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El misterioso éxito de Rosalía

Seis meses después del lanzamiento de ‘El mal querer’, los portales de famosos de EE UU la tratan como ‘celebrity’ global. Dua Lipa y Alicia Keys son sus nuevas amigas

La cantante española Rosalía actúa durante un concierto en el Webster Hall de Manhattan, en Nueva York. En vídeo, Rosalía canta un tema de Las Grecas.

Parece salida de la nada. Un chispazo que ha puesto de moda el flamenco, o como sea que se llame lo que ella hace. Porque no es trap, no es electrónica, ni es cante jondo, sino un mix de todo esto y más. Rosalía Vila lo ha metido en un saco, lo ha vapuleado y ahora se lo enseña al mundo. Pero este chispazo lleva más de una década subido a un escenario y ahora brilla como resultado de su obcecación, buenas decisiones y años de sacrificio y trabajo.

Rosalía tiene 25 años y nació con el cante dentro. Una excepción en una familia de Sant Esteve Sesrovires (Baix Llobregat) ajena a la música. Antes que ella, solo su abuela materna, también Rosalía, mostraba esa sensibilidad artística. Sentía la necesidad de canturrear a todas horas. En su nieta, a la voz se sumó el nervio. Su entorno familiar cuenta que no paraba quieta. Comentan que no sabía lo que era la vergüenza, que era la alegría y el terremoto de su clase. Hablaba en catalán en casa, salvo cuando jugaba con su hermana Pili. Preferían el castellano porque les ayudaba a fingir que eran otras personas. Y a los siete años, descubrió su superpoder: “hacer llorar a todo el mundo”. Fue durante una comida familiar en la que su padre la animó a cantar. Acabaron todos con la lágrima colgando. “No entendí qué había pasado, pero supe que podía hacer algo con la música”, dijo en una entrevista con este diario la cantante. Y empezó a canalizar toda su energía en una sola dirección.

Le gusta contar que descubrió el flamenco un día al salir del instituto. Tenía por costumbre reunirse en el parque con sus amigos y escuchar música. Aquella tarde pusieron a Camarón. Le impresionó tanto la voz del cantaor que quiso saber más de él. Poco a poco se fue sumergiendo en referencias flamencas. Y su mundo se orientó a la música. La primera vez que se subió a un escenario fue con 13 años. “Durante mucho tiempo a mí nadie me hacía caso. He cantado en restaurantes, bodas y en bares sin sistemas de amplificación”, recuerda. Y cuenta que, en muchas ocasiones, los beneficios no le daban ni para pagar el parking. Con 15 años, mientras cursaba cuarto de la ESO, probó suerte en el programa de televisión Tú sí que vales. Quedó semifinalista y mostró su genio cuando Ángel Llácer le reprochó haber desafinado. “No puedo hacer todo. He intentado interpretar, cantar y bailar. He intentado hacer lo posible, te lo digo de verdad”, le espetó.

Rosalía, durante una rueda de prensa en Ciudad de México.
Rosalía, durante una rueda de prensa en Ciudad de México. EFE

Pero Rosalía forzó demasiado. Tanto, que a los 17 años se le rompió la voz. Tuvo que ser sometida a una operación de cuerdas vocales y, ya recuperada, ingresó en la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc). "Estudié su perfil, tuve que hacer un trabajo de fondo”, cuenta José Miguel Vizcaya, conocido como Chiqui de La Línea, su profesor en la Esmuc. “Ella no tenía por costumbre escuchar flamenco, había oído alguna cosa y poco más. Así que suponía un reto bastante grande. Al principio hacía por su cuenta bolos de jazz y otros tipos de música. No atendía mucho a las directrices de mis clases, pero estaba interesadísima en aprender", recuerda. José Miguel Vizcaya también rememora uno de sus principales retos con la artista: "Encontrar referentes que le fueran bien a su voz y que al mismo tiempo a ella le gustasen fue uno de los obstáculos más difíciles que tuve. Pero, al final, las clases con ella se convirtieron en deliciosas. Me daba poco trabajo. Se volvió aplicada no, lo siguiente. De una semana para otra me traía los cantes perfectos”, añade el maestro.

Rosalía terminó una carrera plagada de dieces con un concierto final de matrícula de honor. Pero a su profesor se le quedó una espinita: grabar con ella un disco de flamenco puro. “Era la idea que teníamos desde el principio. Pero yo cogí una baja casi de un curso completo. Ella, que estaba gestionando proyectos y no contaba con mi asesoramiento, eligió. Se me escapó”.

Lo que eligió Rosalía fue hacer un disco con el productor Raúl Refree. Los Ángeles, íntimo y flamenco, salió al mercado en 2017. Hizo ruido, pero no demasiado. Algo no terminaba de encajar en la propuesta de Rosalía. Cantar sentada acompañada de una guitarra no era el formato con el que podía dar lo máximo de sí misma. Le iban mejor proyectos como el videoclip Antes de morirme, que grabó con su expareja C. Tangana. Poco después de publicar Los Ángeles, Rosalía empezó a explorar ese camino. Se asoció con el productor El Guincho para su nuevo disco y juntos crearon El mal querer, con Sony Music.

De lo que vino después ha sido testigo todo el mundo. Malamente hizo saltar las alarmas de que podría ser el germen de una estrella internacional. El resto del álbum, que se publicitó con una pantalla gigante en Times Square, despertó interés por ella a nivel planetario.

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Han pasado seis meses del lanzamiento del álbum y los portales dedicados a los famosos en  Estados Unidos y Canadá ya se refieren a ella como celebrity global. Ha cantado en la gala de los Grammy Latinos y el festival de Coachella, y su última conquista ha sido el Webster Hall de Nueva York.

De su fama internacional da cuenta su nuevo círculo de amistades. Antes lo engrosaban famosos nacionales como Alejandro Sanz, Pablo Alborán, Palomo Spain o Pedro Almodóvar, con quien ha colaborado en su última película, Dolor y Gloria. Ahora, Dua Lipa recomienda sus canciones, perrea con J. Balvin, ha aparecido en los stories de la influencer Kim Kardashian y da lecciones de castellano a Alicia Keys. Todo esto es el principio, el fenómeno Rosalía acaba de empezar.

Apoyo familiar

El núcleo duro del equipo de Rosalía son su madre y su hermana. "Soy muy familiar y siento que ellas son siempre honestas conmigo. Siempre me acompañan en todas las locuras que quiero emprender", dice la artista. De su padre habla poco, pero cuenta que tanto de él como de su madre ha aprendido el valor del esfuerzo. Durante los primeros años, su despacho fue su habitación, y una de sus principales asesoras, sobre todo en sus looks transgresores, su hermana Pili.

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