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IDEAS COLUMNA i

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros

Los consensos y equilibrios de décadas se deshacen. Hay más imprevisibilidad

Votación en el Parlamento Europeo, el 13 de febrero.
Votación en el Parlamento Europeo, el 13 de febrero. AFP/ Getty Images

Emparedados entre las distintas modalidades de elecciones internas (generales, municipales y autonómicas) están los comicios al Parlamento Europeo, que se celebrarán en los 27 países de la Unión (previsiblemente ya sin Reino Unido) entre los días 23 y 26 de mayo. Son, sin duda, los más importantes de su historia. Por dos motivos: primero, la mayor parte de las normas que afectan a la vida cotidiana de los más de 435 millones de ciudadanos de la zona se condimenta en lugares como Bruselas, Estrasburgo o Luxemburgo (Tribunal Europeo de Justicia), más que en los Parlamentos nacionales; y todos los pronósticos indican que la tradicional correlación de fuerzas en la Eurocámara va a sufrir una brutal transformación y la crisis de representación política que ya se ha producido a nivel nacional (fin del bipartidismo imperfecto, que arranca de la segunda posguerra mundial) llegará al club europeo.

A pesar de circunstancias tan importantes, seguramente ocurrirá lo mismo que en anteriores comicios continentales: muchos ciudadanos votarán en clave nacional y los niveles de abstención serán superiores a los de las elecciones internas (aunque este año se verán arrastrados por las mismas). Si así ocurre, será una ocasión desperdiciada en el peor momento. La Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich, por poner el último ejemplo, ha pronosticado que el desorden mundial (que en Europa se concreta en una policrisis) está abriendo una nueva era de la incertidumbre; que hay una sensación generalizada de fin de época, y que los consensos y equilibrios labrados durante décadas se deshacen. Hay más imprevisibilidad. La política exterior, el cambio climático, la seguridad, el pilar social, el crecimiento, el empleo o la defensa deben formar parte de los programas electorales.

El Parlamento Europeo, cuyos escaños se votan, ha ido aumentando su influencia con el tiempo. Comparte el poder legislativo de la UE, propone el candidato a la presidencia de la Comisión Europea teniendo en cuenta el resultado de las elecciones, y codecide en el presupuesto de la UE y en las perspectivas financieras de medio plazo. Esta institución, que hasta ahora ha dispuesto de una mayoría de eurodiputados populares (derecha) y socialdemócratas (izquierda), puede ser invadido, según todos los pronósticos, por formaciones de extrema derecha como las que representan Le Pen, Salvini, Alternativa por Alemania y, casi con seguridad, por representantes de Vox. También de Izquierda Unitaria (donde está Podemos). Y en medio, como hasta ahora, representantes de los liberales (fortalecidos por los hombres y mujeres de Macron) y los Verdes. Esos mismos pronósticos indican que la suma de populares y socialdemócratas ya no llegará al 50% de los escaños. La reducción de su representatividad posiblemente está relacionada con las responsabilidades de la gestión de la política económica de austeridad a ultranza que afectó a tantos ciudadanos, sobre todo del sur de la UE. La alimentaron o no supieron resistirse a ella y generar una alternativa.

La mayor parte de los extremismos son antieuropeístas. Un estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores enumera acciones hipotéticas de los antieuropeístas: inhibir la respuesta de Europa a los principales desafíos en política exterior (sanciones a Rusia, debilitamiento de la OTAN…), fragilización del Estado de derecho (con afrentas a los derechos humanos y pérdidas de calidad de la democracia), dañar la competitividad económica (obstruyendo los acuerdos de libre comercio, escogiendo la política comercial como campo de batalla), poner en riesgo la libertad de movimientos (reintroducción de controles fronterizos internos como solución a la inmigración), fomentar la desintegración de la UE desde dentro (haciendo fracasar las negociaciones de presupuestos, impulsando continuos referendos)… En definitiva, utilizar el Europarlamento como trampolín para una práctica política nacionalista.

Por todo ello son tan significativas estas elecciones. Si cabe, más que las otras, aunque no generen la misma pasión. Hay que votar activando el título de uno de los libros centrales de la historia oral de la Guerra Civil española de Ronald Fraser: “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”. Para que no manden los bárbaros.

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