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“Si tenemos un miedo excesivo, los niños difícilmente podrán gestionar sus emociones”

La psicóloga Nuria García aborda en esta entrevista cómo dirigir los temores de los menores en esta cuarentena, así como recursos que pueden ser útiles para los progenitores

La psicóloga Núria García de Ayudarte Estudio de Psicología

Tras varias semanas de aislamiento domiciliario, la impaciencia por no poder salir a la calle, jugar con sus amigos o volver al cole pueden mezclarse con una impalpable sensación de miedo que, entre las cuatro paredes de casa, de vía libre a la ansiedad, el enfado y la frustración de los más jóvenes. Para saber afrontar esa posible situación, cómo prevenirla y cómo dotar a nuestros hijos de las herramientas necesarias para que entiendan y procesen adecuadamente todo lo que sucede a su alrededor, hablamos con Nuria García, psicóloga especializada en niños y adolescentes.

Pregunta. ¿De qué manera puede llegar a afectar emocionalmente la cuarentena a los niños?

Respuesta. Los niños, al igual que los adultos, experimentan emociones como la ansiedad, el miedo, la tristeza y el enfado, ya que el aislamiento interfiere en su vida a nivel personal, familiar, social y de ocio. La ansiedad se genera porque no hay una fecha límite de cuándo va a acabar este aislamiento. Más o menos, saben el motivo, pero no la duración ni lo qué pasará después. Eso puede derivar en inseguridad, miedo y preocupación porque sus familiares más mayores o seres queridos se contagien, o que incluso les pueda pasar algo a ellos mismos. También experimentan tristeza, tanto por no poder salir a la calle y ver a sus amigos, como por sus abuelos. A veces, llegan a sentirse culpables por no poder visitarlos o por ser ellos los que podrían haberlos contagiado. Todas esas emociones pueden ser un cóctel que aumente su irritabilidad, enfado y frustración.

P. ¿Cómo podemos evitar que desarrollen miedo o ansiedad?

R. Lo fundamental es mantener nosotros una actitud proactiva ante el conflicto. Si nosotros nos mostramos irritables, tristes o sentimos un gran miedo, ellos tendrán más dificultades para gestionar sus emociones. Además, es importante ser más comprensivos y flexibles que en otros momentos. No es una situación normal, así que las medidas que debemos tomar son más extraordinarias: extra de amor, extra de paciencia y extra de creatividad. Aunque eso no significa que tengamos que estar siempre haciendo actividades o compensando el tiempo perdido.

P. ¿Qué debemos decirles para que sean conscientes de la necesidad de ser precavidos y tomar precauciones, sin que eso derive en miedo?

R. La mejor forma para evitar alarmarlos es introducir las medidas de higiene que nos dice Sanidad en nuestra rutina diaria, mediante juegos de mesa como el que te ofrecen en Proferecursos, donde te hacen preguntas sobre el virus, o cuentos donde te explican la importancia de la higiene, como en Coronavirus no es un príncipe (ni una princesa), de la periodista María Coco. El aprendizaje siempre es mucho mejor si se hace con sentido del humor y jugando, que imponiendo o reprochándoles las conductas que no hacen bien. Necesitan un proceso de adaptación para adquirir esas rutinas y quizás requiere de mucha repetición, pero tenemos la suerte de que los niños se adaptan mucho mejor que los adultos a los posibles cambios.

P. Si nuestro hijo tiene miedo por la pandemia, ¿con qué estrategias, actividades o rutinas podemos aportarles tranquilidad?

R. La mejor estrategia que podemos tener es la de hablar con ellos sobre cómo se sienten, y además compartiendo cómo nos sentimos nosotros. Quizás esta parte puede ser más difícil, por eso, un cuento gratuito que es especialmente útil y que trabaja la expresión emocional es Elena en cuarentena, de Natalia Manchón y Beatriz Canseco, un cuento con ejercicios prácticos y sencillos donde los niños pueden expresarse mientras la familia les acompaña.

Asimismo, sería recomendable que les diéramos alternativas para gestionar ese miedo o esa ansiedad. La mejor forma es empezar por técnicas de distracción para que no estén dando muchas vueltas a esos pensamientos; en nuestro vídeo Cómo combatir el aburrimiento en los niños hay hasta 11 ideas que pueden poner en práctica en casa ellos mismos, e incluso trucos sobre cómo combatir su posible ansiedad.

P. ¿De qué forma debemos adaptarnos la forma de gestionar sus miedos?

R. A la hora de gestionar su miedo, es importante adaptarnos a su edad y al tipo de miedo que tengan. Los miedos pueden estar relacionados con estímulos imaginarios (en niños de 4 a 6 años), como que el coronavirus está en nuestra habitación por la noche, es mejor combatirlo a su vez con imaginación y sentido del humor: o relacionados con estímulos reales o posibles, como el miedo a contagiarme porque mis padres son personal sanitario y están en contacto con enfermos, o el miedo a que algún ser querido pueda morir por estar expuesto o ser una persona de alto riesgo.

