaria. Este lunes, de las 16 realizadas, cinco dieron positivo. Estos casos son luego reportados y derivados al sistema nacional de salud. El agua y la insalubridad de la mayoría de viviendas, hábitat ideal para los mosquitos transmisores de la enfermedad, disparan también estos índices.
    14En la primera sala, que hace de recepción, se toman también las muestras para las pruebas de malaria. Este lunes, de las 16 realizadas, cinco dieron positivo. Estos casos son luego reportados y derivados al sistema nacional de salud. El agua y la insalubridad de la mayoría de viviendas, hábitat ideal para los mosquitos transmisores de la enfermedad, disparan también estos índices.
  • El día termina cerca de las 17.00 y el cansancio se siente en la energía del grupo de sanitarios de MSF. Unos cuantos se animan a ir al gimnasio y otros solo piensan en encender el aire acondicionado del hotel, llamar a sus familias y dormir. Aún es lunes y queda toda una semana por delante.
    15El día termina cerca de las 17.00 y el cansancio se siente en la energía del grupo de sanitarios de MSF. Unos cuantos se animan a ir al gimnasio y otros solo piensan en encender el aire acondicionado del hotel, llamar a sus familias y dormir. Aún es lunes y queda toda una semana por delante.