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La rebelión de las mujeres que ya tienen habitación propia

O maduramos todos, o envejecemos todos, porque las canas y las arrugas son las mismas sean XX o sean XY

Participantes de la I Carrera Feminista, el pasado mes de marzo en Madrid.
Participantes de la I Carrera Feminista, el pasado mes de marzo en Madrid. EFE

Ellas mismas se han sorprendido del éxito de su libro. El eco que ha tenido es una señal de que, con el grito de guerra que han lanzado en Imbatibles. La edad de las mujeres, han tocado una fibra muy sensible. Son cinco amigas —Maria Rosa Benedicto, Sara Berbel, Maribel Cárdenas, Estrella Montolío y Ester Pujol— que en la plenitud de su vida y de su carrera profesional, se han propuesto reunir en un libro sus vivencias y reflexiones sobre la edad. Es su forma de rebelarse contra los dictados de una arraigada cultura patriarcal, que condena a las mujeres a la invisibilidad y en cierto modo a la muerte civil a partir de los cincuenta.

Pertenecen a una generación que ya ha logrado lo que Virginia Wolf reclamaba para todas las mujeres, la posibilidad de tener una habitación propia, han desarrollado exitosas carreras en el ámbito de la medicina, la docencia, la comunicación, la gestión pública o la política, y ahora no piensan doblegarse ante los estereotipos que la cultura patriarcal reserva a las mujeres maduras. Unos estereotipos que Susan Sontag señaló en la paradoja sexista de que “mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen”. O maduramos todos, o envejecemos todos, porque las canas y las arrugas son las mismas sean XX o XY.

Justo cuando pueden alcanzar ese estado de placidez y sabiduría que da la experiencia y la seguridad adquirida, a las mujeres maduras les dicen que han de empezar a dar un paso al lado. Pero ellas dicen que no van a resignarse a “ser desplazadas al almacén simbólico de los productos caducados” porque siguen teniendo mucho que hacer y mucho que decir.

En el libro rebaten los falsos mitos de la menopausia, entre ellos el de la pérdida del deseo sexual. Lejos de sucumbir a la estigmatización o la medicalización, proponen vivirla con naturalidad y plenitud. Y, puesto que supone un cambio biológico importante, aprovechar para hacer un alto, mirarse al espejo con amor y dejar el lastre inútil acumulado. La ventaja de la nueva etapa es que se puede vivir con mayor libertad y, como decía Germaine Greer, sin “añadir culpas a unos cambios que forman parte de la naturaleza”. El libro es un canto a la sororidad entre las mujeres y un homenaje a “los hombres que nos acompañan”, esos compañeros que, contra los viejos estereotipos de la masculinidad, han asumido como propia la causa de las mujeres.

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