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“Hay matemáticos de primer nivel trabajando a destajo en África”

Giulia de Nunno es la ganadora este año del premio internacional Su Buchim a la investigación matemática de alto nivel en regiones en desarrollo

Giulia de Nunno, ganadora del premio internacional Su Buchim a la investigación matemática de alto nivel en regiones en desarrollo.
Giulia de Nunno, ganadora del premio internacional Su Buchim a la investigación matemática de alto nivel en regiones en desarrollo.

Entre las muchas grietas socioeconómicas que dividen los países más y menos ricos está la brecha matemática, menos mediática que otras pero para Giulia di Nunno no menos importante. Di Nunno (Milán, 1973) es la ganadora este año del premio internacional Su Buchim a la investigación matemática de alto nivel en regiones en desarrollo, un galardón otorgado por el Consejo Internacional de Matemática Industrial y Aplicada que Di Nunno recogió recientemente en Valencia.

Profesora de la Universidad de Oslo (Noruega), y promotora de programas para fortalecer las matemáticas en África a través de la Sociedad Matemática Europea (EMS, siglas en inglés) y el Centro Internacional de Matemáticas Puras y Aplicadas (CIMPA, en francés), en Niza —y en el que participa España—, Di Nunno pide más visibilidad para científicos de países en desarrollo. También acciones de cooperación que impulsen la ciencia más básica: "Muchos la ven como un lujo, pero la investigación fundamental es indispensable para que el sistema sea autosostenible; contribuir a que un país forme sus recursos humanos es hacer cooperación con perspectiva de largo plazo".

Pregunta. ¿Por qué se dedica a fomentar precisamente las matemáticas en países en desarrollo?

Respuesta. En primer lugar, porque soy matemática y es lo que sé hacer, por supuesto. Pero lo cierto es que las matemáticas se usan en biología, física, ingeniería, computación... Son la base para las demás ciencias. Aparte, observamos que los países que cuidan sus matemáticas por lo general cuidan otros aspectos de su ciencia y de su sistema educativo. No es el único indicador, pero sí es uno: la situación de la comunidad matemática de un país da una idea de cómo está, por ejemplo, su sistema educativo.

P. Los últimos tres años ha presidido el Comité de Países en Desarrollo de la Sociedad Matemática Europea (EMS). ¿Se ha ocupado de la educación matemática en los colegios?

La cooperación internacional suele asociarse a emergencias y a cubrir lo básico para sobrevivir. La ayuda a la academia parece un lujo

R. No, nuestros programas son para la formación superior. La etapa de escolarización es fundamental, por supuesto, pero es importante fijarse en todo el espectro de la educación hasta la universidad, y también en la comunidad académica, porque solo así podrá haber un sistema autosuficiente, que se regenera con personas que forman a otras personas.

P.  Varios informes recientes relacionan la 'intensidad matemática' de la economía de un país con su crecimiento. ¿Son las matemáticas especialmente importantes para el desarrollo?

R. Las matemáticas son una ciencia, pero también un lenguaje; van unidas al pensamiento racional, y muchos dirán que tienen que ver con la filosofía. Se habla de matemáticas puras y matemáticas aplicadas; no hay una división clara, pero podríamos decir que las puras sirven a las matemáticas mismas, mientras que las aplicadas abordan problemas de la sociedad. En todos los países, y desde luego en los africanos, hacen falta soluciones adaptadas a los problemas de esos países, soluciones creadas por matemáticos. Por ejemplo, en Europa hay muchos matemáticos trabajando en la optimización del espacio aéreo, y sus soluciones son para Europa. Cada país debe formar y entrenar sus propios recursos humanos.

P. ¿Y las matemáticas puras? ¿También son importantes?

R. Sin duda, las matemáticas puras te dan herramientas para generar la propia herramienta.

P.  Nunca se sabe cuándo las matemáticas puras generarán un resultado aplicable a un problema práctico. ¿No son vistas como un extra, algo no permisible si los recursos son escasos?

R. En los países africanos los matemáticos tienen, en general, una consideración elevada como profesores de universidad. Pero sí, es cierto que hay cierta presión para que las matemáticas resuelvan problemas que urgen en la sociedad. Aunque esto no afecta solo a las matemáticas sino en general a la ciencia básica, y no es un problema solo de África.

P. También se puede pensar que primero hay que ocuparse de la educación básica y después de la universidad.

R. La cooperación internacional suele asociarse a emergencias y a cubrir lo básico para sobrevivir, y la ayuda a la academia parece un lujo. Pero nosotros creemos que cuidar los recursos humanos es actuar con visión a largo plazo, lo que haces realmente es sentar las bases del desarrollo local. Es otra clase de ayuda.

