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Terapia obligatoria para suavizar el divorcio

Dinamarca innova en las políticas de familia e impone un curso obligatorio a matrimonios con hijos menores de edad para que puedan obtener la separación legal

Una pareja, en Copenhague en 2018.
Una pareja, en Copenhague en 2018. AFP/GETTY

Desde 2013, las parejas en Dinamarca podían divorciarse por Internet. Un matrimonio mal avenido podía levantarse un día y obtener el certificado de divorcio en una semana a golpe de clic. Hasta el pasado 1 de abril. El Ejecutivo, por entonces liderado por una coalición liberal-conservadora (con el apoyo externo de la ultraderecha), aprobó una norma por la que las parejas tanto heterosexuales como del mismo sexo debían superar un curso online que los ayude a rebajar toda esa tensión acumulada tras un periodo de disputas y hastío y esperar al menos tres meses desde la solicitud del divorcio para obtener la tan ansiada separación. La medida es obligatoria para matrimonios con hijos menores a su cargo —siempre y cuando no haya habido violencia—, aunque está abierta de manera gratuita a todo el que lo solicite.

“Lo que ha decidido el Gobierno es imponer un periodo de reflexión de tres meses a las parejas que hayan tomado la decisión de divorciarse y la obligatoriedad de realizar un curso online para que estén preparados para afrontar esa situación” de estrés que además se puede trasladar a los hijos menores, sostiene al teléfono Gerts Martin Hald, investigador de Sanidad Pública en la Universidad de Copenhague y uno de los dos desarrolladores de la plataforma digital. La plataforma Samarbejde Efter Skilsmisse (Colaboración después del Divorcio, en danés), para las parejas que han decidido romper el vínculo matrimonial, es gratuita. “Miles de ciudadanos ya han hecho el curso (…) La plataforma les ayuda a superar las típicas reacciones de una separación como el estrés, la ansiedad, las dudas sobre cómo interactuar con los hijos”, enumera Hald, quien lamenta que aún es demasiado pronto para ofrecer estadísticas más detalladas. Lo que pretende este curso obligatorio es ser una herramienta para que el proceso de separación transcurra del modo más tranquilo posible —especialmente en relación con el sufrimiento de los menores—. No pretende evitarlo. “Las parejas que lo cursan es porque ya han tomado la firme decisión de divorciarse”, añade el docente.

Junto a otro colega, este investigador empezó a desarrollar en 2013 esta plataforma enfocada en mejorar la salud mental de las parejas con problemas; y ya en los primeros estudios comprobó cómo la depresión, el estrés o la ansiedad disminuían en aquellas que dedicaban al curso obligatorio los 30 minutos que dura. En él aprenden, principalmente, a manejar las emociones más profundas: tristeza, rabia, ira, soledad… Mientras, los expertos pudieron comprobar cómo estos síntomas se mantenían —o aumentaban—en aquellos matrimonios que no lo seguían. La plataforma incluye módulos voluntarios para quienes quieran profundizar en otros temas.

Deja ir y perdona. Rompe con el pensamiento negativo. Controla la ira. Pon a los niños en el centro. Mejora la comunicación. Aprende a pasar vacaciones y cumpleaños. Los anteriores son los temas del módulo obligatorio en los que el Estado danés —ahora gobernado por los socialdemócratas en solitario— ha decidido que se debe hacer hincapié con el objetivo de ahorrar dinero a las arcas públicas en potenciales tratamientos médicos. En 2017, se divorciaron en Dinamarca 2,6 personas por cada 1.000 habitantes (frente a 2,1 en España).

“Si el doctor de un niño cree que necesita ayuda psicológica, el Estado ofrece una subvención para el tratamiento”, asegura Julie Troldborg, portavoz de Bornsvilkar, una organización encargada de la protección de la infancia. Con este curso, el gasto público disminuirá, aunque aún es pronto para determinar una cuantía exacta, sostiene Hald, el experto en Sanidad Pública. Troldborg explica que a menudo los hijos se sienten responsables de la separación de sus padres y que “si los divorcios no se manejan bien, los niños sufrirán profundamente”.

Lo que se pretende es que el proceso de separación transcurra del modo más tranquilo posible, no frenarlo

Isabella (nombre ficticio porque no quiere revelar su identidad real) cuenta a través de un correo electrónico que se divorció de su marido cuando el curso online aún no era obligatorio. Pero tras una separación difícil, decidió entrar en la plataforma: “Me ayudó mucho saber que no estaba sola, que muchos otros habían estado en la misma situación y se sentían de la misma manera que yo”, explica. Su exmarido, sin embargo, no lo hizo y ahora Isabella se lamenta de que no pudo poner en práctica los “buenos consejos” que ofrece la herramienta. “Creo que es una buena idea que sea obligatorio para ambos padres y la única forma de lograr que lo sigan es hacerlo obligatorio antes de que se pueda aprobar el divorcio” en tres meses, remacha alabando así la novedosa iniciativa del reino danés.

El caso de Claus, ingeniero informático de 59 años y sin hijos en común con su exesposa, es un ejemplo del buen funcionamiento del curso. Poco después de divorciarse en 2017, cuando aún no había entrado en vigor la ley que obliga a pasar los tres meses de “periodo de reflexión” (él se autoimpuso cuatro meses pactados con su esposa) y el curso online, Claus comenzó a sentirse deprimido y con ansiedad. “Pensé que era el único hombre soltero por donde quiera que iba y que todas las mujeres sospechaban de mí”, confiesa a través de un correo electrónico. La plataforma, Colaboración después del Divorcio, le ayudó. “Se trata de cambiar el patrón de pensamientos”, resume visiblemente satisfecho.

Frente a las casi inexistentes críticas del posible intervencionismo del Estado y el sector público en asuntos de cama, Hald es tajante: “Vale la pena”, dice tras observar la exitosa acogida de la iniciativa por la sociedad. Troldborg añade, además, la utilidad de poder realizar el curso desde casa, cuando uno se encuentra cómodo. “Es en beneficio de los niños”, insiste.

Protección de la infancia

Dinamarca tiene poco más de cinco millones y medio de habitantes. El país escandinavo, que tradicionalmente ha sido considerado un oasis para las políticas de bienestar gracias a la eficiente gestión de una gran carga impositiva y a una corrupción casi inexistente, según los índices de Transparencia Internacional, da un paso más y ha convertido en obligatorio lo que hasta ahora existía de forma voluntaria en el ámbito local.

El municipio de Ringkobing-Skjern, al oeste del país, lleva desde 2011 poniendo más empeño en la protección de las familias, especialmente los menores. Jette Haislund es la directora de Sanidad y explica al teléfono que gracias a varios cursos para padres (desde terapias de grupo a sesiones privadas de psicólogo para parejas) consiguieron disminuir los divorcios un 17% en 2012, último año del que ofrece datos. “Todo un éxito”, presume la funcionaria de este pionero municipio.

Divorciarse a través de Internet de un día para otro “no era una buena idea”, en su opinión. Haislund cree que el Gobierno central tomó la determinación de imponer el curso online obligatorio (que ha costado alrededor de dos millones de euros) para evitar las separaciones, además de participar en la disminución de enfermedades psicológicas y el consiguiente gasto público en sus tratamientos. Ringkobing-Skjern invierte 600.000 coronas danesas (poco más de 80.200 euros) al año en este tipo de servicios, pero Haislund asegura que lo ahorrado en terapias para niños con traumas psicológicos por una separación de sus padres complicada es mucho mayor.

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