La increíble vida del traficante de crack que se convirtió en un héroe multimillonario

Jay-Z ha alcanzado el medio siglo convertido en una figura que fascina por igual a la prensa económica, rosa y cultural: marido de Beyoncé y dueño de un imperio, así ha sido su evolución desde una vivienda de protección oficial a la gloria

Jay-Z, nacido con el nombre de Shawn Carter, fotografiado en Los Ángeles en 2014. Es uno de los afroamericanos más ricos del mundo y ha vendido más de 75 millones de discos. En vídeo, su perfil.

Shawn Corey Carter (Nueva York, 1969), o Jay-Z para el gran público, es la personificación del sueño americano en el siglo XXI. Si a comienzos del siglo XX el epítome del éxito eran figuras como William Randolph Hearst o Howard Hughes, que cursaron estudios brillantes y se hicieron millonarios porque comprendían cómo funcionaban los grandes poderes fácticos, cien años después Jay-Z personifica al observador de la calle que empieza en el escalafón más bajo y se hace rico porque comprende no cómo funciona el mercado bursátil, sino porque sabe cómo laten los sueños y ambiciones de la gente de la calle. Él lo dejó muy claro en una entrevista para Vanity Fair en 2013 donde sobresalía una frase demoledora: “Sé mucho sobre presupuestos: fui camello”.

Carter nació y creció en Marcy Houses, un proyecto de viviendas de protección oficial en Nueva York donde el ruido de la música de Michael Jackson que escuchaba insistentemente en su casa se mezclaba con el de las ambulancias y las sirenas de policía que llegaban por la ventana

Carter acaba de cumplir 50 años (sopló las velas el 4 de diciembre) convertido en el tercer afroamericano más rico del mundo (después de Oprah Winfrey y Michael Jordan), en uno de los raperos que más discos ha vendido de la historia (sus ventas se estiman en más de 75 millones) y en un brillante hombre de negocios que posee –entre otras cosas– una discográfica, una cadena de restaurantes, una marca de moda, una compañía tecnológica, parte de un equipo de la NBA (los Brooklyn Nets), una parte importante del accionariado de Uber y la plataforma de streaming Tidal, que no sin cierta polémica y algunos errores de cálculo lleva cinco años intentando comerle terreno a Spotify. Según publicó Forbes este pasado verano, la fortuna de Jay-Z se estima en unos mil millones de dólares (900 millones de euros).

Y si esto no dice nada a los lectores que disfrutan más con las páginas de entretenimiento y corazón que con las de negocios, Jay-Z es también desde hace 11 años el marido de Beyoncé y el padre de sus tres hijos: Blue Ivy (siete años), Rumi (dos años) y Sir (dos años). Juntos, Beyoncé y Jay-Z forman una de esa superparejas del mundo del espectáculo que confirman la fórmula de que uno más uno es igual a tres, o sea, que el valor de ellos dos unidos es mucho mayor que la suma de lo que vale cada uno por separado. Las dos giras conjuntas que han protagonizado (On the run, en 2014, y On the run II, en 2018) han recaudado conjuntamente 327 millones de euros.

¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? La carrera de Shawn Carter desde su infancia en una vivienda de protección oficial en Brooklyn (Nueva York) a la inmensa riqueza es objeto de fascinación y análisis tanto para los medios económicos como Forbes como para los de alta sociedad y moda como Vanity Fair. Ambos le han dedicado portadas y se han interesado por él como figura definitiva sobre cómo en el siglo XXI la calle entró en Wall Street y un exnarcotraficante acabó compartiendo portada en la prensa económica con el millonario de 89 años Warren Buffet.

