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Victoria de Trudeau

Los canadienses siguen confiando en el primer ministro liberal para gobernar el país

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Justin Trudeau celebra la victoria en las elecciones del lunes. AP

El liberal Justin Trudeau ha obtenido el respaldo de los canadienses para prorrogar su mandato como primer ministro durante otros cuatro años tras las elecciones legislativas celebradas el lunes. En un continente donde ha avanzado de forma preocupante el discurso populista —empezando por su poderoso vecino del sur, Estados Unidos— la victoria de Trudeau constituye una señal de que la estrategia política no está abocada irremediablemente a una lógica de confrontación basada en erosionar el prestigio de las instituciones y en la denigración constante de los contrincantes.

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Es cierto que el apoyo popular a Trudeau, quien llegó al poder por primera vez en 2015, ha descendido y que los liberales no gozarán de mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Esto obligará al primer ministro canadiense a buscar pactos con otras fuerzas políticas, algo que no es inusual en un país que, sin embargo, no tiene tradición en Gobiernos de coalición.
Mientras, la oposición conservadora, que también ha presentado un candidato de corte tradicional, ha incrementado notablemente su porcentaje de voto. El punto preocupante es que ambas formaciones protagonizaron una campaña muy polarizada —con momentos de inusitada tensión, como cuando los servicios de seguridad recomendaron a Trudeau utilizar un chaleco antibalas en un multitudinario mitin— debido al crecimiento de la imagen negativa que muchos votantes tienen respecto a sus rivales. Este será un factor sobre el que toda la clase política canadiense deberá aplicarse durante la legislatura que se inicia, porque constituye el terreno abonado para los discursos radicales que pueden erosionar su sistema democrático.
La victoria de Trudeau hace cuatro años generó grandes expectativas debido a sus propuestas y a su carisma personal. Pero la popularidad del primer ministro ha ido en declive, especialmente durante el último año, debido a escándalos como las presiones ejercidas sobre el fiscal general cuando este investigaba a una empresa por supuestos sobornos o la nacionalización y expansión de un polémico oleoducto, una medida que chocaba frontalmente con su proclamada preocupación medioambiental. Aun así, a la hora de votar también ha pesado que el país sigue creciendo económicamente, el desempleo ha caído a mínimos históricos, se han aumentado ayudas a las familias, se ha seguido una política de acogida a los refugiados y se ha valorado la habilidad de Trudeau para lidiar con la agresiva política comercial de Donald Trump. El balance ha sido un saldo positivo en favor de la política progresista cuya aceptación se ha visto ratificada en las urnas por los ciudadanos canadienses.

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