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El maquillaje se vuelve ético

Saigu Cosmetics, la creación de un joven químico preocupado por el medio ambiente

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Gerard Prats tenía un constante nudo en el estómago. Este menorquín de 27 años es químico y está especializado en cosmética, pero su verdadera obsesión era el medioambiente. El cambio climático, la contaminación de los ríos, la pérdida de la biodiversidad... Pero un día dijo basta y decidió que no iba a pasar ni un minuto más sin hacer algo por paliar la catástrofe medioambiental que estamos viviendo. Así que juntando su pasión y su profesión, creó la marca de maquillaje ecológico y sostenible Saigu Cosmetics.

“Quería demostrar que sí se pueden hacer las cosas de otra manera, que no es necesario irte a la otra punta del mundo para buscar un ingrediente exótico del que vas a poner un 0,05% en un pintalabios solo por el marketing: esa contaminación es perfectamente evitable”, explica entusiasmado Gerard en el café vegano en el que nos ha dado cita porque, evidentemente, tampoco quiere ser responsable del impacto de la industria cárnica en el planeta.

"Queríamos crear una empresa desde la empatía y demostrar que no se tiene que explotar a nada ni a nadie para hacer un buen producto y ser rentable"

Por qué una marca de cosmética

Pero, ¿por qué no subirse a un barco de Greenpeace y enfrentarse a plataformas petrolíferas o por qué no montar un partido político y hacer lobby en el Parlamento Europeo? ¿Por qué una marca de cosmética y, más concretamente, de maquillaje? “La industria de la cosmética es gigante, factura muchísimos millones y es muy contaminante. Lo sé porque la conozco desde dentro: los proveedores, los ingredientes procedentes del petróleo, los plásticos de los envases...”, cuenta Gerard y nos devuelve la pregunta: “¿así que, por qué no empezar a hacer algo en el ámbito que más conozco?”.

El maquillaje se vuelve ético

Esta pasión se la transmitió a su amigo de la infancia David Hart, emprendedor experto en marketing online, y juntos empezaron la odisea de materializar todas esas ideas. Formular productos con el máximo de ingredientes naturales y de cultivo ecológico, pero a la vez que fueran de alta calidad. No querían que a las personas comprometidas con el medio ambiente no se las reconociera por la calle por llevar la máscara de pestañas esparcida por las mejillas. Además tenían que ser ingredientes de proximidad, que sus proveedores pudieran garantizar la ausencia de testeo en animales y que el packaging fuera reciclable.

Un año de preparación

Todo ese trabajo en la sombra les costó algo más de un año en el que también dedicaron mucho tiempo al debate y a la reflexión: “Más que una marca, queríamos crear una comunidad de personas que compartieran unos valores. La sostenibilidad, la proximidad, el retorno a lo natural y manufacturado, pero también el respeto a los derechos de los trabajadores”, nos explica David y concluye: “básicamente queríamos crear una empresa desde la empatía, en todos los aspectos, y demostrar que no se tiene que explotar a nada ni a nadie para hacer un buen producto y ser rentable”.

El maquillaje se vuelve ético

Además su modelo de negocio es uno no tan habitual en la cosmética, ya que se dedican exclusivamente a la venta online. El 14 de febrero –aseguran que lo de San Valentín fue pura coincidencia– empezaron a vender los cuatro productos de maquillaje que habían estado desarrollando desde principios de 2018. Una base de maquillaje fluída, una máscara de pestañas, un pintalabios mate y otro cremoso. Todos ellos tienen entre un 99,4 y un 100% de ingredientes naturales, de los cuales entre el 35 y el 67% son de agricultura ecológica.

“Estoy muy orgulloso de los productos, creo que son de lo mejor que hay en el mercado y no me refiero solo al de la cosmética natural”, cuenta Gerard con su característica energía. Sin embargo, como buen medioambientalista quiere seguir trabajando para que sean lo más sostenibles posibles: “queremos reducir al máximo el plástico en los envases, o incluso hacerlos rellenables, pero en España todavía no hay proveedores que hagan ese tipo de frascos así que tendríamos que renunciar a la proximidad”. Todo un delicado equilibrio que requiere un mayor esfuerzo que simplemente ir a buscar lo más barato y lo que genere mayor margen de beneficio.

El nudo del estómago de Gerard Prats se ha aflojado un poco ahora que, además de quejarse por la nefasta situación del medioambiente, siente que está aportando su granito de arena para que deje de ser así. ¿Cambiar el mundo vendiendo maquillaje? probablemente no, pero sí lanzarle un mensaje a la industria y dar respuesta al cada vez más alto número de consumidores comprometidos con la sostenibilidad. Sí, incluso un pintalabios puede ser ético.

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