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Los rebecos de los Pirineos inmunes a un virus letal

Descubierto en el este de Cataluña un patógeno que protege a los ungulados de una enfermedad que diezma las poblaciones en otras zonas

Un rebeco anillado por el equipo de investigación de la UAB.
Un rebeco anillado por el equipo de investigación de la UAB.

En 2001 una enfermedad desconocida comenzó a cebarse con los rebecos de los Pirineos. Las poblaciones de estos ágiles rumiantes de alta montaña se reducían hasta en un 80% sin que se supiese la causa. La mortalidad era tan grande que hubo que prohibir su caza en algunas áreas.

“Llegaron a morir unos 3.000 ejemplares de un total de 5.000”, recuerda Òscar Cabezón, veterinario del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la Universidad Autónoma de Barcelona. En 2005 su equipo sacó muestras de sangre a algunos de los animales muertos y comenzó a investigar. En la mayoría encontraron el virus de la enfermedad de la frontera, una dolencia bien conocida que suele afectar a las ovejas. Pero nada tenía sentido, porque este virus solo es letal para las crías en gestación. Una vez la madre pare, la cría suele morir, pero la hembra adulta sobrevive y a partir de ese momento tiene anticuerpos contra el virus, por lo que no vuelve a enfermar.

¿Cómo puede sobrevivir un virus así? En algún momento todas las hembras quedarían inmunizadas y las poblaciones se recuperarían, pero eso no es lo que registraban los diferentes equipos de conteo de las poblaciones de rebeco, o sarrio, en el Pirineo catalán. “Sabemos por estudios en otras especies que hay un porcentaje pequeño de crías infectadas, en torno al 1%, que no sufre la enfermedad”, señala Cabezón. Estos individuos que sobreviven pasan toda su vida esparciendo el virus a través de la saliva y otros fluidos. Es posible que esto sea lo que está sucediendo en los rebecos, aunque aún no está probado.

Miembros del equipo del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la Universidad Autónoma de Barcelona toman muestras de sangre a un sarrio en los Pirineos.
Miembros del equipo del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la Universidad Autónoma de Barcelona toman muestras de sangre a un sarrio en los Pirineos.

La enfermedad comenzó a aparecer en la zona central de los Pirineos catalanes y se expandió tanto hacia la zona aragonesa de la cordillera como hacia el este. De todas las poblaciones de rebecos analizadas en varias reservas nacionales de caza, solo una parecía totalmente inmune al virus, la de la reserva Freser-Setcases, en la comarca del Ripollés, famosa por albergar el monasterio de Ripoll. Al otro lado de la frontera, en Francia, el virus sí hacía estragos.

En una investigación publicada esta semana en la revista Transboundary and Emerging Diseases el equipo de Cabezón ha podido resolver el enigma. Su equipo ha demostrado que los sarrios del Ripollés están infectados por el virus de la enfermedad de la frontera, pero el análisis de ADN muestra que se trata de una cepa diferente. En experimentos realizados en un laboratorio de alta seguridad el equipo ha comparado los dos virus y ha mostrado que la variante hallada en Ripollés es de baja letalidad y que esa infección impide que el virus más peligroso pueda infectar de nuevo.

Un sarrio enfermo por el virus de la enfermedad de la frontera.
Un sarrio enfermo por el virus de la enfermedad de la frontera.

“Los rebecos que contraen este virus no solo no muestran signos de enfermedad, sino que funcionan como una especie de animal-vacuna, pues van esparciendo esa cepa del virus y protegiendo cada vez a más ejemplares”, explica Cabezón. Lo que aún es un misterio es por qué el virus de alta letalidad es capaz de matar no solo a las crías, sino también a ejemplares adultos. Cabezón señala que este es un virus de ARN, un gran grupo de patógenos que se caracterizan por una alta tasa de mutación, es decir de cambio genético. Esos cambios pueden en ocasiones darles una nueva ventaja o, al contrario, suponer una barrera a su expansión. Es posible, explica Cabezón, que una mutación relativamente reciente del patógeno le permitiese afectar a ejemplares adultos, lo que explicaría la alta mortalidad registrada en años anteriores. En cualquier caso el veterinario explica que ninguna de las cepas del virus de los rebecos puede matar a ovejas ni cerdos.

El próximo objetivo de los investigadores de la UAB y del Centro de Investigación en Sanidad Animal es seguir a las poblaciones de sarrios de la zona de los Pirineos no afectada por el virus letal para comprender la dinámica de expansión de esta cepa del virus. “En estos momentos los sarrios no son una especie amenazada, de hecho cada año hay que cazarlos para controlar las poblaciones. Desde el punto de vista teórico sería posible usar esta cepa del virus como una especie de vacuna contra la variante letal, pero en la práctica es algo muy complicado de hacer”, reconoce Cabezón.

“Esta enfermedad llegó al Pirineo aragonés en 2011 y se registraron mortalidades algo más bajas que en Cataluña, de entorno al 50%”, explica Juan Herrero, ecólogo de la Universidad de Zaragoza y uno de los responsables del seguimiento del rebeco tanto en Aragón como en Navarra. “Se trata de una enfermedad muy complicada de estudiar porque es invisible, solo ves sus estragos al año siguiente cuando vuelves a contar las poblaciones y ves que faltan la mitad de animales. Lo que hemos visto es que el avance de la enfermedad desde Cataluña se ha detenido a la mitad de la cordillera, concretamente en el valle de Tena. Más allá no registramos ninguna incidencia. Además, desde 2015 no hemos registrado ningún brote”. Sería interesante comprobar si la nueva variante del virus descubierta está también presente aquí y puede estar haciendo de barrera a la expansión del virus más peligroso, reconoce.

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