P.  ¿Cómo decidió dedicarse a la cooperación?

R. En el año 2000 asistí a una conferencia de la Sociedad Matemática de Sudáfrica y conocí a profesores implicados, a estudiantes ansiosos por avanzar, a personas absolutamente decididas a aprender. Me gustó especialmente la manera de trabajar en red en la región, porque hay que entender que África es un continente enorme y muy diverso, y cualquier cosa que digamos será una generalización injusta para otras regiones.

En todos los países, y desde luego en los africanos, hacen falta soluciones adaptadas a los problemas de esos países, soluciones creadas por matemáticos

P. Aunque sea en términos generales, ¿cuáles son estas distintas regiones y cómo están en investigación?

R. El África mediterránea está muy expuesta a Europa, lo que facilita las relaciones académicas. Los países de habla francesa están bien interconectados, y con Francia. Ahí la cercanía es de lenguaje. En los países de habla inglesa los hay muy poblados, como Nigeria, y todo lo contrario, como Botsuana o Namibia. Cada país tiene sus peculiaridades. En Namibia, por ejemplo, puede haber profesores que dan clases en campus que entre sí están a mil kilómetros, y esto plantea problemas específicos. Así que las respuestas a qué se puede hacer deben diseñarse a medida. Y hay muchas otras lenguas, y países aislados, como Mozambique... Hay que tener en cuenta todo esto al intentar construir una red.

P. ¿Es muy diversa la situación en cuanto al estado de la investigación?

R. Sí. Hay economías emergentes, que tienen recursos como petróleo o diamantes, con diferentes sistemas políticos. También hay países que están empezando a desarrollarse, y aún otros que no tienen nada que vender y se quedan atrás. Debemos esforzarnos por no ampliar estas brechas existentes. También hay países muy pobres en los que simplemente no hay suficientes recursos humanos. Porque en matemáticas no basta con un profesor, necesitas uno en cada área de las matemáticas, e incluso puede que uno no sea suficiente, porque no se puede trabajar aislado.

P. ¿Ha visto cambios respecto a cuando empezó?

R. Sí, algunos programas han tenido más éxito y otros menos, claro. Yo empecé con uno financiado por Noruega para ofrecer másteres internacionales. Empezamos en Zimbabue, y algunos de los estudiantes son ahora profesores. Después fuimos a Tanzania. En una década se han creado redes de conocimiento en la región, con doctores que investigan y tienen sus propios estudiantes, e influencia. Ha habido resultados positivos medibles.

P. ¿Y los programas de la Sociedad Matemática Europea?

R. Son más recientes. El programa EMS-Simons, financiado por la Fundación Simons estadounidense, ofrece estancias en el extranjero para investigadores, con atención a ciertos países y también al equilibrio de género. El objetivo aquí es mantener la actividad investigadora, porque la carrera científica no acaba con el doctorado, sino que empieza. Y es importante no abandonar. Para investigar, al principio necesitas un mentor, un guía, y después debes crecer en experiencia para poder guiar a otros; tanto para hacer investigación de primera línea como para construir una red efectiva los investigadores deben tener tiempo para pensar y poder interactuar con colegas. Esto es así en todas partes, pero más en lugares aislados, en la periferia de la comunidad científica internacional.

P. ¿Hay hoy investigación matemática de alto nivel en África?

R. Sí, sin duda, hay matemáticos de primer nivel, en muchos países, trabajando a destajo para crear masa crítica y publicando en las principales revistas. En Botsuana, por ejemplo, investigan en epidemiología y específicamente en malaria. En Marruecos, Túnez, Senegal, Costa de Marfil... Sí, hay muchos. Las asociaciones como el ICIAM (Consejo Internacional de Matemática Industrial y Aplicada) pueden darles más visibilidad internacional en los programas científicos de congresos como el que celebramos en Valencia. De la misma manera que se tiene en cuenta el equilibrio entre sexos, se puede considerar de dónde vienen los conferenciantes.

P. En España, a alguien que viene de África se le asocia más con la inmigración que con la ciencia.

R. Cambiar la percepción de la sociedad acerca de la diversidad es un gran reto. Hablamos de la gente que viene de países africanos, pero podemos decir lo mismo de personas con habilidades distintas. Realmente no sé cómo se cambia la percepción de que el de fuera es distinto y asusta. Quizás sirva ir allí, y mirar... ¡Qué decir! La gente es gente, y somos más o menos iguales en todas partes. Quienes vienen también tienen miedo de venir.

P. Usted sigue investigando en matemáticas. ¿Cuál es su área?

R.  Mi área es el análisis estocástico, usamos técnicas de análisis y de probabilidad para generar herramientas matemáticas que permitan modelar fenómenos aleatorios, y después estos modelos sirven para ayudar a tomar decisiones. Es un área que ha tenido un gran desarrollo desde mediados del siglo pasado.

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