Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Estado de excepción

Cabe albergar la esperanza de que lo sucedido esta semana sea sólo una traca final efectista para movilizar al electorado para el domingo

Albert Rivera señala a los diputados catalanes en prisión preventiva durante la sesión constitutiva de la XIII Legislatura.
Albert Rivera señala a los diputados catalanes en prisión preventiva durante la sesión constitutiva de la XIII Legislatura. EL PAÍS

Todo apunta a otra legislatura endiablada. Claro que después de lo sucedido este curso, desde la moción, ¿por qué ahora iba a ser diferente? Sí, por supuesto hay un buen argumento: las urnas del 28A acabaron con el relato del Gobierno ilegítimo, que había usurpado el poder con una moción fraudulenta apoyado en los enemigos de España para mandar desde una minoría insoportable de 84... Ese relato no fue sancionado, sino refutado, por la sociedad española. Pero la dinámica de la polarización no decae, y además con una competición interna en el bloque de la derecha, a cara de perro, donde van a golpearse entre sí tan duro como puedan… pero en el culo del presidente.

Claro que aún cabe albergar la esperanza de que lo sucedido esta semana sea sólo una traca final efectista por el calendario electoral, para movilizar a sus electorados para el 26M, y no el anticipo de lo que va a suceder después durante la XIII Legislatura.

Es difícil, en todo caso, confiar en un reajuste racional tras el enredo de la suspension de los diputados presos. La escandalera con la estrategia discutible Batet, pidiendo su cabeza ásperamente a las 24h de su elección, parece un claro anticipo de una hoja de ruta de tierra quemada. Convertir el informe de los letrados de la Cámara en una “humillación a España” prolonga el tremendismo apocalíptico. El miércoles amaneció la prensa conservadora con titulares tipo “Rebelión en las Cortes” [a nadie se le oculta que el término pretendía asociar el circo de los juramentos al golpismo directamente] y nuevas acusaciones de entreguismo en los editoriales. Pocas horas después, la hemeroteca rescataba juramentos similares de diputados y senadores indepes (por los presos políticos, por los exiliados, por la República catalana…) bendecidos por Ana Pastor o Pío García Escudero. ¿Dónde estaba entonces la prensa conservadora? ¿Dónde esos savonarolas de púlpito mediático que razonan con la antorcha encendida?

Sólo queda, a pesar de todo, confiar en que este cinismo impúdico –que no desmemoria– sea la última bala electoralista antes de relajar el clima político para encarar cuatro años sin elecciones trascendentales, por fin, salvo Cataluña.

Entretanto se entienden, hasta cierto punto, algunos excesos ante la cita de mañana, porque las urnas van a impulsar la aritmética de los pactos, la capacidad negociadora, los pesos en los bloques, y también los contrapesos. Todas las batallas la batalla… se podría titular parafraseando aquel ‘Todos los fuegos el fuego’ de Cortázar, porque todas las batallas de mañana, todas, Europa, las comunidades en liza, cada uno de las miles de batallas municipales, van a computar en el resultado de la batalla del 28A con la investidura pendiente. El desenlace de Madrid, la suerte de Podemos, Barcelona, el poder institucional conservado por el PP, las opciones para C’s, todo estará en la ecuación final.

¿Y entonces?

El último año se ha vivido en España en Estado de excepción. Tal vez el domingo se pueda poner fin a esto. Habrá que confiar en que quienes creyeron que el éxito vendría de no dar respiro a la sociedad hayan aprendido la lección. Nada avala esa confianza, eso sí, salvo los síntomas de cansancio.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >