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Más calidad, menos cantidad y aún más seguridad: así viajaremos en la pandemia

Las restricciones y la crisis económica del viajero marcarán el sector turístico, que verá como las vacaciones se empiezan a parecer más a las de los años setenta y menos a los grandes viajes a los que muchos ya se habían acostumbrado

Unos cuantos pasajeros, demasiado juntos para los estándares actuales post-pandemia, comparten un autobús turístico en Nueva York en 1940.
Unos cuantos pasajeros, demasiado juntos para los estándares actuales post-pandemia, comparten un autobús turístico en Nueva York en 1940. Getty Images

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"Miedo”, coinciden los consultados. Ese es el concepto que marca a una industria que afronta una debacle a corto plazo. La crisis sanitaria la ha golpeado en todos los países del planeta y en todos los estratos: aerolíneas, agencias, hoteles, portales web, compañías de alquiler de coches… Un estudio de la Organización Mundial del Turismo (OMT) asegura que las distintas regiones del mundo han ofrecido respuestas similares frente a la covid-19. Fechado el 16 de abril, el informe destaca que desde enero de 2020, el 100% de los destinos en África, Asia, el Pacífico y Oriente Medio han impuesto restricciones al turismo relacionadas con la pandemia. En América, es el 92% y en Europa, el 93%. Eso es el presente. A medio plazo todo es incertidumbre. “Lo que pase dependerá mucho de cuánto se alarguen los planes de desescalada del Gobierno con respecto a viajes y establecimientos hoteleros. No es lo mismo tres meses que seis”, aventura Joan Miquel Gomis, profesor de Estudios de Economía y Empresa y director del Programa de Turismo de la Universidad Oberta de Cataluña.

¿Qué ocurrirá después? En algún momento (nadie se atreve a aventurar en voz alta cuándo, pero se confía en que sea en 2021), las restricciones se levantarán y viajar se convertirá en una opción individual. Y ahí es cuando entra otro factor. “El terreno ahora se está abonando con una cosa que se llama miedo”, dice Gonzalo Gimeno, especialista en viajes que lleva diez años al frente de la agencia Elefant Travel, especializada en organizar viajes a medida. “Cuando piense en viajar, la gente va a tener mucha inseguridad por diferentes razones. Algunas son más racionales, como si se queda tirada, si se ve metida en una cuarentena… Otras no tanto”, explica.

Ese miedo y la crisis económica (“por muchas ganas que tenga la gente de viajar, su capacidad adquisitiva estará muy tocada”, apunta Gomis) van a hacer necesariamente daño a una industria que lleva décadas viviendo de la cantidad. Los partes anuales incidían en el aumento de las cifras de visitantes, lo que hacía que el turismo pareciera regirse por los mismos criterios que la industria siderúrgica. En 2019 se registraron 1.500 millones de llegadas de turistas internacionales en el mundo. “Se espera que este incremento del 4% con respecto al año anterior se repita en el 2020, lo que confirma la posición del turismo como un sector económico pujante y resistente”, decía un informe de la OMT a finales de enero. Y 2019 había sido un año flojo en cuanto a crecimiento, según esta organización, por la incertidumbre en torno al Brexit, el hundimiento de Thomas Cook, las tensiones geopolíticas y sociales y la ralentización de la economía global.

Un grupo de noventa y cinco alemanes llegan a Barcelona en 1960. El turismo puede volver a parecerse, en gran medida, a eso: turismo de proximidad, vuelos más caros.
Un grupo de noventa y cinco alemanes llegan a Barcelona en 1960. El turismo puede volver a parecerse, en gran medida, a eso: turismo de proximidad, vuelos más caros. EFE

"Es más importante la calidad que la cantidad. Aunque la industria ha apostado por lo contrario. Quizás este puede ser un factor que en la postcrisis mejore"

Joan Miquel Gomis, profesor de Estudios de Economía y Empresa y director del Programa de Turismo de la Universidad Oberta de Cataluña

“Yo llevo muchos años en esto y ya es un tópico, pero es más importante la calidad que la cantidad. Aunque la industria ha apostado por lo contrario”, explica Gomis. “Quizás este puede ser un factor que en la poscrisis mejore. Porque en los últimos años había vientos importantes contra la masificación, con casos como Venecia o Barcelona, y el debate estaba allí. Ahora es un momento importante para la gestión pública del turismo y se están tomando decisiones que pueden tener consecuencias en la configuración del futuro. Se van a tener que implantar normas sanitarias. Y hay muchas preguntas: ¿cuáles serán los protocolos?, ¿van a volver los aviones a operar a un 100% de ocupación?”, apunta el profesor.

“Después del 11-S todo el mercado se enfocó en la seguridad. Solo hay que fijarse en cómo cambiaron los aeropuertos, las aerolíneas, los visados electrónicos. Ahora va a haber un empuje muy fuerte en el mundo turístico hacia la sanidad”, explica Gimeno. “El nivel de seguridad es muy alto y eso la gente lo da por hecho. Costó aceptarlo, pero ahora todo el mundo asume que un mayor control conlleva una mayor protección. A partir de ahora, quien pueda garantizar que hay una regulación detrás de su actividad lo tendrá mejor”. Ya en marzo en algunos aeropuertos, como los canarios, se medía la temperatura corporal de los viajeros. Si era más alta de lo debido eran sometidos a un test. Eso puede convertirse en un gesto tan habitual como sacarse las monedas de los bolsillos en los controles.

