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El Prado de Miquel Barceló

Sábado. Nueve de la mañana. Un museo desierto. Dos siluetas solitarias recorren galerías, pasillos, salas, pinturas. contemplan y hablan. Miquel Barceló y su amigo Jean Marie del Moral, el fotógrafo que ha inmortalizado desde los primeros ochenta la carrera del artista, recorren el Prado. ‘Su’ Prado.

El Prado de Miquel Barceló

POR DÓNDE empezar? Por Van der Weyden, por ejemplo. Estoy delante de El descendimiento. Voy a menudo a ver esta pintura. Un día, después de varias visitas, me di cuenta de que lo que me parecía una presencia tan intensa se debía a algo muy concreto: los personajes están encerrados en una especie de habitáculo muy estrecho. Si uno observa las esquinas del cuadro, verá que no tienen más de un metro de profundidad. Y delante hay una línea que nada atraviesa. Todo está, entonces, encerrado en un espacio no más grande que nuestra mesa. ¡Imagínense todos nosotros, más una cruz, más una calavera, más una mujer desmayada en un espacio así de estrecho! Evidentemente es imposible, pero Van der Weyden se las arregló para poner todo eso ahí dentro, y es precisamente esto lo que crea una contradicción visual, su genialidad. Hay un juego de manos también extraordinario: todos los personajes se tocan, siempre hay un punto de contacto. Si pasáramos una corriente eléctrica estarían todos electrocutados, salvo la Virgen y su hijo, el Cristo, que casi se tocan entre sí… Pero hay un centímetro entre sus manos. Ese centímetro es la muerte.

Miquel Barceló, libreta y lápiz en mano, contempla fascinado la inmensidad  de 'El lavatorio', de Tintoretto, en la galería central del Museo del Prado.
Miquel Barceló, libreta y lápiz en mano, contempla fascinado la inmensidad de 'El lavatorio', de Tintoretto, en la galería central del Museo del Prado.

Pasemos a Velázquez. Las hilanderas. Estas mujeres están tejiendo y la mujer que utiliza la máquina de hilar sostiene un hilo en su mano. Si encendiéramos ese hilo veríamos cómo va dando vueltas, está en contacto con la pelota del gato, y termina en la tapicería, es como el hilo de la vida. Si tiramos, esta todo ahí…, hasta la ausencia. Y es la definición del Barroco. Hilar y deshilar. Hacer y deshacer. Hasta la pintura parece deshilarse. En esta tela todo puede desintegrarse. Siempre pensé que a Velázquez no le gustaba pintar. Que lo hacía muy rápido. Era un pintor con extrema destreza, muy eficaz. No hay pintor más eficaz que Velázquez.

De pronto, Tiziano. Un buitre arranca el hígado de un hombre. Sísifo, de Tiziano, es una figura mitológica que utilicé mucho de joven, ya que la veía muy cercana a lo que la vida del pintor es…, arrastrando algo muy pesado y repitiendo el esfuerzo un poco para nada… El pintor con el cuadro sobre la espalda, como Sísifo con la roca subiendo la montaña.

Barceló ante el busto en bronce del joven Goya, obra de Gaetano Merchi (hacia 1795).
Barceló ante el busto en bronce del joven Goya, obra de Gaetano Merchi (hacia 1795).

Luego vemos la mesa de Tintoretto. Dos kilómetros es el cálculo que hice de la distancia que separa, en un gran cuadro de Tintoretto, el pie y el fondo… Tintoretto distingue quiénes son santos de quiénes no con las coronas. Me gusta mucho eso de la luminosidad. Como si cada uno de nosotros tuviera una corona luminosa sobre la cabeza que nos permitiera ver la cantidad de santidad de cada uno, como si hubiera una jerarquía de la santidad en Tintoretto…

Luces, sombras, silencio…, locura y pureza, cielo e infierno: mis pasos me llevan hasta El jardín de las delicias. ¡El Bosco! Hace unos años pude visitar la muestra del Prado junto a uno de los restauradores. Y descubrí algo extraordinario: cuando observamos de cerca los pigmentos, vemos que utilizaba elementos casi de alquimia para pintar. Por ejemplo, en el fuego pone un poco de oro. Los químicos se sorprendieron mucho al encontrar oro en su pintura, pero pienso que para el Bosco era una manera de agregar intensidad a su obra. E incluso si es una pintura que parece muy lisa, cuando te acercas, ves la micromateria, las frambuesas y las pequeñas frutas tienen relieve. Algo que nos devuelve a la Edad Media, algo casi animista de la literalidad de la materia que es muy interesante… Todo el resto, claro, también es magnífico: su creación, su universo…

El artista mallorquín toma apuntes durante su visita solitaria al Prado.
El artista mallorquín toma apuntes durante su visita solitaria al Prado.

