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Años saludables

No es de recibo que los del centro respiren mejor que los demás. Martínez-Almeida conseguirá que nos envenenemos por igual

Dos señales de entrada a Madrid Central en la Gran Vía madrileña.
Dos señales de entrada a Madrid Central en la Gran Vía madrileña.

Se nos hincha el pecho a casi todos, de derechas o de izquierdas, ricos y pobres. Y se nos llena la boca al decirlo: la sanidad es en España una de las mejores del mundo.

Los más escorados a la derecha tienen la cara dura de decir que eso viene de cuando Franco, como la gimnasia en los estadios de fútbol es la antecesora directa de los éxitos de Rafael Nadal o la selección de baloncesto. El general Moscardó lo empezó todo, según ellos.

Y tienen razón en que la asistencia sanitaria ya apuntaba calidad, pero se les olvida el pequeño detalle de que también lo hacía durante la República, y que, ahora, desde que hay democracia y Constitución en el país, la sanidad es universal, y cubre incluso a los negros y los moros que logran sobrevivir al cruce del Mediterráneo en patera o en los bajos de un camión.

Por cubrir, cubre incluso a las mujeres, aunque les pese a algunos. Y la sanidad es una de las primeras responsables de que España sea uno de los países más saludables del mundo. Pero, de golpe, las mujeres han perdido en Madrid más de siete años de esperanza de vida saludable (EVS) entre los años 2006 y 2017, cuando esa cifra negativa solo llega a 0,4 en todo el resto de España, según los datos del Ministerio de Sanidad.

El alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, tendrían que reclamar esos años. Las madrileñas pueden exigírselo, con razón, porque no se trata de una cuestión menor.

Pero también cabe hacer de nuevo las cuentas y mirar a fondo cada uno de los parámetros. Porque lo mismo se ha disparado alguno, como el que mide la desigualdad.

Al alcalde de Madrid se le llena la boca con el éxito de la ciudad en asuntos como la contaminación en Madrid Central, un invento del equipo de Manuela Carmena. Hay un 20% menos de porquería en el aire que respiramos los del centro.

Almeida va despacito camino de arreglarlo. No es de recibo que los del centro respiren mejor que los demás. Él conseguirá que nos envenenemos por igual.

Lo de las mujeres tiene más difícil arreglo. Según la estadística, las mujeres son más proclives a sufrir la desigualdad que los hombres.

¿Qué podemos hacer, señor alcalde?

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