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K-pop, prostitución y abusos sexuales

Estrellas de la canción de Corea del Sur, empresarios y policías están involucrados en una trama que ha provocado en el país un movimiento similar al Me Too

El cantante Seungri, a su llegada a la sede de la policía donde se le tomó declaración el pasado 14 de marzo en Seúl. En vídeo, las claves del caso. Getty Images | Vídeo: Reuters

En enero, el cantante y productor musical surcoreano Lee Seung-hyun, más conocido por su nombre artístico Seungri, era una de las personas más famosas y admiradas de su país. El mes pasado, en cambio, su puesta en libertad provisional motivó una recogida de firmas pidiendo la recusación del juez responsable de esa medida. Entre medias, una polémica investigación ha sacudido la industria musical de Corea del Sur y ha sentado en el banquillo a empresarios, policías y estrellas de la canción involucrados en una red de prostitución y abusos sexuales.

La caída en desgracia de Seungri, de 28 años y antiguo miembro de Big Bang, una de las principales bandas de K-pop —como se conoce a la música popular surcoreana—, se remonta a principios de año. La denuncia de un hombre que aseguraba que había sido agredido en Burning Sun, una discoteca de Gangnam (el barrio más exclusivo de Seúl) de la que el cantante era copropietario, puso en marcha una investigación policial que pareció terminar con el cierre del local por narcotráfico. En febrero, el portal de entretenimiento SBS funE publicó una conversación entre Seungri y su socio en la que gestionaban la contratación de prostitutas como parte de un supuesto soborno a un inversor extranjero. Era solo el principio.

La periodista Kang Kyung Yoon siguió investigando hasta descubrir la existencia de un chat en el que Seungri y otras estrellas del K-pop como Jung Joon-young, vocalista de Drug Restaurant, o Choi Jong-hoon, líder de FT Island, compartían vídeos sexuales grabados sin permiso —imágenes de cámaras colocadas en lugares públicos, se sospecha que gracias a sus contactos en la policía— e incluso alardeaban de abusos y violaciones. Pocos días después, Seungri anunciaba en Instagram su retirada del mundo del espectáculo.

El K-pop se convirtió en un fenómeno global en 2012 gracias a Gangnam Style. El galope de Psy, que asaltó las pistas de baile de todo el mundo, se convirtió entonces en el vídeo más reproducido en la historia de YouTube y el primero que superaba los mil millones de visualizaciones. Desde entonces, la industria de ese género musical ha continuado su ascensión meteórica, hasta convertirse en uno de los principales exponentes de Corea del Sur más allá de sus fronteras. La fama de sus cantantes ha ido creciendo de forma paralela.

Si el caso de supuestos abusos sexuales ha conmocionado a la sociedad surcoreana ha sido por sacar a la luz tanto el comportamiento depredador de unos ídolos como las redes de intereses que les permitían actuar con impunidad. “Lo más importante es que este escándalo no supone un incidente aislado, sino la pequeña parte visible de un gran iceberg que involucra a la industria del entretenimiento con la confabulación de líderes políticos y empresariales”, apunta Seungsook Moon, profesora de Sociología en Vassar College.

Moon incide en que la reacción social comparte muchas similitudes con el movimiento Me Too. Como sucedió en Estados Unidos, una vez que las víctimas empezaron a alzar su voz, el gran secreto colectivo se desplomó. La primera fue una mujer que en abril confirmó en una declaración judicial que sufrió abusos sexuales a manos de cinco hombres que participaban en el citado chat.
“El hecho de que un caso como este haya salido a la luz y se haya convertido en un asunto tan polémico y visible tiene mucho que ver con los cambios sociales en marcha en Corea del Sur”, recalca Moon. Y añade: “Corea estuvo dirigida por un régimen militar oficialmente hasta 1988 y de facto hasta 1992. El movimiento feminista aquí siempre ha estado circunscrito al empuje democratizador, motivo por el que los movimientos y organizaciones feministas tienen mucha más visibilidad e influencia social y política que en otros países asiáticos”.

Muchas de esas organizaciones feministas han alzado la voz durante los últimos días para mostrar su descontento con el desarrollo del proceso judicial y la puesta en libertad provisional de Seungri.
El cantante puede ser condenado a hasta tres años de cárcel por cargos que incluyen fomento de la prostitución —ilegal en Corea del Sur—, grabación ilícita, evasión de impuestos y malversación de fondos.

La policía quiere cerrar el caso antes del día 24, fecha en la que Lee Seung-hyun ha sido citado para iniciar el servicio militar obligatorio.

 

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