Recuerdo que observaba mucho la obra del Bosco cuando era muy joven, y siempre durante un largo rato, pero ahora voy más hacia Velázquez, Goya o el Greco que hacia el Bosco. A veces creo que preferí a Bruegel durante mucho tiempo… Al final es como con la música. A veces escuchamos a Miles Davis todo el día, y luego dejamos de hacerlo durante años. Con la pintura es lo mismo. Pero cuando descubrí lo del oro en el fuego, me volvió el gusto por el Bosco. Es un artista muy misterioso.

Me gustaría hablar de Luis Meléndez. Era un pintor de naturalezas muertas, español, del XVIII, era el Lionel Messi de la pintura. Nació en una familia modesta de Nápoles, era tan bueno que pensaron que era un niño prodigio y que harían de él un gran pintor. Entonces lo llevaron a Madrid. Su hermana, toda la familia pintaba, y él se presentaba cada año para ser pintor del rey, y cada año lo rechazaban. En todas sus naturalezas muertas hay un borde de mesa. Y a medida que vamos avanzando en su obra, más rotos están esos bordes, con más golpes, rompiéndose los nervios en los bordes de las mesas. Cada golpe que recibía de la vida dejaba una marca en el borde. Yo creo que cada carta del rey rechazándolo es un nuevo golpe en los bordes de las mesas de Luis Meléndez, como muescas en la pistola de Billy the Kid. Es un pintor asombroso… como Sánchez Cotán. Creo que realizó solo seis o siete cuadros. Quizás Zurbarán, Sánchez Cotán y Meléndez son los grandes bodegonistas españoles de todos los tiempos.

Barceló se pasea por la galería central del museo madrileño.
Barceló se pasea por la galería central del museo madrileño.

Goya. Los fusilamientos o El 3 de mayo en Madrid. Es un cuadro sobrecogedor, enorme, los colores son maravillosos, estos amarillos… Parece mentira cómo puede ser tan trágico y tan moderno a la vez, sin tener nada de melodramático. Esta luz en el centro tan fría… y los soldados como una masa… Hay varias versiones de este cuadro: La ejecución del emperador Maximiliano, de Manet; Masacre en Corea, de Picasso…, pero ninguno alcanza este nivel de intensidad.

Y aquí tenemos a La maja desnuda. Hay otra versión vestida. Es algo asombroso, sobre todo cuando ves los dos juntos. Muy políticamente incorrecto, incluso hoy. El gesto de mostrar a la chica desnuda y vestida al lado es muy fuerte, muy chocante. Yo creo que fue la primera chica desnuda que vi en mi vida, cuando tenía pocos años. Era tan moderno… Comprendo perfectamente por qué Manet se enamoró de ella. Después pintó su Olympia.

La silueta del pintor y escultor se proyecta sobre 'La familia de Carlos IV', de Goya.
La silueta del pintor y escultor se proyecta sobre 'La familia de Carlos IV', de Goya.

Recuerdo haber hecho una conferencia sobre el Greco en el Prado. Todos sus personajes parecen salidos del agua, como mojados. Brillan. Y las telas mojadas se les pegan a la piel. Los personajes del Greco llevan ropas de colores improbables, verde limón, verde vejiga, pegadas a la piel, que solo se pueden pegar de esa manera a la piel estando mojados. El Greco fue un artista muy cercano a la pintura gótica, entre el Greco y Velázquez hay una enorme brecha cultural.

Cuando voy a un museo, si puedo llevo siempre un cuaderno pequeño en mi bolsillo. Puede sorprender, pero suelo detenerme en los mismos detalles. No es para recordar, pero me ayuda a observar. En estos cuadernos también hay cosas que no tienen nada que ver: listas de compras, notas diversas… Hago los cuadernos como realizo mis cuadros: sin objetivo preciso. Son pulsiones. Los cuadernos no son estudios ni preparatorios de nada. Tomo notas por todos lados, no saco fotos, dibujo en mis cuadernos.

“Cuando voy a un museo, si puedo llevo un cuaderno. Hago los cuadernos como mis cuadros: sin objetivo preciso”. Ante 'Las meninas'.
“Cuando voy a un museo, si puedo llevo un cuaderno. Hago los cuadernos como mis cuadros: sin objetivo preciso”. Ante 'Las meninas'.

Siento bien que hay formas de arte que me gustan más que otras, y muchas están en el Prado o en el Louvre, pero también en la India o África. Mis intereses van del Louvre y el Prado a las cuevas de Altamira, Chauvet, Lascaux, Egipto, el Himalaya, el arte africano… Todo lo que me ha alimentado durante años.

El Prado es un museo muy especial, es muy radical ya que contiene casi exclusivamente pinturas, y casi solo del gran Barroco. El Louvre tiene una vocación universal, de mostrar todo, mientras que el Prado representa un gusto por un tipo de pintura que podríamos llamar el Gran Barroco. Es un museo muy curioso. Con estos pintores extraños y extraordinarios, Zurbarán, Velázquez, Goya, el Greco, que representan casi la integralidad del museo. Por muchas razones esta pinacoteca es una isla en una isla…