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Cientos de mujeres son compradas y violadas para tener hijos en China

El informe ‘Danos un bebé y te dejamos marchar’ revela la trata de birmanas vendidas a ciudadanos chinos para procrear

Joven kachin víctima de trata en 2015. En vídeo, cientos de mujeres son víctimas de trata en China.

“La familia me metió en una habitación. Allí me maniataron de nuevo... Cerraron la puerta durante uno o dos meses. Cuando era la hora de almorzar, me enviaban comida. Lloraba mucho... Cada vez que el hombre chino me traía alimentos me violaba”, explica una mujer birmana vendida a las redes de trata por su cuñada cuando solo tenía 16 años. El testimonio forma parte de un informe desgarrador publicado este jueves por la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW) en el que se denuncia la pasividad de las autoridades fronterizas de Myanmar y China ante el tráfico sexual de esposas al gigante asiático.

Según el dossier de 112 páginas Danos un bebé y te dejamos marchar, concluido después de tres años de investigación, mujeres de los Estados de Kachin y Shan, al norte de Myanmar, son víctimas de tráfico a China por la frontera septentrional birmana. Basado en entrevistas con 37 supervivientes así como familiares, miembros de la comunidad local y oficiales de Myanmar, el informe detalla cómo las víctimas confían en las promesas de trabajo por parte de familiares y conocidos que las acaban vendiendo por valor de 2.600 a 11.500 euros a familias en China. Una vez en el país vecino, son encerradas y violadas hasta que se quedan embarazadas.

"Las autoridades de Myanmar y de China miran hacia otro lado mientras traficantes sin escrúpulos venden a mujeres y niñas de Kachin para su cautiverio y abusos indescriptibles", explica Heather Barr, codirectora del departamento de la mujer de HRW y autora del informe. "La escasez de medios de subsistencia y la falta de protección de los derechos más básicos han hecho que estas mujeres sean presa fácil de los traficantes, que tienen pocas razones para temer la aplicación de la ley a ambos lados de la frontera".

Las supervivientes que consiguen escapar del cautiverio y los abusos confiesan que sus captores están más interesados en tener un hijo que en una esposa. La población femenina en China ha caído desde 1987 y la brecha entre hombres y mujeres de 15 a 29 años aumenta debido a la preferencia por los niños fruto de la política de hijo único vigente entre 1979 y 2015 y a la restricción de derechos reproductivos de la mujer. Según las estimaciones del Boletín Médico Británico, a China "le faltan entre 30 y 40 millones de mujeres” a causa de la flagrante discriminación de la población femenina que afecta a esta y a otras sociedades patriarcales de Asia.

Tras el cautiverio, y después de dar a luz a sus bebés, algunas escapan; aunque dejan a sus hijos en manos de sus captores y violadores

Ante el desequilibrio demográfico, algunas familias chinas optan por comprar a mujeres y niñas que han sido víctima de redes de tráfico de países vecinos. El número de esposas que son vendidas al gigante asiático es difícil de cuantificar, pero la Comisión de Derechos Humanos de Myanmar registró 226 casos solo en 2017, mientras que los activistas creen que la suma real seguramente sea mucho más alta. “Es difícil saber si la cifra sube o baja, pero varios expertos creen que el número aumenta a medida que el conflicto en el Estado de Kachin continúa”, razona Heather Barr.

Muchas de las supervivientes entrevistadas durante la investigación pertenecen a la población de más de 100.000 desplazados internos por la lucha en los Estados de Kachin y Shan. En 2011, Myanmar acabó con 17 años de alto el fuego reanudando sus ataques contra los grupos étnicos armados. El Gobierno ha bloqueado la asistencia humanitaria en estos campos de refugiados, alguno de los cuales están bajo control de la opositora Organización por la Independencia de Kachin; que cuenta con un brazo armado. Las mujeres son las únicas que ganan sustento para sus familias mientras que los hombres toman parte en el conflicto.

“Los Gobiernos de Myanmar y China, así como la Organización por la Independencia de Kachin, deberían hacer mucho más para prevenir el tráfico, recuperar y asistir a las víctimas y perseguir a los traficantes”, denuncia Barr. “Donantes y organizaciones internacionales deberían apoyar a los grupos locales que hacen el trabajo duro, el que los Gobiernos no se atreven, para rescatar a las mujeres y niñas, y ayudarlas a recuperarse”.

Tras el cautiverio, y después de dar a luz a sus bebés, algunas escapan; aunque dejando a sus hijos en manos de sus captores y violadores. De vuelta en Myanmar, las que sobreviven tienen que lidiar con el trauma y el estigma con la escasa ayuda de las pocas organizaciones que carecen de recursos y capacidades para asistir a las víctimas de un tráfico sexual que no recibe ninguna atención por parte de ninguno de los dos países implicados.

Las dificultades para su reintegración se agravan por la deshonra que supone su situación dentro de una comunidad profundamente cristiana y donde la “gente te mira con desprecio porque has sido traficada a China”, según cuenta Barr que le dijo una de las supervivientes. La experta de HRW asegura haber conocido a una mujer que estuvo cautiva durante nueve años, a otras dos que llegaron a ser víctimas de las redes de tráfico hasta en dos ocasiones y a una de solo 14 años.

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