La obsesión, remarcan, es la seguridad sanitaria y eso va a afectar a todos los aspectos de un viaje por ocio. Hemos vivido el auge de los apartamentos turísticos alquilados en plataformas como Airbnb porque eran más baratos que los hoteles. En 2018 y a pesar de las restricciones en Madrid, Berlín, Barcelona o Palma de Mallorca, las reservas en viviendas en alquiler se dispararon casi un 30%, un ritmo de crecimiento diez veces superior al de los hoteles. ¿Esa tendencia continuará en el mundo postcovid? “Los hoteles tienen inspecciones, que se endurecerán, y los inspectores, además de las cosas de siempre, mirarán todo lo relacionado con los virus”, afirma Gimeno.

Es posible que en lo que respecta al turismo, el nuevo mundo se parezca a los años sesenta. Menos viajes, más pensados y más caros. La mayoría, cerca de casa. Los internacionales, reservados para ocasiones muy especiales y planificados por especialistas

“Quizás, estoy especulando, pidan un test sanitario a todos los trabajadores del hotel en cualquier lugar del mundo. Airbnb no es una entidad reguladora. Tú pones tu piso y los usuarios te lo valoran. Pero no hay una certificación oficial que te diga: ‘Yo, Estado, he ido a ver el piso y te garantizo que esto es así’. Es más que posible que vivamos un renacer del hotel”, concluye. Por seguridad sanitaria y por las políticas de cancelación de las plataformas. Más complicadas de lo que parecen, como comprueban los millones de usuarios que ahora mismo intentan recuperar las señales de sus alquileres para el verano.

Por eso los seguros de viaje van a cobrar una nueva importancia. Siempre se ha aconsejado firmar uno, pero, ¿cuántas veces ha viajado sin él? ¿Ahora se atrevería? En este mundo nuevo, los seguros de cancelación pueden ayudarle en el caso de que un rebrote en su destino desaconseje la salida. Y los de viaje, garantizarle la atención médica necesaria y la repatriación. “Lo que va a pasar es que los viajeros van a aprender a leer”, explica Gimeno. “Porque la gente piensa que un seguro de viaje de esos que te dan las tarjetas de crédito si pagas con ellas un billete de avión lo cubre todo. Y no. Los seguros tienen una cobertura muy buena, de 30.000 a 55.000 euros habitualmente, pero no cubren pandemias, no cubren volcanes, no cubren si tienes una patología previa… Va a haber que estudiarlos con más cuidado. Ahora mismo el escenario es que hay unos nuevos riesgos a cubrir, que hay que especificar más. Si yo me voy con un virus sin síntomas de España y me ingresan en Colombia, ¿el seguro lo cubre o no? El tema sanitario se pasaba por encima y ahora va a haber que centrarlo. El mercado va a producir unas pólizas más completas para que la gente pueda viajar más tranquila”.

Y luego están las compañías aéreas, “el sistema nervioso del turismo”, según Joan Miquel Gomis. Su situación es dramática. La IATA calculaba en marzo perdidas de 115.000 millones de dólares. “Las aerolíneas lo que están haciendo es favorecer el crédito. Si se cancela el viaje, te guardan esa cantidad de dinero durante 12 meses. Incluso a otro destino”, dice Gimeno. “Eso puede aportar una mayor flexibilización”. En casos de causa mayor, como el cierre de fronteras, deberían devolver el dinero. Pero, como en otros muchos casos, las compañías no tienen ingresos. Devolver el ya abonado sería su ruina. Tienen dos opciones, pedir un crédito de los abiertos por los gobiernos o a un banco, y con eso devolver al cliente el dinero y arreglarse con la entidad para pagarlo o no devolverlo y enfrentarse a los clientes.

Cuando vuelvan, los vuelos se van a reducir. Las plazas también. Se apunta a que en algún caso hasta un 50%. Y eso significa un aumento en el precio de los billetes. “Lo hemos olvidado, pero aunque se diga que la democratización de los viajes llegó con las líneas aéreas low cost, esto no es así”, recuerda Gomis. “El volar barato lo introdujeron los touroperadores alemanes e ingleses, lo que pasa es que el precio del billete estaba incluido en el paquete y no se veía. Pero utilizaban técnicas de bajo coste y volar era muy económico. Estamos hablando de la sociedad del bienestar después de la II Guerra Mundial. La gente empieza a salir de su país, que ahora lo vemos como una cosa muy normal, pero tenían cierto temor e intranquilidad. Entonces, el touroperador alemán era el que te daba las garantías. ‘No te preocupes, ya sé que no conoces España, pero el hotel es nuestro, está todo controlado…’. Esa confianza se la daba el viaje organizado. Y eso es un poco lo que creo que va a pasar. Ahora, la gente va a pensar: ‘Vale, yo me voy a un sitio, pero ¿y si pasa esto? ¿Y si pasa lo otro?’. Por eso creo que se va a potenciar la vuelta de las agencias y del turismo de proximidad”.

Es posible que en lo que respecta al turismo, el nuevo mundo se parezca a los años sesenta. Menos viajes, más pensados y más caros. La mayoría, cerca de casa. Los internacionales, reservados para ocasiones muy especiales y planificados por especialistas: “Desde la aparición de Internet el papel de las agencias estaba en entredicho. Yo me organizo mi viaje”, dice Gomis. “De alguna manera ahora queda claro su papel. Si tú contratas un viaje combinado que incluya dos cosas básicas, viaje y estancia, las agencias están obligadas por ley a ofrecerte un seguro, algo que el viajero independiente normalmente no tiene en cuenta. En situaciones de emergencia es cuando la labor de los profesionales se pone en valor”. Y esta, desde luego, es una situación especial.

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