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“La excentricidad está bien, pero necesitamos prendas fáciles de ponerse en cinco minutos cada mañana”

Para el diseñador Christophe Lemaire la ropa debe ser fotogénica, pero solo si da respuesta a las necesidades de la vida cotidiana. En Uniqlo, que abre sus puertas en Madrid, predica con el ejemplo

uniqlo madrid
La colección Uniqlo U de Christophe Lemaire incluye prendas diseñadas con la mirada puesta en la durabilidad, pero con un depurado sentido estético.

Para Christophe Lemaire, el apogeo de la moda informal y callejera, que lleva varias temporadas haciendo estragos en el armario masculino, roza un punto de saturación. Y su misión, siendo uno de los diseñadores más clarividentes de este convulso presente, consiste en imaginar nuevas perspectivas de futuro para vestir al hombre. La nueva colección Uniqlo U para esta temporada otoñal –creada por el propio Lemaire, director artístico del centro de I+D que el gigante japonés del retail fundó en París hace tres años– supone una prueba adicional de esa voluntad de abrir caminos.

“Cuando le estás pidiendo a alguien que pague por una prenda, no hay lugar para la ironía”

“Hace años que experimentamos una invasión del streetwear estadounidense que no me parece muy excitante en términos de estilo”, admite Lemaire durante una entrevista en la capital francesa. “Es muy cool vestirse como un bad boy o un skater, pero existen otros referentes. Yo propongo una moda que le guste a tus amigos, pero también a tu madre”.

Lemaire se fue a buscar ideas en su infancia. Colgó de su tablón de inspiración viejas fotos de François Truffaut y de los estudiantes que invadían las calles durante Mayo del 68. El resultado es una colección en la que abundan la pana y los cuellos altos, combinados con prendas clásicas de la ropa de trabajo como sobrecamisas en tejido polar, vaqueros de corte ancho y abrigos de lona. Pese a algún corte más vanguardista, el conjunto desprende una falta de extravagancia que parece totalmente voluntaria.

Christophe Lemaire (Besançon, Francia, 1965) trabajó en Lacoste y Hermès, pero también tiene su propia firma, que lleva su apellido.
Christophe Lemaire (Besançon, Francia, 1965) trabajó en Lacoste y Hermès, pero también tiene su propia firma, que lleva su apellido. Uniqlo

“La excentricidad está muy bien, pero también necesitamos prendas fáciles de ponerse cuando tienes cinco minutos para decidir por la mañana”, responde Lemaire. “En las últimas décadas, la moda se ha olvidado un poco de esto. Se ha convertido en un espectáculo mediático. Todo va de hacer ruido para recordar que existes. Claro que necesitamos eso en la moda, pero también un poco de sentido común”, añade.

Su gusto por la democratización de una moda bien hecha, que le guía desde que fundó su propia marca en 1991, también le llevó a aceptar la colaboración con Uniqlo. Primero, con dos colecciones cápsula en 2015 y 2016. Y, después, poniéndose al frente de este laboratorio textil. “Está muy bien que exista la artesanía de lujo que encarna una marca como Hermès [para la que él diseñó de 2010 a 2014], pero también saber acercar esa filosofía del refinamiento a todo el mundo. No lo veo como una dicotomía entre fenómenos excluyentes”, asegura.

La colección Uniqlo U no es la única novedad de la marca nipona para este otoño: el 17 de octubre la firma japonesa inaugura su primera tienda en Madrid (Goya, 6-8), y el 30, abre una nueva en Barcelona (Av. Diagonal, 609).
La colección Uniqlo U no es la única novedad de la marca nipona para este otoño: el 17 de octubre la firma japonesa inaugura su primera tienda en Madrid (Goya, 6-8), y el 30, abre una nueva en Barcelona (Av. Diagonal, 609). Uniqlo

Los condicionantes del hecho de trabajar para una firma con vocación tan masiva –precios asequibles, ejecución industrial, distribución internacional, necesidad de adaptarse a culturas distintas– no le molestan. Más bien, al revés. “Formé mi equipo escogiendo a personas que tuvieran muy clara esa dimensión”, dice Lemaire. Rompiendo con ciertos mitos sobre el proceso creativo, al diseñador francés le gusta contar con esos condicionantes. Igual que Georges Perec escribió su novela La disparition (1969, traducida al español como El secuestro) prescindiendo voluntariamente de la letra “e”, el diseñador opina que los límites son positivos a la hora de crear. “Lo peor para un diseñador es la página en blanco. Siempre necesitas un marco determinado. Cuando las posibilidades son infinitas, es muy fácil que te pierdas”.

Su colección es un compendio de prendas sencillas y básicas, aunque desprovista de esa ironía que, hace ya algunas temporadas, se impuso en la moda con el normcore (el look de la ropa básica de los grandes almacenes, buscado adrede) del que todavía quedan secuelas en las calles de las grandes ciudades. “Creo que uno debe utilizar la ironía en todos los campos, menos en la moda”, advierte. Y concluye: “Cuando le estás pidiendo a alguien que pague por una prenda, no hay lugar para la ironía”.

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