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La familia que deja Plácido Arango

Padre de tres hijos de su primera esposa, Teresa García-Urtiaga, el empresario y filántropo fallecido a los 88 años salía desde hace más de una década con la escultora Cristina Iglesias

Placido Arango
Plácido Arango, en noviembre de 2011 en Madrid. CORDON PRESS

La muerte del empresario Plácido Arango a los 88 años en Madrid ha sorprendido al sector de la economía y la filantropía del país. Arango, de raíces asturianas pero nacido en México, llevaba más de medio siglo viviendo en España, país al que llegó en 1966 para desarrollar su carrera como empresario. Fundó la empresa Sigla S. A., especializada en hostelería y restauración y a la que pertenecía el conglomerado empresarial Grupo Vips, que vendió en 2018 al grupo Alsea por 500 millones de euros conservando él y su familia el 8% del accionariado. Además de su brillante faceta empresarial, Arango era conocido por su compromiso social y su afición al arte y ha llegado a ser considerado como uno de los máximos benefactores del circuito museístico español gracias a sus valiosas donaciones. Ha sido vocal del Museo Metropolitano de Nueva York, patrono del Museo del Prado de Madrid y su presidente entre 2007 y 2012, además de presidente de la Fundación Príncipe de Asturias.

Según la revista Forbes, el empresario fallecido que en 2002 dejó su puesto como consejero del BBVA acumulaba una fortuna junto a sus hermanos Jerónimo y Manuel estimada en más de 4.200 millones de euros.

Un legado, el empresarial, artístico y social, que han seguido sus tres hijos, nacidos del matrimonio de su primera esposa, Teresa García-Urtiaga. Plácido Jr. siguió sus pasos como consejero delegado en el Grupo Vips; Maite, vicepresidenta e impulsora de la ONG Hazloposible.org; y Paco, el más popular de la familia, como músico, cineasta y creador de la entidad solidaria Fundación Aladina, una ONG que ayuda a niños y adolescentes enfermos de cáncer. “Mis hermanos y yo lo hemos mamado de una forma muy natural, pero también tenemos ese colmillo propio de los empresarios, con hambre de éxito en todos los proyectos que iniciamos”, decía Paco Arango en una entrevista con EL PAÍS hace un par de años sobre esa herencia recibida de su padre. Después de su nominación al Goya como director novel por la película Maktub en 2011, Paco Arango supo aplicar la parte eficiente y práctica del mundo de los negocios a sus proyectos solidarios, como lo confirmó su última película Lo que de verdad importa (2017).

“Hoy se ha ido un gran hombre a la luz, con un maravilloso corazón, generoso con todos y un caballero de pies a cabeza. Ha sido un padre maravilloso y le he reservado una suite en el mejor hotel del cielo. I will miss you very much [te echaré mucho de menos]”, escribía el menor de los hijos de Plácido Arango en sus redes sociales junto a una imagen en primer plano de su padre.

Tras separarse de García-Urtiaga, Plácido Arango salió durante 17 años con la socialité Cristina Macaya, viuda del millonario catalán Javier Macaya y protagonista de la jet set de Mallorca. Desde hace más de una década mantenía una relación con la escultora Cristina Iglesias, también madre de dos hijos de su anterior matrimonio. Iglesias, hija de un científico, procede de una familia de artistas, entre los que destaca su hermano, el compositor Alberto Iglesias, creador de bandas sonoras para películas de Pedro Almodóvar o Ridley Scott, ganador de 11 Goyas y nominado tres veces al premio Oscar.

Cristina Iglesias, de 63 años, ha calificado en varias ocasiones a Arango como “el mejor compañero”. La artista, que en 1999 fue Premio Nacional de Artes Plásticas, conoció a su pareja cuando él era patrono del Museo del Prado y desde entonces no se habían separado. La pareja, muy celosa de su intimidad, compartía su pasión por el arte y se dejaba ver junta solo en museos, exposiciones o actividades filántropas. Hace dos años, llegaron juntos a la exposición de las 33 obras de su colección donadas al Museo de Bellas Artes de Asturias, donde Iglesias había aportado una de las esculturas principales.

Además del arte y los negocios, a Plácido Arango, que vivía en su finca de Valdemorillo llamada La charca del valle, le apasionaban los caballos y llegó a criarlos en una finca en la localidad madrileña de Aranjuez junto a su amigo el también fallecido Alfredo Goyeneche.

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