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FRONTERAS

Un día con la Guardia Civil en una ciudad de África

España asesora a la gendarmería senegalesa en la lucha contra la inmigración irregular, el tráfico de drogas y la amenaza terrorista desde las costas de Saint Louis

Agentes de la Guardia Civil española y la Gendarmería senegalesa patrullan por la Langue de Barbarie, en la desembocadura del río Senegal al océano Atlántico, en la ciudad de Saint-Louis, en Senegal.
Saint Louis (Senegal)

El capitán de la Guardia Civil española Pablo Lorenzo llevaba apenas cinco meses en Saint Louis, ciudad costera y colonial del norte senegalés, cuando se rodó este vídeo, y se acaba de reincorporar ya a su puesto permanente en Galicia. Medio año en total, pero antes que él, muchos otros han pasado y paseado por las aguas del océano Atlántico que bañan esta urbe. Saint Louis fue a principios del siglo XXI uno de los puntos críticos de salida de cayucos repletos de hombres que soñaban con alcanzar Europa y su prosperidad.

Los agentes comenzaron a llegar en 2006, tras la firma del primer acuerdo, el Seahorse 2006-2008. Era el momento en que los flujos migratorios hacia Canarias se habían incrementado enormemente y la Unión Europea decidió que había que reforzar las capacidades de vigilancia en los países de origen. En 2017 se firmó con otros siete países de la región la última actualización de esta colaboración, ahora bautizada como Blue Sahel y que finalizará el 31 de diciembre 2019 para luchar contra la inmigración irregular, el tráfico de drogas y la amenaza terrorista. "No solo para impedir la salida de cayucos, sino para evitar que estos tengan accidentes en el mar, como ya ha ocurrido. Miles de personas han desaparecido", lamenta el capitán. A bordo de una patrullera de la gendarmería senegalesa, que coordina el jefe de Brigada Mamadou Sagna, los agentes de la Guardia Civil desplazados a Saint-Louis explican en qué consiste su trabajo.

"Nuestra misión principal es asesorar técnicamente a la gendarmería en la vigilancia tanto de la frontera terrestre como de la marítimo fluvial", detalla el capitán Lorenzo. "Les mostramos cómo hacemos nosotros el servicio para que ellos puedan mejorar sus capacidades en las fronteras de su país". Hasta febrero de 2018, España ha gastado 135 millones de euros en el control fronterizo de Mauritania y Senegal. "El objetivo es captar a quiénes se están aprovechando de los inmigrantes, pues al fin y al cabo están jugando con su vida y cobrándoles un dinero por un viaje que veces a lo mejor no se realiza, o se realiza en condiciones muy penosas", lamenta el capitán. Entre junio y diciembre pasados, la gendarmería ha desmontado dos operaciones de tráfico de seres humanos. "Una de ellas prometía billetes que nunca llegaron", afirma el agente.

España ha gastado 135 millones de euros en el control fronterizo de Mauritania y Senegal

Cinco son los agentes desplegados en el marco de esta operación, cuenta el capitán: un oficial que hace de coordinador y enlace con las autoridades policiales del país, dos componentes de la sección marítima de la Guardia Civil que trabajan en el mar y en el río, y otros dos hombres de las áreas de vigilancia fiscal y de fronteras que prestan servicio tanto en los límites interiores como en los exteriores. Imparten cursos sobre información, policía judicial, lucha contra el terrorismo, tráfico de drogas, tráfico de seres humanos... También disponen de dos patrulleras de la Guardia Civil, un helicóptero de la Policía Nacional y el apoyo del buque Río Tajo.

La Guardia Civil también colabora en la identificación de desaparecidos, chicos que se embarcaron en un cayuco o marcharon por tierra hacia Europa y de quienes nunca se volvió a tener noticia. En estos casos, entra en juego el Centro de Coordinación Regional de Inmigración, situado en Canarias. Este centro lanza una petición internacional de búsqueda a través de Interpol, Europol y Policía Nacional. "En el 99,9% de los casos no hemos localizado a esas personas", asevera Lorenzo con pesadumbre. "Es muy difícil porque lo primero que hace un inmigrante cuando pisa costas españolas es llamar a la familia y decir que ha llegado, así que lo más probable, si no han tenido conocimiento de que la persona está allí, es que haya desaparecido en el mar".

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