Lo mejor es que las respuestas sean acordes a lo que saben: si tienes miedo a contagiarte, puedes ayudarme a limpiar y desinfectar más a menudo la casa, o lavarte las manos frecuentemente. En el caso de que alguien esté contagiado, le puedes decir que esa persona estaría en aislamiento y cómo sería el procedimiento, para que no se asuste. Se trata de que tu hijo esté preparado ante ese miedo, y sepa qué herramientas hay su alcance para que sea una parte activa de la solución.

P. ¿Cómo deben hablar los adultos en casa si hay niños cerca?

R. Es necesario no ocultarles información a los niños y ser sinceros con la situación que está a nuestro alrededor. Ellos son muy intuitivos y, si creen que sucede algo, acabarán encontrando la forma de averiguar lo que sucede. Así que lo mejor es hablar con naturalidad del tema, pero resumiendo la información que tenemos y adaptándolo al nivel del niño. Cuanto más mayor, más información o detalles podemos darles. Por ejemplo, si un niño de 2 años te pregunta o tienes que explicarle que se va a quedar más tiempo en casa, puedes decirle que el “virus” o el “bicho malo” (que es como algunos lo llaman) sigue suelto, pero cada vez está haciéndose más pequeñito, gracias a que nosotros no salimos a la calle.

P. ¿Es importante para su bienestar emocional que los niños y niñas sigan una cierta rutina durante la cuarentena?

R. Las rutinas aportan seguridad a nuestros hijos y mejoran el ambiente en casa, porque así cada uno sabe lo que tiene que hacer, además de favorecer su autonomía y organización. Con la cuarentena, hay rutinas de higiene y alimentación que no han cambiado, y horarios que se mantienen, como la hora de dormir o comer. Sin embargo, lo que más preocupa es qué hacer entre rutina y rutina. Los niños no están en el colegio y es inviable llevar un horario más estricto, pero tampoco están de vacaciones, y a eso se suma que los padres tienen que teletrabajar. Por eso, convendría alcanzar un punto intermedio: que, por las mañanas, los niños se dedicaran a tareas escolares, y que, a los que no tuvieran, por edad, les propusiéramos alguna actividad que les estimulara y fuera más educativa, como alguna manualidad o simplemente dibujar o jugar con la plastilina. Por la tarde podrían tener un ocio menos dirigido por el adulto.

P. Ahora que los papás han de trabajar desde casa, ¿cómo podemos inculcar en los niños una cultura de mayor respeto en casa?

R. No se pueden pretender cambios radicales, antes del confinamiento es posible que ya existiera ese problema: niños que interrumpen a los adultos cuando hablan, niños dependientes de sus padres… Lo mejor es adelantarse a que pueda pasar y explicárselo de forma calmada, para que vayan entendiendo la nueva situación: “Si tienes alguna duda sobre los deberes, espera al final de la mañana y te las resuelvo”; “ si me ves hablando con el móvil, tienes que esperar a que cuelgue y luego te atiendo”; o incluso tener una contraseña para que tu hijo sepa que le has visto y cuando te la haga y tú se la hagas sepa que le responderás lo antes posible.

P. ¿Cómo ayudarles a entender que los papás necesitan un espacio para poder trabajar?

R. Es difícil que comprendan eso cuando no existen espacios separados o cuando nunca han visto a sus padres teletrabajar. Es normal que quieran estar con sus padres y compartir momentos con ellos. Cuando trabajan, no los ven y cuando están en casa significa que tienen tiempo para ellos. Así que lo mejor que pueden hacer en ese caso es:

  • Tener espacios separados: habilitar un cuarto que sea como un despacho, por ejemplo.
  • Hablarles del tiempo: cuando la aguja llegue aquí, estaré contigo. Si es un niño muy dependiente, no pasar a dejarle solo durante horas, sino que sea por períodos cortos de tiempo.
  • Adelantarte a los conflictos por los que te necesitan y darles una respuesta estándar para que puedan aprender a resolverlo, o sepan qué hacer cuando eso suceda. Por ejemplo, si siempre te avisan porque pelean con su hermano, no saben hacer algún ejercicio, se aburren...

Cómo teletrabajar, conciliar y no volverte loco

Para evitar sentirse ansiosos, agotados o estresados por tener que teletrabajar e intentar conciliar, de la mejor manera posible, durante estas semanas de confinamiento forzoso, la psicóloga Nuria García recomienda una serie de prácticas o rutinas que los padres pueden implementar en el dia a día:

  • Reduce las expectativas. No vas a aprovechar tanto el tiempo como cuando estabas en la oficina, pero eso no significa que tenga que ser peor. Habrá momentos en los que quizás incluso te concentres más que antes y seas más productivo, porque tienes menos tiempo.
  • Organiza tu tiempo. Quizás no sigas el horario de oficina que esperas, pero es importante reajustar los horarios a los momentos que puedes tener más libres, marcarte un tiempo para hacer la comida o limpiar. Evita la improvisación, eso ayuda a aprovechar mejor el tiempo.
  • Delega en tu pareja, y si no la tienes, trata de que tu hijo o hija pueda hacer una actividad que le lleve algo de tiempo de manera autónoma. Por ejemplo, una videollamada con algún amigo.
  • Reserva algún momento para cuidar de ti mismo/a. Date un capricho que te motive y que vaya a ayudarte a sentirte mejor: hacer deporte, bailar o escuchar música que te ayude a ser más optimista, por poner algunos ejemplos.

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