Jay-Z bebe champán sentado al lado de su esposa, la cantante Beyoncé, durante un partido de la NBA el pasado mayo.
Jay-Z bebe champán sentado al lado de su esposa, la cantante Beyoncé, durante un partido de la NBA el pasado mayo.Getty Images

Jay-Z nació y creció en Marcy Houses, un proyecto de viviendas de protección oficial en Nueva York donde el ruido de la música de Michael Jackson que escuchaba insistentemente en su casa se mezclaba con el de las ambulancias y las sirenas de policía que llegaban por la ventana. Era un chico de barrio, pero también le encantaba leer y escribir versos. Cuando tenía once años su tío fue asesinado y su padre abandonó a la familia tras hacerse adicto a las drogas. Cuando tenía doce, y según él mismo rapeó en You must love me (1997), disparó a su hermano en un hombro por robarle unas joyas.

Marcy Houses era uno de los lugares más peligrosos de Estados Unidos y en los ochenta una droga como el crack campaba a sus anchas por el barrio. Según el artista confesó a la cadena CBS en 2002, “o te lo metías o lo vendías”. Y él eligió lo segundo.

En el largo reportaje que Vanessa Grigoriadis firmó para la edición estadounidense de Vanity Fair en octubre de 2013, Jay-Z entró en detalles sobre ese episodio de su vida, con un tono descriptivo y casi lírico que explican por qué es uno de los mejores raperos de su generación y por qué se ha hecho célebre por no apuntarse las letras cuando graba sus canciones, soltándolas de memoria en su lugar.

Foto policial de Jay-Z tomada en la noche de 1999 en que fue detenido por apuñalar a un ejecutivo discográfico en un club neoyorquino.
Foto policial de Jay-Z tomada en la noche de 1999 en que fue detenido por apuñalar a un ejecutivo discográfico en un club neoyorquino.

“En la era de Reagan el crack estaba en todas partes. Simplemente te envolvía. Vivíamos una situación difícil, pero mi madre se las arreglaba, hacía malabares. A veces pagábamos la factura de la luz, a veces la del teléfono, otras veces nos quedábamos sin gas. No pasábamos hambre, estábamos bien. Pero luego había cosas como no querer pasar vergüenza en la escuela si llevabas las zapatillas sucias o la misma ropa una y otra vez. Y el crack estaba en todas partes, era inevitable, no había lugar al que pudieras ir para aislarte de él. Salías al pasillo y estaban los drogatas allí. Mirabas a los charcos en los bordillos de la acera y veías los viales [envase pequeño] de crack. Podías olerlo, ese olor pútrido. No puedo explicarlo, pero todavía me viene a la mente cuando pienso en ello”.

En la misma entrevista, Carter pasa a explicar que durante su adolescencia (“quince, dieciséis años”) su madre sabía que estaba vendiendo droga, pero que era común por aquel entonces. “Alguien podría pensar: ‘¿Cómo dejas que tu hijo…?’. Pero te lo repito, era lo normal”. Jay-Z recordó cómo muchos de sus amigos que también lo hacían fueron asesinados o acabaron en prisión. Pero mientras muchos de ellos solo vendían droga para sobrevivir, Carter demostró tener ya visión empresarial en un mundo tan oscuro: en vez de vender el crack en su barrio decidió irse a Trenton, Nueva Jersey. “Allí el precio se duplicaba o triplicaba. Así que tuve más éxito que el tipo que se quedaba vendiendo frente a mi edificio”, explicó.

"El crack estaba en todas partes, era inevitable, no había lugar al que pudieras ir para aislarte de él. Salías al pasillo y estaban los drogatas. Mirabas a los charcos en los bordillos de la acera y veías los viales de crack. Podías olerlo en los pasillos, ese olor pútrido"

(Jay-Z a Vanessa Grigoriadis durante una entrevista concedida a 'Vanity Fair' en 2013)

Fue un episodio de honestidad brutal: uno de los hombres más ricos de la industria musical no solo se negaba a pedir perdón o caer en un mea culpa victimista por su pasado como narcotraficante: también explicaba que precisamente eso le ayudó a comprender los mecanismos de la economía. “Viví muchas cosas en la calle que me ayudaron en el negocio de la música, aprendí qué tipo de personas no tener a mi alrededor”. Al final, con los ahorros que le habían brindado ese tipo de vida, Jay-Z decidió dejar de vender droga (que, afirma, él jamás consumió) y apostar por la música.

