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La dignidad de Europa

Dejó atrás abuelos, padres, hermanos, amigos, paisajes, leyendas, canciones y costumbres para buscar una vida mejor. Dijo a los padres que en cuanto pudiera les enviaría dinero. Y empezó el viaje ilusionado y a la vez preocupado por el largo camino que le esperaba. Fue robado, maltratado y cuando después de meses de cautiverio logró escapar, había conocido el horror, la falta total de humanidad, la barbarie. Cuando les rescataron en el mar un hombre le dio la mano para subir, lo tapó con una manta y le dio una bebida caliente. Cuando cayó enfermo y lo llevaron al hospital, una mujer iba a verlo dos días a la semana. Era una voluntaria, le explicaron. Cuando iba a buscar comida a Cáritas también le atendía una voluntaria y también lo era la chica que le daba clases de español. Y también el hombre que le había rescatado en el mar. Pensó que lo que mantenía la dignidad del viejo continente eran sus voluntarios.

Nuria Carreras Jordi. Banyoles (Girona)

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