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Vox y el ‘ménage à trois’ de la derecha

El partido de Abascal da un puñetazo en la mesa para desbaratar el plan de Ciudadanos, que considera no solo hipócrita, sino de un cinismo humillante

Rueda de prensa del presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a Francisco José Alcaraz y Macarena Olona en el Congreso de los Diputados.

Vox ha puesto en marcha un plan, aunque sea un plan no exento de riesgos, que puede desbordar la capacidad de los líderes de la extrema derecha para hacer política. Hasta ahora no han demostrado —manca finezza— habilidad para moverse entre líneas. Bien es verdad que ellos no están entre líneas sino en un extremo, y por tanto a lo que aspiran es a no quedar, como diría un golfista, fuera de líneas. Esto es, reclaman estar dentro, no ser un sumando exógeno.

El motivo de Vox al dar un puñetazo en la mesa es obvio: desbaratar el plan de Ciudadanos, que ellos consideran no solo hipócrita, sino de un cinismo humillante. En definitiva, Cs quiere un triángulo, pero con una pareja oficial digna (Cs y PP) y Vox haciendo el papel de la otra, sin derecho a nada, como cantaba la vieja copla de la Piquer. Y a Vox no le sirve el triángulo sino que reclaman un ménage à trois. Cosa de tres, no dos más uno. O lo que es lo mismo: las tres derechas juntas en Gobiernos, aunque no en todos, y negociando conjuntamente la hoja de ruta.

En definitiva, que Ciudadanos vete a Vox resulta coherente, como liberales europeos. Pero es notorio que hasta ahora Rivera ha perseguido una autenticidad ficticia: gobernar con Vox pero con efecto compresa, para que no se mueva, no traspase y, por supuesto, no se note. La idea es simple: Cs pacta con PP, y PP pacta con Vox, y así se suma la mayoría PP+Cs+Vox, pero esto permite a Cs considerar que ellos no quedan tiznados por la extrema derecha porque es (Cs+PP)+(PP+Vox). Noli me tangere.

Vox se ha cansado de formar parte de un triángulo en el que ellos asumen un papel subsidiario, sumisamente, aceptando que hay que proteger la tranquilidad de Cs, ante la cual, volviendo al Romance de la otra de la Piquer, “qué importa que yo me muera…”. Pero ese es el problema literalmente para Vox: tras firmar un cheque en blanco en Andalucía, ya saben que esa fórmula les conduce a la irrelevancia, de modo que necesitan entrar en la ecuación. De ahí el órdago: sentarse con ellos en mesas a tres, aunque el PP trate de persuadirles de mesas 2+2, y para darle credibilidad, lanzar una enmienda a la totalidad de las cuentas andaluzas donde se cuenta con sus votos pero no con su influencia.

La jugada puede ser un farol. Claro que lo malo de ciertos faroles es que permiten llegar lejos, pero no regresar. Si Vox no rectifica, bloqueará el “Gobierno del cambio”, que no puede permitirse escenificar que van al paso que marque Vox, y se abortará la Fórmula Andaluza a la primera de cambio. Y si rectifica, la extrema derecha mostrará su extrema debilidad, incluso su inutilidad, porque se les condena a recolectar votos pero sin influencia real. Es un movimiento de alto voltaje, en el que ya se verá quién resiste más en el chicken game del barranco, con efectos colaterales: si Vox resiste, y obliga a Cs a aceptarlos, a su vez Cs tendrá que hacer pactos hacia la izquierda con el PSOE para diferenciarse y legitimarse en el centro.

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