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Viñedos, el gallo ‘Michael Fassbender’ y la gallina ‘Meryl Streep’. La vida como granjero de Sam Neill

El actor neozelandés ha rodado más de 85 películas en 60 países. Entre ellas, la más taquillera de la historia y el mayor fracaso jamás visto. Pero lo que le gusta es el vino

Sam Neill, con mirada socarrona y vestido de Giorgio Armani.
Sam Neill, con mirada socarrona y vestido de Giorgio Armani.

Hollywood está lleno de hombres hechos a sí mismos, pero pocos en un sentido tan literal como Sam Neill (Omagh, Irlanda del Norte, 1947). Considera que su primera interpretación fue a los siete años, cuando su familia se mudó a Nueva Zelanda, por una cuestión de supervivencia. “Aquello fue una reordenación de mí mismo. Yo al principio fingía ser neozelandés, pero lo fingía con mucha sinceridad porque era un niño delgado y tartamudo llamado Nigel en un lugar donde si sonabas como un Nigel te daban una colleja. Así que decidí dejar de sonar como un Nigel. Me gustaban las novelas de vaqueros, que estaban llenas de tipos llamados Sam o Bill. Las únicas personas que siguen llamándome Nigel son mi hermano y mi hermana. Y todavía me molesta”, reconoce. Así fue como Sam Neill empezó a cumplir los sueños de Nigel.

Un día miró de reojo las notas de un director de casting neozelandés y vio que solo había una frase escrita junto a su nombre: “Podría funcionar en papeles de homosexual”. La observación no le ofendió, pero le hizo comprender que no tenía futuro como actor en su país de acogida. Cuando consiguió su primer papel de enjundia en Australia a los 30 años, en Mi brillante carrera (1974), dejó su trabajo y puso su casa en venta. En 1990 debutó en Hollywood con La caza del Octubre Rojo, experiencia profesional que Neill ha descrito como la menos agradable. Hoy matiza sus quejas: “Solo me resultó un poco extraño porque todo el equipo eran hombres y yo estaba acostumbrado a trabajar con mujeres. Fue como estar en un equipo de fútbol”. Obtener el papel principal en Parque Jurásico (1993), claro, sería entonces el equivalente a ganar la Champions.

United passions ostenta el récord de la peor recaudación en el primer fin de semana en EE UU: 848 euros. Las pérdidas totales ascendieron a 25 millones, pero Neill salió de la debacle con su prestigio intacto y una inyección de capital para sus viñedos.

Haber protagonizado la película más taquillera de la historia en su día y, dos décadas después, uno de los fracasos más ridiculizados tiene que ser algún tipo de récord. El estreno de United passions, un proyecto propulsado desde la vanidad con el que la FIFA pretendía contar en clave épica su propia historia, coincidió con el escándalo de corrupción que culminó con la destitución de su presidente Sepp Blatter. “No voy a decirte nada malo sobre Sepp, ¿eh?”, avisa el actor entre risas. “Rodamos en lugares preciosos, el director y los actores eran encantadores y la FIFA nos pagó muy bien”. Por supuesto que lo hicieron. Las risas se vuelven carcajadas mientras el actor añade que a él ni siquiera le interesa el fútbol. “Blatter me pareció un hombre fascinante. Le pregunté qué tipo de hombre era Joao Havelange, su mentor [y presidente de la FIFA entre 1974 y 1998, al que Neill interpretaba en la película], y me dijo: ‘Cuando Havelange entraba en una habitación, la temperatura bajaba diez grados’. Me pareció muy perspicaz esa observación. Y el sueldo era muy bueno”. Ya ha repetido esto último tres veces, así que debió de ser realmente bueno. Las carcajadas empujan al actor a recostarse en la silla. United passions ostenta el récord de la peor recaudación en el primer fin de semana en EE UU: 848 euros. Las pérdidas totales ascendieron a 25 millones, pero Neill salió de la debacle con su prestigio intacto y una inyección de capital para sus viñedos. “Me fascina el vino, su proceso de crianza y la cultura que lo rodea. Y eso ha sido… no lo llamemos pasión, que no le tengo demasiada estima a esa palabra, pero es algo que encuentro muy atractivo”, explica.

Con aquel primer cheque de Spielberg en 1993 plantó su primer viñedo. Ahora tiene cuatro. Sus vídeos con los animales de su granja, que incluyen un gallo llamado Michael Fassbender, una gallina llamada Meryl Streep, una vaca llamada Helena Bonham-Carter y una oveja llamada Susan Sarandon, causan sensación en redes sociales. “Ya no disfruto Twitter tanto como antes”, lamenta. “Hay mucha gente gritándose, se suponía que Internet iba a acercarnos como comunidad y lo que está ocurriendo es solo que hay más sitios donde tratar mal a los demás”.

El actor presume de haber rodado muchas películas (87, la próxima será Jurassic World: Dominion) y en muchos países (60) pero está aún más orgulloso de haber hecho muchos amigos. “Soy una persona muy poco competitiva, me alegro cuando a los demás les va bien. Conozco gente que se deja consumir por pensamientos como ‘las cosas no están saliendo bien’, ‘no me dan mi gran oportunidad’ o ‘le han dado el papel a otro’. A mí me da igual”, asegura. Quizá por esa modestia declinó el título de sir en 2007. “Es solo un título. Y me ha costado mucho hacerme un nombre, Sam Neill, como para cambiarlo ahora”.

 

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