Opinión
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La movilidad urbana va a cambiar, y puede que con ella el reparto del espacio en la ciudad del futuro

Las urbes deben seguir apostando por el transporte público, la bicicleta y los peatones

Una 'bicifestación' recorrió Málaga el pasado domingo 14 de febrero.
Una 'bicifestación' recorrió Málaga el pasado domingo 14 de febrero.EUROPA PRESS

La pandemia nos ha envuelto en un entorno de incertidumbre, tanto de las cosas que dependen de uno mismo, como las que no y, entre ellas, se encuentra el cómo movernos. En este contexto, la recomendación de utilizar el coche en detrimento del transporte público lanza un mensaje equivocado, incluso en esta triste circunstancia de crisis sanitaria, el confinamiento y la vuelta a la normalidad.

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Y es que la elección del modo de transporte ya sea coche, transporte público, bicicleta, a pie … se produce atendiendo a dos variables fundamentales: la distancia y la información disponible para realizarlo.

La variable de la distancia es sencilla y, en el entorno urbano, existe menos dispersión. En cambio, la segunda variable es muy compleja y el conocimiento de las distintas opciones no garantiza la elección del modo adecuado —o más eficiente, si atendemos al concepto de la movilidad sostenible— para cada desplazamiento.

Entre la información disponible para realizar un viaje se encuentran los modos, el tiempo del viaje, el coste total, la comodidad, la imagen, la seguridad, etc. Las ciudades son sistemas complejos que influyen en la movilidad recurrente y no recurrente de sus habitantes y visitantes. Aspectos como la oferta de transporte público, la accesibilidad que aporta la red viaria o la facilidad de aparcamiento influyen tanto como los motivos familiares, de trabajo u ocio a la hora de desplazarse en la ciudad.

Si la información que se transmite es que el transporte público es inseguro, los usuarios van a tratar de evitarlo y, más aún, en estas circunstancias. La movilidad urbana va a cambiar y puede que, con ella, el reparto del espacio urbano en la ciudad del futuro. No es una cuestión de coche sí, coche no, transporte público sí o no, horas punta, masificación, etc., sino de una utilización adecuada de los modos disponibles.

Del mismo modo que la utilización de coche como modo de transporte para realizar viajes 'puerta a puerta' en la ciudad no siempre es adecuado, en muchas ocasiones, el transporte público absorbe viajes que podrían ser más eficientes si se realizaran en otros modos como, por ejemplo, la bicicleta, si el usuario tiene mayor seguridad. Esto conllevaría, entre otras cosas, darle más capacidad en la red viaria, en detrimento de la que se ha dado tradicionalmente al coche.

Los gobiernos de muchas grandes ciudades de todo el mundo han visto claramente que en época postcovid se presenta como una oportunidad para replantearse la movilidad en las ciudades. La intermodalidad es un elemento clave en el transporte de las ciudades y es un aspecto clave para la movilidad individual.

Los retos que plantea la movilidad se pueden convertir en enfrentamiento cuando se da prioridad a unos modos frente a otros en ciudades (o partes de ellas) sin tener claros motivos para ello. Apostar por el transporte público, la bicicleta y los peatones, con todo lo que esto representa en términos de reparto de espacios y prioridades en el espacio público, tendría efectos muy positivos.

Rafael Ruiz es director asociado de ARUP.

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