Aquí llega otro de los hallazgos que hicieron a Jay-Z millonario: desde el principio tuvo claro que era mejor tener tu propia compañía que ser una parte ínfima de otra. Así que al principio de su carrera, en 1995, como ningún sello lo fichaba, fundó con un amigo (Damon Dash, hoy también millonario) Roc-A-Fella Records. Comenzaría así una carrera brillante en el mundo del rap y también la convicción de que siempre es mejor ser el dueño de tu pequeño imperio. Jay-Z no hizo una línea de ropa para un gigante textil, sino que creó su línea, Rocawear. Tampoco fue la imagen de un coñac, sino que creó el suyo, D’Ussé. Y no compró Spotify: prefirió ser dueño de Tidal.

Jay-Z, en el centro, posa con dos amigos en una foto fechada según agencias en 1989. Entonces el cantante tenía 20 años.
Jay-Z, en el centro, posa con dos amigos en una foto fechada según agencias en 1989. Entonces el cantante tenía 20 años.Getty Images

El éxito no evitó que algunos episodios violentos siguiesen teniendo lugar en su vida, como si la sombra del lumpen nunca se hubiese ido del todo aunque ahora tenga mansiones en Los Ángeles, en Nueva York y en los Hamptoms. "Cuando entras en un lugar, tu currículum entra contigo. Así que todavía hoy [en 2013] cuando entro en un sitio aún se siente esa cosa de: 'Mira, es Jay-Z, el que fue traficante en Marcy Projects".

En 1999 Carter, ya un rapero de éxito, fue detenido por la policía y acusado de apuñalar a un ejecutivo discográfico en un club neoyorquino. Sospechaba que Rivera estaba distribuyendo ejemplares piratas de su último álbum

En 1999 Carter, ya un rapero de éxito, fue detenido por la policía y acusado de apuñalar a un ejecutivo discográfico (Lance Rivera) en un club neoyorquino. Al parecer, sospechaba que Rivera estaba distribuyendo copias piratas de su álbum Vol. 3… Life and Times of S. Carter, que aún no se había publicado. Rivera no falleció: fue tratado esa misma noche por heridas en un hombro y el abdomen y ha continuado su carrera como productor. En sus memorias, Decoded (Descodificado), publicadas en 2010, admite lo que ocurrió: “Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo me lancé hacia él, cegado por la ira. Lo siguiente que supe que se había desatado el caos en el club”. Fue sentenciado a tres años de libertad condicional.

Su relación con Beyoncé también ha alimentado a los tabloides, pese a que la pareja siempre ha apostado por la discreción excepto en el escenario, donde es habitual verlos juntos. En 2014 se hizo mundialmente famoso un vídeo en el que Solange (hermana de Beyoncé, también cantante y para algunos mejor que ella) agredía a Jay-Z en un ascensor sin que Beyoncé, testigo en el mismo ascensor, hiciese nada para evitarlo. Y en 2016 Beyoncé cantó en uno de los temas de Lemonade (en el siglo XXI el pop será confesional o no será) sobre una tal “Becky, la del pelo rubio” con la que, supuestamente, Jay-Z le habría sido infiel. Él mismo lo admitió en las páginas de The New York Times en 2017. También que la terapia les había ayudado a salvar su matrimonio.

La historia de Jay-Z es, pues, una de finales felices. Tras la infidelidad, un matrimonio reforzado. Tras el narcotráfico, una carrera de éxitos (legales). Tras la violencia, una carrera llena de letras contra el uso de la fuerza. Y esto a los 50. Es difícil calcular dónde llegará antes de la edad de jubilación.

Sobre la firma

Guillermo Alonso

Es editor web de ICON. Trabaja desde 2017 en EL PAÍS. Anteriormente formó parte de Vanity Fair (como director de su edición digital) y de Telecinco. Ha publicado dos novelas, 'Vivan los hombres cabales' y 'Muestras privadas de afecto' y el ensayo 'Michael Jackson. Música de luz, vida de sombras'.

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