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Una coalición excepcional

Asumiendo que la investidura sea exitosa, la primera prueba de fuego del ejecutivo serán los presupuestos

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, vota el sábado en la consulta del PSOE.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, vota el sábado en la consulta del PSOE.

Fue cambiar los incentivos electorales y desvanecerse la explicación cultural. Si finalmente el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos consigue la investidura estaremos ante el primer gobierno de coalición desde la restauración de la democracia. Lo que es común en el nivel local y autonómico, se replicaría en el nacional. Lo que ha ocurrido, al menos, una vez en el resto de Europa, también podría ocurrir aquí.

Más atípico es que haya una coalición entre socialdemócratas y partidos a su izquierda. Estos últimos partidos suelen preferir quedarse al margen del ejecutivo, marcando desde el parlamento, o bien, allí donde entran en coalición, suelen hacerlo con más socios. Por ejemplo, en Finlandia gobiernan en coalición socialistas e izquierda desde 2019, pero a cuatro, con liberales y verdes. Así se entienden mejor algunos cantos de sirena a un ministro del PNV. Después de todo, entramos en el consenso europeo, pero con nuestras peculiaridades.

El potencial gobierno, con 155 diputados, sería una coalición minoritaria (como allí donde gobiernan PP y Ciudadanos). La literatura dice que estos gobiernos son los que menos duran pues o incorporan nuevos socios o terminan por disolver Cortes a mediados de legislatura. Ahora bien, como también les pasa a los gobiernos de la derecha, no existe mayoría alternativa en el Parlamento. El gobierno se puede bloquear y caer, pero no ser reemplazado en una moción de censura.

Algo que no debería extrañarnos es que aumente el número de ministerios, cosa común en los gobiernos de coalición, y que éstas se repartan en proporción a los escaños de cada socio. Así, una de cada cinco carteras correspondería a Unidas Podemos. Sin embargo, qué carteras es lo central. Hacienda, el corazón que bombea liquidez al gobierno, suele ser patrimonio del senior, y el socio menor suele tener una vicepresidencia. Desde ahí se negocia, aunque sobre el principio de que toda coalición es un intercambio: ministerios por apoyo parlamentario. Sin disciplina y cohesión interna el gobierno se cae por la base.

Este gobierno bipartito deberá negociar en dos fases. Primero, entre sus socios para impulsar iniciativas desde el consejo de ministros. Después, en el Congreso para que pasen su tamiz. Y si lo primero pondrá a prueba su capacidad de coordinación, lo segundo la de sumar mayorías heterogéneas. En Europa solucionan la coordinación mezclando miembros de diferentes partidos en cada ministerio (para que los socios se rocen) y obtienen mayorías parlamentarias complejas dando más medios y poderes a la cámara (para que el legislativo afine la negociación). Aquí veremos cómo se improvisa.

En todo caso, asumiendo que la investidura sea exitosa, la primera prueba de fuego del ejecutivo serán los presupuestos. De su aprobación o no dependerá lo excepcional del primer gobierno de coalición en la España constitucional.

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