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El dilema de Casado con las mujeres

Sacar a pasear la testosterona y amagar con el espantajo del aborto quizá convenza a algún hombre

El presidente del PP, Pablo Casado, junto al número dos de la lista al Congreso por Madrid, Adolfo Suárez Illana.
El presidente del PP, Pablo Casado, junto al número dos de la lista al Congreso por Madrid, Adolfo Suárez Illana. EFE

Tras el patinazo de Adolfo Suárez Illana sobre el aborto, la dirección del PP ha dado instrucciones para que no se hable más del tema y, si surge, la consigna es hablar solo de ayudas a la maternidad. Aparte de la supina confusión que revela afirmar que se puede abortar después del nacimiento, Suárez Illana se ha acercado peligrosamente al campo de minas que ha sembrado Vox. Lo dijo Steve Bannon, el ideólogo de los populismos de ultraderecha, en una entrevista en este diario: “La victoria de Vox es que partidos como Ciudadanos y PP ya hablan como ellos. A eso lo llamo colocar el producto. Ahora los otros tendrán que convencer de que no son solo una copia”.

El drama del PP es que necesita acercarse al discurso de Vox para detener la hemorragia de votos por su extrema derecha. Pero al hacerlo, corre el riesgo de abrir otro boquete en el lado opuesto y perder votos entre los conservadores moderados. El mayor dilema, sin embargo, lo tiene con las mujeres. La mitad de los votantes que tuvo Vox en las elecciones andaluzas habían votado al PP en 2016 y los estudios poselectorales del CIS indican que la fuga la protagonizan hombres de mediana edad, de rentas medias y altas e ideología ultraconservadora. Entre ellos figuran muchos machistas asustados o resentidos.

El barómetro de enero del CIS confirmó que la fuga es sobre todo masculina. La proporción de mujeres entre quienes tenían intención de votar al PP era ya del 56,6% y la tendencia se ha acentuado de manera que entre los posibles votantes hay ahora casi seis mujeres por cada cuatro hombres. Y la tendencia parece consolidada por mucho que Aznar haya salido al rescate acentuando su faceta de macho alfa con frases como: “A mí, mirándome a la cara, nadie me habla de una derechita cobarde, porque no me aguanta la mirada”.

Sacar a pasear la testosterona y amagar con el espantajo del aborto quizá convenza a algún hombre, pero puede enfadar a muchas mujeres. Si el PP quiere volver a la ley de supuestos de 1985 se supone que no es para que su aplicación sea tan laxa como para que todas las mujeres que quieran puedan abortar. Derogar la ley de plazos significa aceptar que las mujeres tengan que ir a la cárcel por decidir sobre su maternidad. Se entiende que el PP no quiera hablar de ello, máxime teniendo en cuenta que el 60% de los indecisos son mujeres.

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