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La pésima educación

La tienen los que devoran dos aperitivos pero pagan uno. Los que nos cobran por un humilde vino lo que les ha costado la botella

Una bicicleta aparcada en la acera en el centro de Madrid.
Una bicicleta aparcada en la acera en el centro de Madrid.

De todos, que a todos nos afecta, y que es casi seguro que no tiene ya remedio:

Los que no saben conducirse en público. Los que atropellan. Los que aceleran las bicis por las aceras. Los que nos ponen horizontales porque conducen consultando el móvil.

Los que nos embadurnan los zapatos porque les parecen joyas las cacas de su chucho, y nunca se agachan a recogerlas. Los que nunca dan los buenos días e, incluso, ni siquiera los malos. Los que nunca solicitan los servicios por favor. Los clientes que no saben comportarse. Los que arrojan las servilletas al suelo. Los que juegan a atinar, pero nunca lo consiguen, en la taza del váter. Los que, vamos, orinan tan a gusto fuera del tiesto.

Los que devoran dos aperitivos pero pagan uno. Los que nos cobran por un humilde vino lo que les ha costado la botella. Los que nos facturan por un filete la ternera entera. Los que ordenan servirles lo más caro cuando paga el otro. Los que vocean sus miserias, sobre todo al teléfono, a grito limpio. Los prepotentes que seguro que piensan que un sabio terminará inventando un método para que ellos no casquen. Los que nos llaman en tiempos intempestivos, tras decenios desde que les despedimos en la última fiesta del colegio, para pedirnos un favor. Los que nunca, faltaría más, van a agradecérnoslo.

Los pelotas ante el poderoso y bobos perdidos ante el subordinado. Los que nunca leen. Los que tampoco aplauden. Los que viven a cuenta de quienes contribuimos, y continúan abusando. Los que adoran el tuteo pero no se lo toleran a según qué pobres. Los que se abren camino a codazo limpio. Los que desprecian cualquiera de las normas: no estacionar, no dejar basuras, no escupir, no jugar a lo que sea, no pisotear los derechos de los demás. Los que en la vida devolverán ni el más mínimo billete en unas vueltas despistadas. Los que se llevarán al fondo del abrigo el periódico que ha pagado el bar. Los que pasarán al buzón del vecino los papeles publicitarios que les han dejado. Los que se apropiarán de la carta del banco para los de al lado, porque menudo morbo conocer cómo anda la economía del 5º izquierda interior. Los que.

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