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En defensa del ‘boxer’

Es más elegante, menos apretado y más favorecedor que otros modelos. Así que vamos a reivindicar este calzoncillo inmortal

Se abre la puerta y aparece Ryan O'Neal con 30 años vestido solo con un 'boxer'. Y las gafas de pasta, claro. A Barbra Streisand le gustó la imagen, y a todo el mundo. Fue en la película '¿Qué me pasa, doctor', de 1972.

Imagine que llega a su hotel y ha olvidado el pijama, así que tiene que dormir en calzoncillos. Llaman a la puerta cuando se va a meter en la cama. ¿Prefiere abrir con un favorecedor pantaloncito de algodón o con sus partes pudendas bien empaquetadas en unos simpáticos slips?

La respuesta es obvia pero, por alguna razón, últimamente la vida no ha sido generosa con el honesto boxer en blanco, azul claro o de rayas. Amplio, cómodo y más suave cuanto más envejece. En la camisería Burgos (Madrid) los hacen con sobrantes de popelín, y Mirto los vende blancos e impolutos en cualquier sucursal de El Corte Inglés. Ya lo advierte el dicho: la ropa interior tiene que ser breve como el ingenio y limpia como la diversión.

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