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Vuelve el ébola, ¿esperaremos a que vuelva también la histeria?

Pese a los 2.500 casos diagnosticados, las ayudas llegan con cuentagotas

Una madre y su niño enfermo de ébola en Beni, República Democrática del Congo.
Una madre y su niño enfermo de ébola en Beni, República Democrática del Congo. REUTERS

Tres años después de que se diera por controlado el brote que mató a 11.300 personas en África Occidental, el ébola aparece de nuevo como una amenaza capaz de extenderse sin que las medidas adoptadas en las zonas afectadas de la República Democrática del Congo y Uganda permitan dar la situación por controlada. Las lecciones aprendidas del brote anterior y los avances terapéuticos logrados desde entonces deberían permitir una visión más optimista y, sin embargo, las voces de alerta de quienes trabajan sobre el terreno en las regiones de Ituri y Kivu del norte no dejan de advertir del peligro de extensión si no se destinan más recursos al control de la epidemia.

Entre las mejoras terapéuticas figuran tres tratamientos experimentales que aumentan las posibilidades de curación y una vacuna, también experimental, con la que han sido inmunizadas unas 32.000 personas y que ahora veremos si ofrece la protección que se presume. La ONG Alima ha diseñado unas cámaras individuales de aislamiento que permiten a la vez una atención más humanitaria de los enfermos y garantías de seguridad para los sanitarios. Finalmente, las lecciones aprendidas en el anterior brote en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria permiten un nuevo enfoque social, con mayor implicación de la comunidad para lograr entierros seguros y un seguimiento eficaz de las personas que han estado en contacto con los fallecidos.

Y sin embargo, el oscurantismo, el conflicto endémico en el que viven las zonas afectadas y la debilidad también endémica de las estructuras sanitarias y de gobierno se han aliado para que el peligro de extensión a otros países persista. Dos equipos de Médicos sin Fronteras y los dispositivos móviles que administran la vacuna han sido atacados y algunos sanitarios, asesinados. La razón es la facilidad con la que los bulos llevan a negar la realidad y una desconfianza crónica hacia todo lo que sea autoridad estatal en una región que lleva 24 años de conflicto.

Las ayudas van llegando —la UE ha destinado 17 millones de euros— pero son insuficientes. Son ya más de 2.500 los casos diagnosticados, con 1.500 fallecidos y una tasa de mortalidad muy alta, del 75%. La OMS pide más ayuda internacional. ¿Esperaremos a que un primer caso llegue al mundo rico, encienda el miedo egoísta y desencadene una ola de histeria para actuar?

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