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En defensa del legado de Montesquieu

Me niego a enterrar el legado que dejó Montesquieu en el siglo XVIII al proponer la separación de poderes del Estado: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y el Poder Judicial. Su virtud radica en que ninguno de ellos pretende imponer su hegemonía ya que actúan como sistema de pesos y contrapesos. Sin embargo, actualmente resulta utópico pensar que existe separación de poderes. Y no solo por la fuerte politización de la justicia, sino también por la “judicialización de la política”. No obstante, el Gobierno de España nunca debe olvidar que los acuerdos que se alcancen siempre deben cumplir la ley, siempre deben estar dentro de la ley.

La fuerte controversia creada en el Consejo General del Poder Judicial acerca de la “idoneidad” en el nombramiento, perfectamente legítimo, de la exministra de Justicia del último Gobierno socialista, Dolores Delgado, como fiscal general del Estado, no viene sino a agudizar la desconfianza existente en la sociedad acerca de la independencia del Poder Judicial.

Javier Cordero Ruiz. Madrid

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