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FESTIVAL CINE AFRICANO TARIFA

Las mujeres que soñaron con llenar un estadio tras la muerte del dictador

Naziha Arebi llegó a Libia en busca de su familia paterna y acabó haciendo un documental sobre un equipo femenino de fútbol secreto que aspiraba a jugar un partido oficial en su país

Imagen promocional de la película 'Freedom fields'.
Imagen promocional de la película 'Freedom fields'.

A finales del año 2011 las imágenes del expresidente libio Gadafi torturado, cubierto de sangre y desorientado anunciaban un antes y un después en el país africano. En contraposición a la brutalidad de ese final, en un grupo de 30 chicas nacía la esperanza de que por fin pudieran mostrar al mundo lo que llevaban años haciendo de forma clandestina: jugar al fútbol.

Naziha Arebi, hija de un libio y una británica seguía desde la tranquilidad de Reino Unido pero con un enorme interés lo que la primavera árabe estaba llevando al país de su progenitor. "Supongo que fui a Libia porque tenía curiosidad por conocer mis raíces. Los que somos inmigrantes de segunda generación somos hijos de unos padres cuya obsesión era encajar, así que hay un día en el que te rebelas contra eso y quieres conocer tus raíces". En 2011 Arebi desembarcó en Trípoli y sentó las bases de su documental Freedom fields (Campos de libertad). La historia de las jugadoras de fútbol ocultas tenía por fin una narradora.

"Había oído hablar de ellas, pero nadie las había visto jugar. Fue difícil llegar a contactar con ellas, pero una vez que las conocí todo surgió de forma natural. Algunas sí que tuvieron recelos para la grabación", explica sentada en una terraza de Tarifa, hasta donde ha llegado para presentar su película en el Festival de Cine Africano.

El fútbol es un deporte que llega a todo el mundo, mientras que otro tipo de lucha feminista tal vez es más elitista

La historia se centra en tres de las jugadoras y recorre tres periodos diferentes. El primero, en 2012 muestra la incipiente esperanza de poder representar a su país por primera vez en una competición internacional. En 2014 comienzan a escucharse las voces contrarias a que estas mujeres enseñen las piernas y sirvan de ejemplo a otras para emanciparse y gozar de igualdad. En 2016 la presión vence a la federación de fútbol y prohíben su participación en el torneo.

Aun así, esta no es una historia de derrota. "Al hacer este documental me di cuenta de que el ser humano es más fuerte de lo que piensa, pero no podemos hacer las cosas solos. La comunidad es muy importante, es mejor afrontar los obstáculos juntas, llorar unidas, reír unidas", apunta Arebi. La cineasta también ha aprovechado este proyecto de largo recorrido para reencontrarse con parte de su identidad y encontrar ese "término medio" entre el deseo de sus padres de encajar en su nuevo hogar y el pasado que ella reivindica. "Estoy muy agradecida por cómo me recibió mi familia y cómo me acogieron estas mujeres", afirma.

La directora asegura que es el fútbol, pero que podría haber sido cualquier otro. "Aunque creo que es un deporte que llega a todo el mundo, mientras que otro tipo de lucha feminista tal vez es más elitista. Con el fútbol conquistas espacios tradicionalmente masculinos, tienes el componente de pertenecer a un equipo y te aporta disciplina", analiza. "Cuando las mujeres trabajan juntas, igual que los hombres, todo es más divertido".

Arebi sigue trabajando en proyectos cinematográficos en Libia. Quiere contar qué sucedió después de Freedom fields. Algunas de las jugadoras han impulsado un proyecto de desarrollo a través de deporte y esperan poder construir espacios seguros para que las jugadoras del futuro no tengan que ser ser clandestinas nunca más.

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