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Casado y las políticas del miedo

Uno de los problemas de los partidos populistas de extrema derecha como Vox es que los establecidos adoptan partes de su programa y su discurso

El presidente del PP, Pablo Casado, en Granada, el pasado 24 de noviembre.
El presidente del PP, Pablo Casado, en Granada, el pasado 24 de noviembre. Europa Press

Pablo Casado ha elegido adoptar una imagen de derecha cada vez más dura. Ha mostrado una combinación llamativa de deslealtad e irresponsabilidad: por ejemplo, cuando dijo al Financial Times que el presupuesto del Gobierno era un suicidio. En la campaña de las elecciones andaluzas, solo unos días después de apañar con el PSOE el control del Poder Judicial y casi mientras su formación maquillaba con los socialistas el papel de los políticos en la crisis, ha declarado que Sánchez es un presidente ilegítimo. Así, el líder de un partido que se presenta como garante de la estabilidad hace sospechar que está dispuesto a respetar las instituciones siempre y cuando las ocupe él, y quizá básicamente por esa razón.

En algunas de sus declaraciones muestra un orgullo ridículo: como señalaba Wilde sobre una escena dramática de Dickens, al oír su versión cursi y grandilocuente de las glorias de la civilización hispánica se necesita tener un corazón de piedra para no echarse a reír.

Pero también es fácil detectar el miedo: el que tiene a sus competidores y el que pretende instalar en los ciudadanos. En esta campaña Casado ha activado un discurso xenófobo que busca trasladar una sensación de alarma hacia la inmigración. Ha pedido cambiar la ley del menor para rebajar la edad de responsabilidad penal. Al hacerlo, recurre a uno de los tipos más desagradables, transversales y eficaces de populismo: el punitivo. Como este verano cuando habló de los millones de inmigrantes que venían a España, ha empleado datos falsos y ha ocultado las evidencias. Entre estas últimas está que España es uno de los países más seguros del mundo, que tiene un código penal duro, que no hay un vínculo entre penas más duras y menor criminalidad, o que rebajar la edad de responsabilidad penal (que desde 2000 son 14 años) no produce un descenso del número de delitos. Endurecer la ley supondría hacer la vida más difícil a menores que cometen delitos poco importantes sabiendo que eso no produciría una reducción de la criminalidad.

Como hemos visto en otros lugares, uno de los problemas de los partidos populistas de extrema derecha como Vox es que, aunque no tengan éxito electoral, los partidos establecidos adoptan partes de su programa y su discurso. Como también hemos visto en otros lugares, esa estrategia no siempre tiene buenos resultados, ni para los partidos tradicionales ni para los países.@gascondaniel

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