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‘Superdomingo’

Hoy se decide desde qué municipios hasta qué Europa queremos

elecciones 26M
Papeletas para las votaciones del 26M EFE

Las elecciones municipales, autonómicas y europeas que se celebran este domingo cierran el amplio ciclo de renovación de las instancias de poder en España iniciado el pasado mes de abril, y marcarán el panorama político durante los próximos años. Sin embargo, las convocatorias de esta jornada no son ni pueden ser interpretadas como segunda vuelta de las generales, por más que los resultados serán determinantes a la hora de alcanzar los pactos políticos necesarios para la formación del Gobierno central en un Congreso fragmentado. Los problemas a los que se enfrentan los municipios y comunidades son de suficiente entidad como para que el voto se decida en virtud de los programas, y no únicamente por adhesión genérica a unas posturas.

Los efectos de la crisis económica se dejaron sentir especialmente en las Administraciones territoriales, y de manera particular en los Ayuntamientos. El hecho de que estos hayan sido los organismos que con mayor celeridad han contenido el déficit, pese a que su financiación quedó tradicionalmente postergada frente a las necesidades de la autonómica y central, no puede hacer que se olvide su importancia en el funcionamiento del sistema. Gran parte del progreso experimentado durante las últimas décadas ha tenido su expresión más inmediata en los pueblos y ciudades, singularmente en la prestación de servicios a los ciudadanos.

Es cierto que la burbuja inmobiliaria tuvo su epicentro en los municipios, tanto en el momento de la actividad económica desorbitada como en el de su abrupto final. Pero esta realidad es un motivo adicional para perseverar en el doble objetivo de que los Ayuntamientos sigan consolidándose como el primer escalón en la prestación de servicios y de que dispongan de una financiación estable, sobre todo en la España interior y escasamente poblada. Y otro tanto cabe decir de las comunidades autónomas, donde el problema de la financiación no es tan acuciante al haber existido una clara conciencia política de que las competencias que ejercen necesitan respaldo presupuestario. En el caso de las comunidades, el desafío sobre el que decidirán los resultados de hoy tiene que ver con el reparto autonómico que contemplaría la nueva ley de financiación pendiente de aprobar durante esta legislatura.

La percepción de que Europa ha sido siempre una instancia lejana, en la que, por tanto, la apuesta política era menor, no se corresponde en absoluto con la realidad que atraviesa la Unión en estos momentos. El Parlamento de Estrasburgo ha ido ganando peso en la arquitectura comunitaria por más que durante los últimos años la homogeneidad de su composición contribuyera a limitar la trascendencia aparente de los debates. Estas elecciones no solo deciden acerca de la gestión de las políticas comunes, sino también del rumbo que adoptará la Unión. De los programas en liza, unos apuntan hacia su fortalecimiento por más que puedan disentir en el camino y los límites, mientras que otros se inclinan por llevar el proyecto a una vía muerta desde la que emprender el retroceso. Ambos programas son sin duda europeos, y la condición para ejecutarlos es la misma: contar hoy con el respaldo mayoritario de los ciudadanos en las urnas.

Es mucho lo que está en juego durante este gran domingo electoral, tanto en España como en la Unión, como para no acudir masivamente a los colegios.

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